
La otra cara de la productividad en Vaca Muerta
Por qué la comparación con el Permian es una trampa laboral.
El debate sobre el futuro del empleo en la Cuenca Neuquina se reaviva con proyecciones corporativas que celebran la reducción de personal por barril. Sin embargo, detrás de las métricas de eficiencia y el desembarco de la inteligencia artificial, se esconde una realidad de mayor exigencia física, estancamiento salarial y tecnología que no siempre llega a las bases.
Vaca Muerta atraviesa un período de visibilización mediática sin precedentes, alcanzando picos de interés que no se registraban desde 2019. Cada semana, los principales portales del país reflejan récords de producción, balances corporativos exitosos ante inversores internacionales y promesas de un futuro dorado impulsado por el gas y el petróleo.
En este contexto de euforia empresarial, los analistas del sector suelen poner el foco en la necesidad de "transformar aceleradamente el modelo" para ganar competitividad. Un reciente informe elaborado por el consultor Ezequiel Sánchez Salas, basado en datos de la Cámara de Exploración y Producción, encendió la polémica al comparar de forma directa la dotación de personal local con la de los yacimientos norteamericanos.
La falacia de los "77 contra 24"
El estudio citado por el especialista señala que, para producir un millón de barriles equivalentes (BOE), Vaca Muerta requiere 77 trabajadores, mientras que en la cuenca del Permian, en Estados Unidos, ese estimado cae a apenas 24 empleados. Aunque la cifra es presentada como un indicador de lo mucho que le falta avanzar a la cuenca local en materia de eficiencia, la comparación omite diferencias estructurales, operativas y humanas básicas:
- Geometría y fluidos: El sistema de pozos en el Permian se maneja con dinámicas de fluidos distintas y diseños de pozos generalmente más cortos, lo que altera radicalmente los requerimientos de torque, potencia y asistencia en superficie.
- Regulaciones ambientales: Las normativas que rigen el tratamiento de locaciones, control de emisiones y disposición de residuos en los campos norteamericanos responden a otra matriz legal, facilitando procesos automatizados que en la Argentina requieren mayor supervisión humana directa.
- Asimetría salarial: Intentar homologar la productividad sin discutir la contraprestación es una ecuación incompleta. Los salarios de los operarios en Estados Unidos se encuentran a años luz de los ingresos de la fuerza laboral argentina, haciendo que el costo por barril responda a variables macroeconómicas totalmente incomparables.
La trampa del "hacer más con menos": donde antes había cinco, hoy hay tres
El análisis corporativo celebra que el número de empleados necesarios para producir un barril en la Cuenca Neuquina se redujo a la mitad en la última década, y que hace diez años se utilizaba un 20% más de personal que en la actualidad. Sin embargo, desde la perspectiva del mameluco en el campo, esta optimización no se traduce en mayor comodidad, sino en una sobrecarga laboral sistemática.
La industria viene aplicando un recorte silencioso de puestos de trabajo en las operaciones cotidianas. El trabajo que históricamente realizaba una cuadrilla de cinco personas, hoy recae sobre los hombros de tres trabajadores. La mentada "eficiencia" no es siempre sinónimo de innovación; muchas veces es simplemente el aumento del ritmo y la exigencia física de cada operario para sostener las métricas que exigen las casas matrices.
¿Tecnología para quién? Inteligencia artificial vs. fierros viejos
El discurso modernizador destaca las alianzas estratégicas de YPF con gigantes como Tesla o Toyota, y plantea escenarios donde la inteligencia artificial, los centros de datos y la reducción del "costo por token" redefinirán las tareas de soporte para volver a los empleados más productivos.
No obstante, esta transformación digital convive con una profunda contradicción en el terreno:
- Mientras los tableros de control exigen cada vez más carga de datos y reportes inmediatos en tiempo real, muchas operaciones de base se siguen ejecutando con la misma tecnología mecánica de hace años.
- El salto tecnológico real se concentra casi con exclusividad en los segmentos de perforación y las líneas de fractura de última generación, diseñadas para blindar la rentabilidad de los dueños de los proyectos, pero sin un correlato en la mejora de las condiciones de seguridad ergonómica o en la escala de sueldos de los trabajadores de menor rango.
El freno de mano de la infraestructura real
Incluso desde la óptica de las consultoras tradicionales se reconoce que las proyecciones más optimistas —como las del IAPG, que estiman la creación de entre 30.000 y 40.000 puestos directos y hasta 240.000 indirectos— chocan de frente con la realidad habitacional y social de la región.
La presión actual sobre el precio de los alquileres, la saturación del sistema educativo y el déficit crónico de vivienda en las localidades petroleras actúan como un límite natural para cualquier ola migratoria de corto plazo. Mientras los balances corporativos celebran ganancias récord ante los inversores, la región todavía alberga una masa importante de mano de obra local a la espera de una oportunidad genuina, sin el desarraigo ni los costos logísticos que enfrentan quienes llegan desde otras provincias sin un techo garantizado.
Vaca Muerta tiene el potencial para seguir rompiendo récords de producción, pero la sostenibilidad del modelo no dependerá únicamente de parecerse al Permian en los papeles, sino de entender que la verdadera eficiencia no se logra exprimiendo al trabajador, sino garantizando salarios dignos y tecnología que alivie las tareas en la locación.
Fuente: VMO