
“Los nuevos métodos del miedo: retiros ‘voluntarios’, despidos encubiertos y la soledad del obrero petrolero”
Mientras las empresas cambian de manos y las inversiones se trasladan, cientos de trabajadores quedan atrapados entre promesas vacías y amenazas veladas.
Por Diego Gabriel Chauqui – Vacamuertaonline.com.ar
En la Patagonia ya no se usa la carta documento. Ya no hay despidos formales, telegramas o sindicatos que te abracen. El nuevo mecanismo se llama “retiro voluntario” y, aunque suene amable, es un despido encubierto con muchas manos cómplices: jefes, mandos medios, RRHH y hasta delegados sindicales.
Los obreros lo saben. Te llaman, te dicen que “cuando haya trabajo, vas a ser el primero en volver”. Pero todos sabemos que eso no es verdad. Las puertas ya se cerraron cuando firmaste. Y si no firmás, te suspenden, te dejan en tu casa, sin sueldo. Te acorralan: alquileres, deudas, escuelas de los chicos, la olla vacía. ¿Qué hacés?
Cada hogar es un mundo. Algunos aceptan una liquidación del 120%, hacen una inversión, abren un kiosco, intentan sobrevivir. Otros dejan su plata en un plazo fijo y rezan que el banco no se la coma. Pero la mayoría queda a la deriva, sin obra social, sin futuro, sin jubilación.
Y lo más grave: muchos de estos trabajadores estaban a pocos años de jubilarse. ¿Dónde van a conseguir otro trabajo? ¿Qué van a hacer ahora?
Las provincias de Santa Cruz y Chubut ya viven esta crisis a fondo. Las inversiones se fugaron, las empresas levantaron campamento y dejaron un tendal. La industria se achicó. El petróleo ya no alcanza para sostener el aparato productivo ni la ilusión de desarrollo. Sin empresas no hay futuro.
El golpe también llega a Neuquén. Aunque Vaca Muerta parezca una fortaleza, también se siente el coletazo. Hay nuevos dueños, empresas que cambian de manos. Pero nadie compra algo para perder plata: bajaron el precio de las áreas, dicen que los costos operativos son altos, que los sindicatos son una traba. ¿Y mientras tanto? Se reestructura la industria… despidiendo.
Los trabajadores, hoy, ya no tienen fuerza para pelear. La experiencia les enseñó que quienes debían defenderlos los entregaron. ¿Y los sindicatos? Silencio. Silencio total. Algunos dicen que las carpetas de inteligencia que aparecieron en tiempos de Macri siguen vigentes. ¿Será ese el nuevo método para tenerlos quietos?
Parece que asistimos a una nueva “Campaña del Desierto”, versión 2.0. Esta vez sin soldados, pero con decisiones políticas, económicas y empresariales que expulsan al obrero. Desde el fin del mundo hasta las puertas de Vaca Muerta, crece la desocupación, la tristeza y la incertidumbre.
Pero esta vez el desierto no es físico. Es social. Es moral. Y está avanzando.
Fuente: vmo