
Récords productivos, despidos masivos y un modelo que tambalea
En junio de 2025, Vaca Muerta volvió a hacer historia. La producción de gas trepó a los 158,8 millones de metros cúbicos diarios y el petróleo alcanzó los 778.800 barriles por día.
Las cifras consolidan a la formación neuquina como la columna vertebral energética de Argentina. Sin embargo, en medio de este aparente éxito, estalló una crisis que expone la cara más vulnerable del modelo: conflictos laborales, empresas quebradas, y miles de trabajadores en la incertidumbre absoluta.
La producción vuela, pero los sindicatos pisan el freno
La tensión explotó por todos lados. El Sindicato de Camioneros de Río Negro y Neuquén —clave en el transporte de arenas para fractura— inició un paro por tiempo indeterminado el 25 de julio, exigiendo el pago de sueldos y aguinaldos adeudados. “Vamos a paralizar todo Vaca Muerta... ni arena, ni agua, ni petróleo, nada”, advirtió su secretario general, Gustavo Sol, responsabilizando a Shell, Tecpetrol, Total y Phoenix por el incumplimiento de pagos a los contratistas.
El paro tuvo que ser levantado por la conciliación obligatoria, un oxígeno para el gobierno y las operadoras, pero no así para los choferes ni para los trabajadores despedidos, quienes aún no ven destino ni indemnización. La bronca quedó contenida, no resuelta.
Casi en simultáneo, el Sindicato del Petróleo y Gas Privado, liderado por Marcelo Rucci, convocó un paro de 48 horas para el 31 de julio y el 1 de agosto, denunciando más de 1.200 despidos y 2.000 suspensiones. Rucci fue claro: “Mientras rompen récords productivos, dejan a miles de trabajadores en la calle”.
Récords sí, desarrollo no
Vaca Muerta vive una paradoja brutal. Las estadísticas muestran una locomotora a toda marcha: el petróleo creció 17,8 % interanual, y el gas, 5,8 %. Para este año, se proyecta que Argentina superará los niveles de producción de crudo de 1998. Sin embargo, ese crecimiento no se traduce en estabilidad ni bienestar para quienes sostienen esa producción.
Mientras se firman contratos millonarios para exportar energía a Chile y Brasil, los conflictos laborales revelan un modelo desequilibrado, donde se privilegia la productividad pero se descuidan las condiciones humanas y financieras que lo hacen posible.
La caída de NRG y el efecto dominó
El caso de NRG Argentina es ilustrativo. Esta empresa, proveedora clave de arena para el fracking, entró en convocatoria de acreedores con deudas por más de $710.000 millones y ya ha despedido trabajadores desde fines de 2024. Unos 120 choferes están sin salario. Las Pymes locales, especialmente en Añelo, advirtieron que la paralización de obras pone en riesgo su continuidad.
La fragilidad no es solo laboral: también financiera. El sistema de proveedores y contratistas, que es el corazón logístico del shale, está colapsando en silencio.
¿Y ahora qué?
La crisis laboral encendida en Vaca Muerta es mucho más que una disputa gremial. Es un espejo que devuelve la imagen de un modelo que corre con velocidad, pero sin dirección clara. Sin un esquema que articule inversión, salarios justos, previsibilidad y respeto por las cadenas de valor regionales, la joya energética del país puede estrellarse contra su propio éxito.
Vaca Muerta no puede ser solo récords y exportaciones. También debe ser trabajo digno, previsibilidad para las Pymes y respeto para quienes sostienen el músculo de la producción.
Hoy el gobierno respira gracias a una conciliación obligatoria. Pero los trabajadores no. Ellos siguen esperando algo que, en Vaca Muerta, todavía no se perforó: un futuro.
Fuente: vmo