
Riesgo país: la Argentina vuelve a superar los 500 puntos
El mercado pone a prueba la fortaleza del modelo de Milei.
El EMBI pasó de 403 a 505 puntos en poco más de un mes. Aunque la Argentina exhibe superávit fiscal y comercial y una actividad que todavía muestra crecimiento, los inversores vuelven a exigir una prima elevada por la deuda. La incertidumbre electoral, el empleo, los ingresos y las necesidades de financiamiento aparecen entre las principales señales de alerta.
La Argentina volvió a ingresar en una zona incómoda para los mercados financieros. El riesgo país superó los 500 puntos básicos y revirtió buena parte de la mejora que había conseguido durante los meses anteriores, en una señal que excede la volatilidad cotidiana de los bonos y vuelve a poner sobre la mesa una pregunta central: ¿alcanza la mejora de las variables macroeconómicas para convencer al mercado de que el programa económico puede sostenerse en el tiempo?
El índice EMBI de JP Morgan pasó de 403 a 505 puntos desde el 7 de julio, un salto de 102 puntos en poco más de un mes. La magnitud del movimiento adquiere mayor relevancia porque los activos argentinos tuvieron un desempeño considerablemente peor que los de otros mercados emergentes.
El deterioro tampoco se explica exclusivamente por un escenario internacional adverso. Los análisis de distintas consultoras coinciden en que existe un componente específicamente argentino: la política, las dudas sobre la economía real, la capacidad de generar dólares y el calendario electoral comenzaron a pesar nuevamente sobre las decisiones de los inversores.
Argentina se desacopla de los mercados emergentes
El comportamiento de los activos argentinos encendió una señal particularmente importante.
Mientras los bonos de mercados emergentes registraron una corrección relativamente moderada, los bonos argentinos en dólares perdieron más de 5% y las acciones se desplomaron alrededor de 13% en moneda dura, según los análisis citados.
La diferencia indica que no se trata simplemente de una ola global de aversión al riesgo.
El mercado internacional tampoco ayudó. El aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense y algunos episodios de tensión geopolítica elevaron la presión sobre los activos de países emergentes.
Pero la Argentina amplificó ese movimiento.
El resultado es un spread cada vez mayor frente a otros países de la región y bonos argentinos de largo plazo que nuevamente ofrecen rendimientos superiores al 10% anual.
Para los inversores, esa tasa no es solamente una oportunidad de rendimiento: también representa el precio que el mercado exige para asumir el riesgo argentino.
El problema: la macro mejora, pero no termina de convencer
La paradoja actual es que el Gobierno puede mostrar varios números positivos.
En las últimas semanas se conocieron:
- superávit comercial récord;
- regreso al superávit fiscal en julio;
- crecimiento de la actividad económica;
- inflación mayorista contenida;
- una fuerte expansión de las exportaciones energéticas;
- crecimiento de la producción de petróleo y gas.
Sin embargo, esos resultados todavía no consiguieron traducirse en una reducción sostenida del riesgo financiero.
El Gobierno volvió a mostrar superávit fiscal en julio, equivalente a alrededor de 0,9% del PBI, mientras que la actividad económica de junio registró una mejora y acumuló crecimiento durante el primer semestre.
El problema es que el mercado no solamente mira el resultado de un mes.
Mira la capacidad de sostener esos números durante varios años, especialmente cuando la Argentina necesita volver a financiarse en los mercados internacionales.
Y allí aparece una de las principales dificultades.
El mercado mira 2027
La cuestión electoral comenzó a incorporarse nuevamente en el precio de los activos argentinos.
Los inversores empiezan a preguntarse qué ocurrirá con el programa económico después de las próximas elecciones y, especialmente, cuál será la capacidad política del Gobierno para sostener las reformas y el equilibrio fiscal.
La incertidumbre aumenta porque el mercado no solamente analiza quién puede ganar una elección.
Analiza qué margen político tendrá el próximo Gobierno para mantener el rumbo económico.
En ese escenario, cualquier deterioro en las encuestas, una mayor polarización o señales de pérdida de apoyo político pueden traducirse rápidamente en una mayor percepción de riesgo.
La consecuencia es directa: sube el costo de financiamiento de la Argentina.
US$10.000 millones: la cuenta que preocupa
El aumento del riesgo país llega en un momento particularmente sensible para las necesidades financieras del Gobierno.
Según los análisis citados, la Argentina necesitaría colocar alrededor de US$10.000 millones antes de las elecciones para cumplir con su programa financiero.
Por eso, que los bonos vuelvan a rendir por encima del 10% constituye una señal relevante.
Si el país tuviera que regresar al mercado internacional en estas condiciones, el costo sería considerablemente más elevado.
Y allí aparece un círculo que el Gobierno necesita evitar:
mayor riesgo país → mayor costo de financiamiento → mayores necesidades financieras → mayor presión sobre la capacidad de pago → mayor riesgo percibido.
Romper esa dinámica será una de las principales tareas económicas de los próximos meses.
El mercado empieza a mirar la economía real
Existe además un cambio de foco.
Durante buena parte de la recuperación inicial del programa, los inversores observaron principalmente la estabilización macroeconómica: déficit cero, acumulación de reservas, reducción de la inflación y estabilidad cambiaria.
Ahora comienzan a exigir algo más.
Quieren crecimiento sostenible.
Y ahí aparecen las dudas.
El empleo registrado continúa débil, los salarios todavía no recuperan plenamente su capacidad de compra y el consumo permanece condicionado por la situación de los ingresos.
La economía muestra sectores dinámicos, particularmente energía y minería, pero su capacidad para generar empleo masivo es limitada en comparación con actividades como industria, comercio y construcción.
Esto genera una contradicción que comienza a pesar en el humor social:
la Argentina puede mejorar sus números macroeconómicos mientras una parte importante de la población todavía no percibe esa mejora en su economía cotidiana.
Vaca Muerta es una fortaleza, pero todavía no alcanza
La industria energética aparece como una de las grandes excepciones.
La expansión de Vaca Muerta, el crecimiento de la producción petrolera, las mayores exportaciones y los proyectos de infraestructura energética están generando una nueva fuente estructural de dólares para el país.
Pero existe una diferencia entre generar divisas y distribuir crecimiento.
El sector energético puede convertirse en uno de los principales motores de la balanza comercial argentina, pero necesita infraestructura, inversiones y tiempo para multiplicar su impacto sobre el resto de la economía.
El desafío para el Gobierno consiste entonces en transformar esa ventaja energética en más inversión, más actividad, más empleo y mayores ingresos reales.
La estabilidad cambiaria también tiene un costo
Otro punto que comienza a generar discusión entre los economistas es la estrategia cambiaria.
La estabilidad del dólar ayudó a moderar la inflación y a mejorar las expectativas en determinados momentos.
Pero mantenerla bajo determinadas condiciones requiere una política monetaria que puede terminar restringiendo la actividad.
El dilema es conocido:
un dólar estable ayuda a bajar la inflación, pero una política monetaria demasiado restrictiva puede dificultar la recuperación económica.
Y si el crecimiento pierde fuerza mientras los salarios permanecen débiles, el mercado puede comenzar a cuestionar la sustentabilidad política del programa.
El verdadero desafío de Milei
El problema que enfrenta ahora el Gobierno no es solamente económico.
Es económico, financiero y político al mismo tiempo.
La administración Milei logró estabilizar variables que durante años habían sido una fuente permanente de desequilibrios. Pero ahora enfrenta una segunda etapa mucho más compleja: demostrar que esa estabilidad puede transformarse en crecimiento sostenido.
El mercado parece estar diciendo algo bastante concreto:
la macroeconomía es necesaria, pero ya no alcanza por sí sola.
La Argentina necesita demostrar que puede crecer, generar empleo privado, mejorar los ingresos, atraer inversiones y, fundamentalmente, conseguir los dólares necesarios para cumplir sus compromisos sin volver a caer en ciclos de endeudamiento y crisis.
Por eso, el salto del riesgo país por encima de los 500 puntos no necesariamente significa que el programa económico haya fracasado.
Pero sí constituye una advertencia.
La primera etapa estuvo concentrada en ordenar las cuentas.
La segunda deberá demostrar que ese orden puede convertirse en crecimiento y bienestar.
Y en esa transición se jugará buena parte de la confianza que el mercado —y también la sociedad— tendrá sobre el modelo económico de Javier Milei rumbo a 2027.
Fuente: VMO