
Ser Boca de Pozo
El "astronauta" de la Patagonia y el verdadero costo de Vaca Muerta.
Por Vaca Muerta Online — Anticipo del libro: "Historias de Boca de Pozo"
Cuenta una vieja leyenda de los campamentos que un chico, allá por los años de la vieja YPF estatal, le respondió a su maestra de primaria con una seguridad que dejó a la escuela en silencio. Cuando ella le preguntó qué quería ser de grande, esperando escuchar "médico", "bombero" o "policía", el nene se infló el pecho y dijo: "Boca de pozo". Para la maestra, la frase sonó a mandarín; para el chico, tenía la misma mística y épica que ser un astronauta de la NASA rumbo a la Luna eso significaba para ese niño.
Años después, cuando ese mismo chico pisó por primera vez la locación, sintió el rugido del motor del equipo y levantó la vista hacia la corona de la torre, entendió que su sueño se había cumplido. Pero también entendió lo que el niño no sabía: el dolor punzante en la espalda, los brazos entumecidos por el frío y el peso real de los fierros.
Hoy, en plena era del shale y con Vaca Muerta rompiendo récords mundiales de producción, las redes sociales y LinkedIn se inundan de búsquedas laborales estandarizadas. Buscan "operadores", "técnicos", "perfiles dinámicos". Pero en la industria real, la que se ensucia, todos saben que boca de pozo no es cualquiera. No es para el que solo busca un recibo de sueldo abultado; es una forma de vivir, una escuela de supervivencia y un pacto de sangre con la torre.
La tecnología pasa, la maza queda
Es cierto que los tiempos cambiaron. Los equipos de perforación modernos parecen naves espaciales comparados con los viejos "parqueros" de hace treinta años. En los bloques no convencionales, la tecnología manda. En el mejor de los casos, la vieja hidrolavadora con caldera reemplazó al tacho con jabón y al cepillo para lavar la torre de arriba a abajo durante los odiados "tiempos muertos".
Pero que los caños tengan más tecnología no quita que el barro se te pegue en cada maniobra. El lodo base aceite o base agua no sabe de automatización: se te impregna en la piel y en los mamelucos, esos que, tras doce horas de turno bajo la lluvia, el calor sofocante del verano o el viento blanco del invierno, vuelven a la gamela o al hotel de Añelo "caminando solos" de tanta mugre estamos hablando de los mamelucos.
Un turno de perforación necesita cuatro "boquenses"como se dice en la jerga petrolera. Cuatro voluntades que tiran juntas. El equipo es una universidad sin paredes:
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Mecánica e Hidráulica Aplicada: Aprendés el comportamiento de las bombas y el circuito de las piletas por pura prepotencia de trabajo.
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Geología en Vivo: Sabés qué corona estás pisando por cómo vibra el piso.
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Matemática de Emergencia: Hacés cálculos de presión y volumen en segundos, bajo presión, sabiendo que un error puede costar la vida de tus compañeros.
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Convivencia Extrema: Si no sabías tomar mate, aprendés. Si no sabías cocinar, aprendes a la fuerza. En el campo te pulís, o te vas. Los que no aguantan el rigor terminan buscando el "cara chata" —el camión— o volviendo a la ciudad.
El diagrama de la vida: 14x7 y el precio del desarraigo
El verdadero costo del petróleo no se mide en dólares por barril, se mide en horas perdidas de familia. El diagrama de 14 días de trabajo por 7 de franco es un triturador de carne y de relaciones. Son catorce días de turnos de 12 horas, rotando una semana de día y otra de noche. A eso hay que sumarle la hora o la hora y media de viaje diario en camioneta o colectivo desde el hotel en Añelo hasta la locación profunda, ida y vuelta. Llegar, cocinarse, lavar los platos y dormir para volver a empezar.
Es por eso que el régimen jubilatorio especial no es un privilegio: 25 años de aportes y 50 años de edad. Porque a los 50 años, el cuerpo de un boca de pozo tiene el desgaste de un hombre de 70. Las rodillas, la cintura y los tendones no perdonan.
Hoy las recompensas salariales ya no son las de las "épocas de oro" en comparación al costo de vida actual, aunque sigan estando por encima de otros rubros. Pero la plata no compra los cumpleaños que se pasaron arriba de la torre, los actos escolares perdidos, ni las navidades brindando con un vaso de plástico al lado de la mesa de control. El petróleo es una máquina de armar segundas familias: los divorcios y los dobles matrimonios son una marca registrada en el rubro. Lo que se gana en el surco, muchas veces se divide para mantener a varias casas.
Hombres de hierro, corazones de cristal
El "boquense" puede parecer un tipo rudo, curtido, de pocas palabras y carácter fuerte frente a los jefes o la compañía. Tiene que serlo para sobrevivir en ese entorno. Pero cuando el turno termina, el galpón se silencia y circula el mate en el comedor, la coraza se cae. Ahí, entre el vapor de la pava y el cansancio acumulado, sale a relucir la foto del hijo en el celular, el logro del pibe que empezó la facultad en la ciudad, el terreno que por fin se pudo pagar o la casa que se está techando.
Todo ese sacrificio, cada gota de sudor que alimenta los miles de barriles que hoy festeja el país, tiene un solo nombre: la familia.
Desde Vaca Muerta Online, honramos a esos hombres que sostienen la torre. Estamos escribiendo el libro "Historias de Boca de Pozo", porque el petróleo es mucho más que geología y finanzas. El petróleo es, ante todo, la historia de los astronautas de la maza y de la 48 stilson, los que doman la roca para que el país tenga luz, mientras ellos, allá en la meseta solitaria, sueñan con el día del franco para volver a abrazar a los suyos y poder compartir con ellos cada hora y minutos por lo que ellos viven esa palabra tan grande FAMILIA..
Fuente: vmo