
SLB desplazó a Halliburton y reconfiguró el poder del fracking en Vaca Muerta
Más fracturas, más tecnología y un cambio silencioso en el liderazgo de los servicios petroleros
El 2025 dejó un dato que marca un antes y un después en la historia reciente de Vaca Muerta: SLB (ex Schlumberger) rompió el dominio histórico de Halliburton y se convirtió en la empresa que más etapas de fractura realizó en el shale argentino. No se trató de un golpe aislado ni de una ventaja circunstancial, sino de una tendencia que se consolidó en el segundo semestre y refleja un cambio más profundo en la lógica operativa del negocio.
La actividad de fractura hidráulica cerró el año con casi 24.000 etapas, un crecimiento interanual del 34%, en línea con las proyecciones del sector. Pero más allá del volumen, el verdadero dato estuvo en quién ejecutó esas etapas y cómo.
El fin de una hegemonía
Durante más de una década, Halliburton fue sinónimo de fracking en Vaca Muerta. Lideró la curva de aprendizaje, introdujo tecnologías clave y sostuvo el mayor volumen de punciones aun en los años más complejos del shale. Sin embargo, en 2025 ese liderazgo comenzó a erosionarse.
En la primera mitad del año, la diferencia entre Halliburton y SLB era mínima. Pero a partir de julio, el escenario cambió de manera clara: SLB aceleró su ritmo operativo y cerró el año con 9.312 etapas de fractura, superando a Halliburton, que finalizó con 9.023.
La diferencia no fue abismal en números, pero sí simbólica y estratégica.
Tecnología, eficiencia y control del dato
El avance de SLB estuvo directamente ligado a la implementación intensiva del Dual Frac, una modalidad que permite realizar fracturas en simultáneo y reducir tiempos muertos. En términos operativos, esto se tradujo en hasta 401 punciones mensuales con un solo crew y una mejora de eficiencia cercana al 26%.
A esto se sumó un factor clave: la integración con el Real Time Intelligence Center de YPF, que permitió una coordinación en tiempo real entre operadora y empresa de servicios. En un negocio donde cada hora cuenta, el control del dato y la visibilidad operativa se transformaron en una ventaja competitiva decisiva.
No es casual que YPF haya sido el principal cliente de SLB, concentrando más de 6.300 etapas de fractura, seguida por Vista, Capex y Pampa Energía.
Halliburton resiste, pero ya no manda solo
Pese a perder el primer puesto, Halliburton sigue siendo un actor central del shale neuquino. En 2025 trabajó con cinco operadoras y mantuvo una fuerte presencia en los desarrollos de YPF, Shell, Chevron, Pampa Energía y Pluspetrol.
Su volumen sigue siendo alto, su capacidad técnica indiscutida y su peso global intacto. Pero el dato es claro: ya no tiene el control absoluto del mercado, y Vaca Muerta dejó de ser un territorio de liderazgo incuestionado.
El segundo pelotón y la consolidación local
Detrás de los dos gigantes, Tenaris consolidó el tercer lugar, con más de 2.100 etapas, apalancada principalmente en Tecpetrol, pero también en TotalEnergies y Phoenix Global Resources. La compañía del Grupo Techint continúa fortaleciendo su integración vertical, una estrategia que le permite estabilidad aun en contextos de ajuste.
Calfrac, por su parte, mantuvo una presencia relevante, especialmente de la mano de Pan American Energy, confirmando que el mercado de servicios sigue siendo competitivo, aunque cada vez más exigente en costos y productividad.
SPI, Weatherford y el modelo integrado
El ingreso de Servicios Petroleros Integrados (SPI), tras la compra de la división de fractura de Weatherford por parte de Pluspetrol, agregó un elemento novedoso al esquema: una operadora con su propia empresa de servicios.
SPI ejecutó más de 1.100 etapas de fractura exclusivamente para Pluspetrol, marcando una tendencia que el sector observa con atención. La integración operadora-servicio puede convertirse en una herramienta para reducir costos, pero también plantea interrogantes sobre competencia, precios y acceso al mercado para terceros.
Más fracturas, menos margen
El cambio de liderazgo no ocurre en el vacío. Vaca Muerta produce más, pero exige más. Las operadoras presionan por eficiencia, reducción de costos y cumplimiento estricto de tiempos. En ese contexto, las empresas de servicio ya no compiten solo por capacidad técnica, sino por quién puede hacer más, más rápido y más barato.
Detrás de los récords de fractura, el negocio se vuelve más fino y menos tolerante al error. Y aunque los números muestran crecimiento, el escenario deja una advertencia: la competencia se intensifica, los márgenes se ajustan y el poder cambia de manos.
SLB lo entendió antes que nadie en 2025.
El resto del sector tomó nota.
Fuente: vmo