
Trabajadores sin días en el campo: la otra cara de la "eficiencia" en Vaca Muerta
Mientras las operadoras celebran récords de producción y se presentan planes de eficiencia hay gente en la casa.
Una realidad más cruda golpea a cientos de trabajadores de la industria hidrocarburífera: cada vez son menos los que consiguen días en el campo, especialmente en provincias históricamente petroleras como Chubut y Santa Cruz.
Tras la salida de empresas de servicios del Golfo San Jorge, se prometió que Vaca Muerta absorbería parte de esa mano de obra calificada. Sin embargo, eso no está ocurriendo. Lo que parecía una oportunidad terminó siendo un filtro silencioso.
Vaca Muerta: ¿trabajo para quién?
Los testimonios entre compañeros se repiten: quienes lograron ingresar a trabajar en Neuquén, Río Negro o La Pampa no son precisamente los trabajadores de las provincias afectadas por los recortes. Muchos se quedaron en sus casas, sin convocatorias, sin rotaciones y sin respuestas.
Incluso se detectó una selección sistemática de personal por fuera del sindicato, con empresas que optan por contratar trabajadores no afiliados o que no aportan. El resultado: gente capacitada, con experiencia en campo, que hoy ve pasar las cuadrillas sin recibir un solo llamado.
Optimización que desplaza
Si antes una tarea requería dos personas, hoy se hace con una. Si antes había lugar para una base completa de operarios, ahora basta con unos pocos. El impacto de los servicios integrados ha llevado a que personal que realizaba una tarea habitual ahora deba asumir tareas adicionales por el mismo salario, lo que representa un mayor esfuerzo.
Este cambio, lejos de ser solamente técnico, tiene un impacto directo en las fuentes de trabajo. El trabajo se achica, se concentra y se ejecuta con menos manos. La tecnología, en algunos casos, reemplaza tareas; en otros, simplemente se deja de hacer el trabajo correctamente.
Las consecuencias están a la vista
Un ejemplo concreto son las mantas oleofílicas, herramientas clave en la contención de derrames. Muchas operadoras dejaron de utilizarlas, lo que no solo incrementa el impacto ambiental, sino que elimina puestos de trabajo que antes se encargaban de su mantenimiento y reposición. Tareas de limpieza o control ambiental que antes se resolvían con equipos pequeños y eficientes, hoy son dilatadas o directamente abandonadas.
No hay paro, pero hay silencio
Aunque aún no se ha llegado a un paro generalizado, el malestar crece. El sindicato y el gobierno provincial salieron en su momento en defensa de los trabajadores locales, pero las decisiones operativas avanzan por otros carriles, muchas veces sin control ni diálogo. La realidad muestra que el nivel de empleabilidad que se promociona en Vaca Muerta no alcanza a todos por igual.
Es necesario un llamado de atención urgente. La industria puede optimizarse, pero no a costa de invisibilizar a los trabajadores. Si Vaca Muerta quiere ser un modelo de desarrollo, debe garantizar también inclusión, equidad y respeto por la experiencia y el esfuerzo de quienes la hicieron posible.
“Con este modelo se hace más con menos, pero ese ‘menos’ significa menos gente trabajando”, comentan desde el entorno de trabajadores afectados. Tareas que antes se hacían con tres o cuatro personas, hoy se hacen con una o dos, lo que reduce la cantidad de operarios por locación, acorta listas de reemplazo y disminuye drásticamente las oportunidades de ingreso o rotación laboral.
El discurso de la eficiencia, entonces, va dejando en segundo plano a la experiencia, el conocimiento acumulado y la necesidad urgente de trabajo que tienen muchos técnicos y operarios de la región. Y aunque aún no se ha generado una medida de fuerza contundente, el paro silencioso ya existe: son cientos los que están en sus casas, sin días en el campo y sin perspectivas a corto plazo.
Vaca Muerta: ¿trabajo para quién?
Aunque Vaca Muerta se presenta como el gran polo generador de empleo del país, la distribución de ese trabajo no es equitativa ni favorece principalmente a los habitantes de las provincias donde se explota el recurso. Muy por el contrario, la mayoría de los trabajadores jerárquicos y convencionales provienen de Mendoza, mientras que solo un porcentaje muy pequeño vive efectivamente en Neuquén.
Esta realidad, que pocos se animan a decir en voz alta, genera un profundo malestar entre los trabajadores neuquinos, rionegrinos y pampeanos que quedan fuera del sistema, aun teniendo experiencia y disponibilidad inmediata. “Estamos en nuestras casas sin meter un día de trabajo, mientras vemos pasar combis llenas con gente de otras provincias”, comentan entre compañeros del sector.
Además, las empresas no solo eligen personal de fuera, sino que muchas veces priorizan a quienes no están afiliados o no aportan al sindicato, dejando afuera a trabajadores que sí lo están y que dependen de esos ingresos para sostener a sus familias.
Mientras tanto, la riqueza que se genera en Neuquén se va a otras provincias, en una dinámica que erosiona el sentido de pertenencia local y genera un creciente resentimiento silencioso. Es un tema incómodo, pero necesario: ¿para quién es realmente Vaca Muerta?
Fuente: vmo