
Arenas de cercanía
El nuevo frente estratégico que empieza a redefinir los costos en Vaca Muerta.
La carrera por bajar costos en Vaca Muerta ya no pasa únicamente por la eficiencia en la perforación o la optimización de los tiempos de fractura. Hay un insumo que empieza a ganar centralidad silenciosa, pero decisiva: la arena. Y más precisamente, la posibilidad de producirla cerca de los pozos.
Hoy, el esquema operativo sigue dependiendo en gran medida de arenas silíceas provenientes de Entre Ríos, consideradas las de mejor calidad por su resistencia. Sin embargo, su costo logístico es elevado: cada tonelada ronda los 185 dólares tras recorrer más de 1.200 kilómetros hasta la cuenca neuquina. En un contexto donde cada pozo consume entre 11.000 y 15.000 toneladas, la ecuación es clara: el transporte es casi tan crítico como la calidad del recurso.
Frente a este escenario, las pruebas con arenas locales comienzan a marcar un posible punto de inflexión. YPF ya avanzó en ensayos combinando material neuquino con arenas entrerrianas, buscando un equilibrio entre calidad y costo. Aunque esas pruebas no tuvieron continuidad, dejaron un antecedente técnico clave: la arena local puede entrar en el juego.
Quien sí decidió avanzar con mayor decisión es Vista Energy, la compañía liderada por Miguel Galuccio. No solo está testeando arenas neuquinas, sino que ya opera su propia cantera en la provincia y trasladó su planta de procesamiento —a través de su firma Aluvional— al corazón de su operación en Bajada del Palo. La apuesta es clara: integrar la cadena y reducir la dependencia logística.
El cuello de botella: calidad y escala
El desarrollo local todavía enfrenta dos desafíos críticos. El primero es técnico: la calidad de la arena. En la fractura hidráulica, no cualquier arena sirve. Debe cumplir condiciones específicas de resistencia —para evitar el colapso de los canales productivos— y de redondez, que permite una mejor circulación de hidrocarburos.
En ese sentido, la estatal Cormine ya envió muestras de su cantera cercana a Senillosa a laboratorios especializados, incluso con la decisión de realizar un segundo análisis en Estados Unidos. La expectativa es alta, pero el resultado aún es incierto.
El segundo desafío es la escala. Hoy, la producción local ronda las 20.000 toneladas mensuales, un volumen que apenas alcanza para uno o dos pozos de baja intensidad. Es decir, todavía está lejos de competir con la demanda real de la industria.
Una oportunidad que va más allá del costo
Sin embargo, el potencial es enorme. Si Neuquén logra consolidar una oferta local de arena competitiva, el impacto sería estructural:
- Reducción significativa de costos logísticos
- Menor tránsito pesado en rutas clave de la cuenca
- Mayor eficiencia en tiempos operativos
- Desarrollo de un nuevo segmento minero-industrial
No es casual que desde el sector ya se impulse la creación de una “mesa de la arena”, con participación de provincias como Chubut, Río Negro y Entre Ríos, buscando ordenar un mercado que será cada vez más demandante.
El factor oculto del crecimiento
En la medida en que Vaca Muerta acelera su desarrollo, la demanda de arena crecerá de forma exponencial. Y ahí aparece una verdad incómoda pero concreta: sin arena, no hay fractura. Y sin fractura, no hay producción.
Lo que hoy parece un desarrollo incipiente puede transformarse en uno de los pilares silenciosos del negocio. Porque en una industria donde cada dólar cuenta, encontrar arena a 100 kilómetros del pozo —en lugar de 1.200— no es un detalle operativo: es una ventaja competitiva.
La discusión ya no es si la arena local va a desarrollarse, sino cuándo alcanzará la escala y la calidad necesarias para cambiar las reglas del juego. Y cuando eso ocurra, no será solo un avance técnico: será un cambio estructural en la economía de Vaca Muerta.
Fuente: vmo