
Argentina enfrenta la crisis energética global con superávit
Pero el invierno traerá un desafío: importar hasta 20 barcos de GNL.
Mientras el mundo atraviesa una nueva ola de volatilidad energética por el aumento del precio del petróleo y las tensiones geopolíticas, Argentina enfrenta el escenario con una ventaja que hace pocos años parecía impensada: un superávit energético que reduce la vulnerabilidad externa del país.
Sin embargo, el sistema energético argentino todavía enfrenta un desafío estructural que reaparece cada invierno: la necesidad de importar gas natural licuado (GNL) para cubrir el pico de demanda.
Según explicó el presidente de SAESA, Juan Bosch, el país podría necesitar hasta 20 barcos de GNL durante los meses más fríos, un factor que podría incrementar los costos energéticos en un contexto internacional volátil.
Un sistema energético más sólido que en el pasado
El actual contexto energético argentino es muy diferente al de hace apenas algunos años.
De acuerdo con Bosch, el país pasó de tener un déficit energético de más de 7.000 millones de dólares anuales a registrar un superávit superior a ese mismo monto, impulsado principalmente por la expansión de la producción de hidrocarburos.
Gran parte de esa mejora se explica por el crecimiento de la actividad en Vaca Muerta, que permitió aumentar las exportaciones de petróleo y gas.
Ese nuevo escenario permite amortiguar el impacto de las crisis internacionales en el mercado energético local.
Según Bosch:
“Hoy nos encuentra con una Argentina mucho más robusta en términos energéticos”.
Incluso, el aumento del precio internacional del petróleo podría mejorar aún más el saldo energético del país, al incrementar los ingresos por exportaciones.
El cuello de botella del invierno
A pesar de la abundancia de gas natural en el país, la infraestructura y la estacionalidad de la demanda generan tensiones en los meses más fríos.
Durante el invierno, el consumo residencial de gas se dispara y obliga a reforzar el abastecimiento con importaciones.
En ese contexto, se estima que Argentina podría necesitar alrededor de 20 cargamentos de GNL.
Cada uno de esos barcos transporta aproximadamente 70 millones de metros cúbicos de gas, lo que equivale a cerca de la mitad de la producción diaria de gas natural del país.
En términos prácticos, importar 20 cargamentos implica incorporar al sistema un volumen similar a diez días completos de producción nacional, concentrados en el momento de mayor demanda.
El nuevo esquema del Gobierno para comprar GNL
Una de las novedades del esquema energético actual es que el Gobierno busca que la compra de GNL sea realizada por actores privados, especialmente grandes consumidores industriales y generadores eléctricos.
El gas importado ingresaría al sistema a través de la misma red de transporte que se utiliza habitualmente, ya que los gasoductos operan bajo un sistema de acceso abierto.
La diferencia estará en quién compra y quién paga ese gas importado.
Según explicó Bosch, esta será la primera prueba real de este modelo en un contexto internacional complejo.
Un mercado de gas cada vez más competitivo
Otro de los cambios relevantes del mercado energético argentino es la creciente diversidad de actores.
Hoy existen numerosos productores y más de cien comercializadores de gas que compran el combustible y lo venden a industrias y otros consumidores.
Esto genera un mercado más dinámico y competitivo que en el pasado.
Actualmente, el gas producido en Argentina se comercializa aproximadamente entre 2,5 y 3,5 dólares por millón de BTU, dependiendo de la cuenca y del tipo de contrato.
En cambio, el GNL importado históricamente tuvo precios mucho más elevados, que oscilaron entre 12 y 16 dólares por millón de BTU.
El horizonte del GNL argentino
A pesar de las importaciones de invierno, Argentina avanza en proyectos para convertirse en exportador global de gas natural licuado.
Uno de los desarrollos más importantes apunta a exportar GNL desde la Patagonia hacia los mercados internacionales a partir de 2028, lo que podría transformar el rol del país en el mapa energético mundial.
Aun así, los especialistas advierten que los picos de consumo invernal seguirán generando cuellos de botella, especialmente en la región central del país, donde se concentra gran parte de la demanda energética.
Un sistema que todavía enfrenta desafíos
El escenario actual muestra una realidad energética más favorable para Argentina, pero también deja en evidencia los desafíos pendientes.
La abundancia de gas natural convive con limitaciones de infraestructura y con una demanda altamente estacional que obliga a importar energía en momentos críticos.
Por ahora, el superávit energético permite absorber mejor las turbulencias del mercado internacional.
Pero cada invierno recuerda que la seguridad energética todavía depende de un delicado equilibrio entre producción local, infraestructura y logística de abastecimiento.
Fuente: vmo