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De Tucumán a Vaca Muerta

La historia de Nicolás y de miles que llegaron buscando una vida distinta.

De Tucumán a Vaca Muerta

La historia de Nicolás y de miles que llegaron buscando una vida distinta.

No todos los que llegan a Vaca Muerta nacieron petroleros. Muchos llegaron desde otras provincias sin conocer un yacimiento, aprendieron desde abajo y encontraron en la industria una oportunidad para cambiar su realidad. La historia de Nicolás Fernández, tucumano radicado en San Patricio del Chañar, representa a una generación de trabajadores que convirtió a Vaca Muerta también en un fenómeno de movilidad social y territorial.

Por Diego Chauqui | VacaMuertaOnline

Hoy, en un equipo de perforación, nos encontramos con un trabajador tucumano.

Podría parecer una historia más dentro de Vaca Muerta. Pero cuando uno se detiene a escucharla, aparece algo mucho más grande.

Se llama Nicolás Fernández. Llegó desde Tucumán buscando una posibilidad. No llegó como especialista en petróleo. No conocía los equipos, no sabía cómo era la vida dentro de un yacimiento y tampoco imaginaba, cuando salió de su provincia, que algunos años después estaría trabajando en un equipo de perforación, con un diagrama 14 días por 14, construyendo su casa y pensando en quedarse definitivamente en San Patricio del Chañar.

Su historia es la de muchos.

Y quizás allí esté una de las caras menos contadas de Vaca Muerta.

No todos vienen por el petróleo. Muchos vienen por una oportunidad

Nicolás llegó acompañado por su hermano.

Como tantos trabajadores que aterrizan en Añelo y las localidades de la región, comenzó haciendo lo que aparecía.

Pasó por talleres mecánicos, trabajos de chacra y luego ingresó a tareas de protección catódica, una actividad que ya le permitió acercarse al mundo de los yacimientos.

Después vinieron las máquinas.

Aprendió a manejar equipos que jamás había imaginado operar. Aprendió mirando, preguntando, trabajando y, fundamentalmente, aprovechando cada oportunidad.

Así fue construyendo su propia escuela.

Hasta que apareció una oportunidad dentro de una empresa petrolera.

Hoy lleva cinco años en la industria.

Cinco años que cambiaron su vida.

De Tucumán al campo petrolero

Nicolás extraña a su familia.

Eso no desaparece con un buen salario ni con un puesto de trabajo.

El petróleo tiene una particularidad que muchas veces se observa desde afuera pero pocas veces se cuenta desde adentro: la industria también exige desarraigo.

Son días lejos de casa. Son cumpleaños a la distancia. Son llamadas telefónicas en medio del turno. Son momentos familiares que ocurren mientras uno está en el campo.

El diagrama 14x14 permite volver, abrazar a la familia y recuperar algo de esa vida cotidiana que el trabajo petrolero obliga a postergar.

Pero mientras está en el yacimiento, hay que trabajar.

Y mucho.

 

El campo petrolero también es una escuela

Nicolás fue aprendiendo que el petróleo no es solamente manejar una máquina.

Hay tareas técnicas y físicas. Hay protocolos. Hay seguridad. Hay mantenimiento. Hay coordinación entre compañeros. Hay que aprender a resolver problemas y convivir con el ritmo particular de un equipo de perforación.

Los días pueden ser largos.

Por eso los pequeños momentos adquieren otro valor.

Una llamada a Tucumán.

Una charla con un compañero.

Un mate.

Y hasta una comida.

Nicolás aprendió también a cocinar y encontró una forma muy particular de agasajar a sus compañeros: las famosas empanadas de matambre.

Porque en el campo petrolero se trabaja con máquinas, pero también se construyen vínculos humanos.

Un tucumano petrolero

Hay una frase que resume esta historia:

“Un tucumano petrolero.”

Y no está solo.

En Vaca Muerta hay trabajadores que llegaron desde distintas provincias argentinas.

Hay historias provenientes del norte del país, de la región centro, de Cuyo y de la Patagonia.

Y también hay una fuerte presencia de trabajadores migrantes de otros países.

Entre ellos, venezolanos que llegaron buscando una nueva posibilidad.

Muchos vinieron pensando en una oportunidad laboral y terminaron construyendo una nueva vida en Argentina.

Cuando uno les pregunta qué harían si apareciera nuevamente una gran oportunidad laboral en Venezuela, las respuestas muchas veces son distintas de lo que podría suponerse.

Ya están acá.

Ya construyeron una vida acá.

Ese detalle habla de la profundidad del fenómeno.

Neuquén no solamente atrae capital: atrae personas

Los datos oficiales permiten dimensionar parte de esta transformación.

El Censo 2022 mostró que el 28,1% de la población de Neuquén había nacido en otra jurisdicción, uno de los porcentajes más elevados del país.

Y el caso de Añelo resulta todavía más contundente: de las 18.150 personas relevadas en viviendas particulares, 7.526 habían nacido en otra provincia y 1.116 en otro país. Es decir, alrededor del 48% había nacido fuera de Neuquén.

Son números del Censo 2022 y no una fotografía exacta del movimiento migratorio actual, pero permiten comprender que la llegada de trabajadores desde otras provincias y países no es un fenómeno nuevo ni marginal.

Vaca Muerta profundizó esa dinámica.

La industria necesita gente, pero también necesita formación

El crecimiento de la actividad energética está generando una demanda cada vez mayor de trabajadores capacitados.

La creación del Instituto Vaca Muerta es una señal concreta de esa necesidad. En su primera convocatoria recibió más de 17.000 inscripciones, mientras que unos 672 estudiantes comenzaron los primeros trayectos formativos. El instituto proyecta capacitar entre 2.000 y 3.000 personas por año.

El dato es contundente.

Hay gente que quiere entrar a la industria.

La pregunta es cuánto de esa demanda podrá convertirse en empleo formal, capacitación efectiva y posibilidades concretas de crecimiento.

Y ahí aparece una de las grandes discusiones que Vaca Muerta deberá enfrentar durante los próximos años.

El verdadero desafío: que el sueño no termine en una plaza

La historia de Nicolás tiene una diferencia fundamental con otras historias de migración laboral.

Cuando llegó, tuvo a su hermano para ayudarlo.

Eso fue determinante.

Porque llegar a Añelo o a la región petrolera no garantiza conseguir trabajo.

Hay personas que llegan con el mismo sueño y durante semanas golpean puertas sin encontrar una oportunidad.

Algunos consiguen alojamiento.

Otros no.

Algunos tienen familiares.

Otros llegan completamente solos.

Y en una región donde las temperaturas pueden ser extremas y el costo de vida es elevado, el comienzo puede ser muy duro.

Por eso hay algo que no deberíamos romantizar:

venir a Vaca Muerta también implica asumir riesgos.

No se trata simplemente de subirse a un colectivo, llegar a Añelo y conseguir trabajo petrolero.

Hace falta capacitación, contactos, perseverancia, recursos para sostenerse y, muchas veces, alguien que abra la primera puerta.

El tren de la vida

Nicolás tiene una manera de explicar este proceso que merece quedar escrita.

Cuando uno se sube al tren de la vida, después empieza a buscar un mejor vagón.

Tal vez esa sea una de las mejores definiciones de lo que significa llegar a Vaca Muerta.

Primero aparece el trabajo que permite sobrevivir.

Después otro.

Después una capacitación.

Después una máquina.

Después un equipo.

Después una empresa.

Y, con el tiempo, la posibilidad de construir una casa, formar una familia y decidir quedarse.

No todos llegan al mismo lugar.

Pero muchos empiezan exactamente de la misma manera:

golpeando puertas.

San Patricio del Chañar ya no es solamente una localidad agrícola

Nicolás eligió quedarse.

Está construyendo su casa en San Patricio del Chañar, un lugar que en las últimas décadas comenzó a experimentar una transformación profunda por la expansión de la actividad hidrocarburífera y el crecimiento de la economía asociada a Vaca Muerta.

Su historia refleja algo más amplio.

La industria está modificando dónde vive la gente, dónde se construyen viviendas, dónde aparecen comercios, talleres y servicios y dónde las familias empiezan a proyectar su futuro.

El petróleo no solamente perfora el subsuelo.

También está transformando el territorio.

Del norte argentino al corazón energético del país

Tucumán.

General Mosconi.

Tartagal.

Embarcación.

Orán.

Y tantas otras ciudades y regiones que durante décadas tuvieron otra relación con la industria energética.

Desde allí también parten trabajadores hacia Neuquén.

Algunos ya conocen el petróleo.

Otros lo descubren acá.

Algunos llegan con un oficio.

Otros aprenden desde cero.

Pero todos comparten algo:

la necesidad de encontrar una oportunidad.

Vaca Muerta, en ese sentido, no es solamente una formación geológica.

Es también un poderoso imán laboral.

El petróleo como posibilidad de movilidad social

Hay una discusión que deberíamos empezar a tener con mayor profundidad.

¿Puede Vaca Muerta transformarse en una verdadera herramienta de movilidad social para miles de trabajadores?

La respuesta todavía está en construcción.

Pero historias como la de Nicolás muestran que es posible.

Un hombre que salió de Tucumán.

Que comenzó trabajando en lo que encontraba.

Que aprendió.

Que ingresó progresivamente al mundo de los yacimientos.

Que llegó a una empresa petrolera.

Que lleva cinco años en la actividad.

Que encontró una compañera de vida, también tucumana.

Y que hoy está construyendo una casa en Neuquén.

Eso es mucho más que un cambio de trabajo.

Es un cambio de vida.

Vaca Muerta también se construye con historias humanas

Cuando hablamos de Vaca Muerta solemos hablar de barriles, gas, fracturas, equipos, inversiones, oleoductos, exportaciones y dólares.

Y tenemos que hacerlo.

Pero detrás de cada equipo hay personas.

Hay trabajadores que dejaron sus provincias.

Hay familias que esperan llamadas.

Hay padres que pasan cumpleaños lejos.

Hay mujeres que sostienen hogares.

Hay personas que llegaron desde otro país.

Hay jóvenes que empiezan desde abajo.

Y hay hombres como Nicolás que un día llegaron sin saber exactamente hacia dónde iban y terminaron encontrando un lugar.

Por eso, desde VacaMuertaOnline, creemos que también debemos contar esta parte de la historia.

Porque Vaca Muerta no solamente está cambiando la matriz energética argentina. También está cambiando la geografía humana del país.

EDITORIAL VMO

Quizás dentro de algunos años Nicolás deje de ser “el tucumano que vino a trabajar al petróleo”.

Será simplemente un petrolero.

Uno más de esos hombres y mujeres que llegaron desde lejos y terminaron haciendo de Neuquén su casa.

Y esa transformación merece respeto.

Porque detrás del uniforme, del casco y de la máquina existe una historia.

Una historia de desarraigo, de sacrificio, de aprendizaje y de esperanza.

Hoy contamos la historia, breve pero enorme, de Nicolás Fernández. Un tucumano que vino a sumar su esfuerzo a Vaca Muerta, el motor energético que puede cambiar el futuro de la Argentina.

Y quizás esa sea la verdadera historia que tenemos que contar:

la de un país que se mueve detrás de la energía y de personas que están dispuestas a cambiar su vida para ser parte de ella.

Por Diego Chauqui | VacaMuertaOnline

VacaMuertaOnline — Periodismo energético desde el corazón de la industria.

Fuente: vmo

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