
El enemigo silencioso que puede viajar con el petrolero hasta el yacimiento
Estrés, jornadas exigentes, alimentación desordenada, sedentarismo y pocas oportunidades para hacer actividad física forman parte de una realidad que merece mayor atención en la industria hidrocarburífera.
Un nuevo estudio científico vuelve a poner el foco en el riesgo cardiovascular que puede persistir incluso cuando el colesterol LDL está controlado. Detrás de los equipos, las operaciones y los récords de producción hay trabajadores que también necesitan cuidar su salud.

En Vaca Muerta hay riesgos que se pueden ver. Una máquina en movimiento, una línea presurizada, una maniobra de izaje o una operación que exige máxima concentración obligan a mantener los sentidos alerta. Para esos peligros existen procedimientos, capacitaciones, elementos de protección y protocolos de seguridad.
Pero hay otro riesgo que no siempre presenta señales evidentes. No hace ruido, no aparece en una alarma del equipo y puede permanecer oculto durante años: la enfermedad cardiovascular.
En los yacimientos, plantas de tratamiento, equipos de perforación, instalaciones de producción y centros de monitoreo, miles de trabajadores cumplen jornadas que pueden combinar exigencia física, presión operativa, turnos prolongados y largos períodos lejos de sus hogares. En ese contexto, la salud cardiovascular merece ocupar un lugar mucho más visible en la conversación sobre seguridad laboral.
Porque no alcanza con regresar del turno sin haber sufrido un accidente. También importa regresar a casa con salud.
El colesterol controlado no siempre significa que desapareció el riesgo
Una investigación de la Universidad Tecnológica de Chalmers, en Suecia, publicada en el European Heart Journal, aporta nuevas pistas para comprender por qué algunas personas mantienen riesgo de enfermedad coronaria aun cuando sus niveles de colesterol LDL —conocido popularmente como colesterol malo— están controlados.
Los científicos analizaron datos de 35.269 participantes del UK Biobank y estudiaron 2.918 proteínas presentes en la sangre. Durante aproximadamente 13,7 años de seguimiento, 1.599 participantes desarrollaron enfermedad coronaria.
El trabajo identificó asociaciones entre determinadas proteínas relacionadas con las lipoproteínas ricas en triglicéridos y la lipoproteína(a), y procesos vinculados con la inflamación, la respuesta inmunitaria y los cambios en las paredes de los vasos sanguíneos.
Según los resultados, esos mecanismos podrían contribuir a explicar parte del riesgo cardiovascular que persiste más allá de las concentraciones de las distintas lipoproteínas. Los hallazgos también se replicaron en una segunda cohorte de 5.915 personas.
La investigación no demuestra que todos los pacientes con colesterol controlado sigan en peligro inminente, ni establece un nuevo tratamiento. Tampoco significa que el LDL haya perdido importancia: reducirlo continúa siendo una de las herramientas centrales para prevenir enfermedades cardiovasculares.
El mensaje es otro: el riesgo cardíaco es más complejo que un solo número en un análisis de sangre.
Y esa conclusión abre una pregunta necesaria para una industria de alta exigencia como la petrolera: ¿estamos prestando suficiente atención a los factores que pueden afectar la salud del trabajador durante años de actividad?
La vida en el campo: cuando el reloj lo marca la operación
En el petróleo, comer, descansar o realizar actividad física no siempre depende de una decisión individual. Muchas veces depende de la organización del trabajo.
Hay trabajadores que pasan buena parte de su jornada manejando, operando equipos, controlando parámetros o monitoreando procesos frente a una pantalla. Otros desarrollan tareas físicamente exigentes, permanecen de pie durante horas o intervienen en operaciones que requieren atención permanente.
También están quienes cumplen guardias prolongadas en locaciones alejadas, con posibilidades limitadas de salir del predio durante el turno.
En esos escenarios, sostener hábitos saludables puede resultar difícil. Los horarios de comida pueden quedar subordinados a la operación; las pausas no siempre coinciden con el hambre; y al terminar una tarea exigente, la prioridad suele ser descansar o recuperar energía.
No todos los puestos presentan las mismas condiciones. Tampoco todos los trabajadores tienen las mismas posibilidades de moverse, comer o descansar. Precisamente por eso, las estrategias de prevención deben considerar las características concretas de cada actividad.
Mate, tortafritas, facturas y comidas rápidas: una costumbre que merece revisarse
En los campamentos y locaciones petroleras, el mate es parte de la rutina. Lo acompañan muchas veces las tortafritas, las facturas, las galletitas y otros alimentos fáciles de compartir durante una guardia.
En otros momentos, especialmente después de una jornada físicamente demandante, aparecen las comidas abundantes, las preparaciones rápidas o las opciones disponibles en el lugar.
No se trata de señalar costumbres culturales como si fueran la única causa de un problema de salud. El riesgo cardiovascular es multifactorial y depende de elementos como la genética, la presión arterial, los niveles de colesterol y triglicéridos, el tabaquismo, la actividad física, el peso y otras condiciones individuales.
Sin embargo, la frecuencia con la que se consumen alimentos ricos en grasas saturadas, sal o azúcares, junto con una alimentación pobre en frutas, verduras y fibra, sí puede influir negativamente en la salud a largo plazo.
El desafío es concreto: no alcanza con recomendar una dieta saludable si el trabajador no tiene opciones adecuadas disponibles durante su jornada.
La prevención también necesita comedores con alternativas equilibradas, agua potable accesible, horarios razonables para alimentarse y propuestas que se adapten a las exigencias del trabajo petrolero.
Estrés, adrenalina y responsabilidad: el cuerpo también paga el costo
En una operación petrolera, la concentración no es opcional. Una maniobra incorrecta, una falla no detectada o una decisión tardía pueden tener consecuencias para las personas, los equipos y el ambiente.
Esa responsabilidad exige preparación y atención sostenida. En determinadas tareas, además, el trabajador debe responder a situaciones imprevistas, cambios operativos o contingencias que elevan la tensión.
El estrés laboral no provoca necesariamente una enfermedad cardíaca en cada persona, pero el estrés persistente puede contribuir al riesgo cardiovascular, especialmente cuando se combina con descanso insuficiente, tabaquismo, hipertensión, inactividad física u otros factores.
Por eso, hablar de salud en Vaca Muerta también significa revisar las condiciones de descanso, las cargas de trabajo, la duración de las jornadas y las posibilidades reales de recuperación entre turnos.
La exigencia operativa no debería confundirse con la obligación de acostumbrarse a vivir permanentemente al límite.
El sedentarismo también está dentro de la industria
Cuando se habla de trabajo petrolero, la imagen habitual es la del trabajador que realiza tareas físicas en el campo. Sin embargo, la industria también depende de operadores de monitoreo, administrativos, técnicos, supervisores y profesionales que pueden pasar muchas horas sentados frente a una computadora.
La actividad física insuficiente es un factor de riesgo cardiovascular, pero el problema no se limita a los puestos sedentarios. Un trabajador puede realizar tareas físicamente demandantes durante su turno y, aun así, tener dificultades para sostener una rutina regular de ejercicio fuera del trabajo.
Quienes permanecen en una locación durante varios días pueden encontrar obstáculos adicionales: falta de espacios adecuados, condiciones climáticas desfavorables, horarios restringidos o imposibilidad de alejarse del área operativa.
La respuesta no puede ser simplemente decirle a cada persona que salga a correr. Se necesitan alternativas seguras y compatibles con las reglas del lugar: espacios habilitados para actividad física, pausas de movimiento cuando la tarea lo permita y programas de bienestar que contemplen los distintos regímenes de trabajo.
Cualquier actividad debe adaptarse a la condición física de cada trabajador y a las indicaciones médicas que correspondan.
El calor agrega otra exigencia
Las altas temperaturas merecen una atención especial en los yacimientos y plantas, donde parte de las tareas se desarrolla al aire libre y bajo condiciones ambientales exigentes.
El calor puede generar deshidratación y aumentar la carga cardiovascular, especialmente durante el esfuerzo físico. El riesgo puede ser mayor en personas con enfermedades preexistentes o que utilizan determinados medicamentos.
Por eso, la prevención debe incluir acceso a agua, pausas de recuperación, sombra cuando sea posible, adaptación de las tareas a las condiciones ambientales y protocolos específicos para el estrés térmico.
No es suficiente evaluar cuánto produce un equipo durante una jornada. También es necesario analizar en qué condiciones trabaja la gente que lo mantiene operativo.
Los controles médicos deben ir más allá de cumplir con un trámite
Los exámenes periódicos laborales son una herramienta importante para detectar problemas de salud y evaluar la aptitud para las tareas. Pero su verdadero valor depende de que los hallazgos se traduzcan en seguimiento, prevención y atención médica cuando corresponda.
Un control no debería ser visto únicamente como un requisito administrativo para continuar trabajando. Es una oportunidad para revisar factores de riesgo, consultar dudas y actuar antes de que aparezcan complicaciones.
La presión arterial, el perfil lipídico —incluidos colesterol y triglicéridos—, los antecedentes familiares, el tabaquismo, la glucosa y otros indicadores deben evaluarse de acuerdo con la situación de cada persona y el criterio médico.
En algunos casos, el profesional puede considerar la medición de lipoproteína(a), un factor de riesgo que también tiene un componente genético importante. No es necesario que todas las personas se realicen todos los estudios: la decisión debe tomarse con orientación médica.
Y hay una advertencia fundamental: tener un análisis de colesterol dentro de los valores recomendados no garantiza por sí solo que el riesgo cardiovascular sea nulo.
La prevención también es una responsabilidad de las empresas
La salud del trabajador no puede quedar exclusivamente en manos de su voluntad individual. Las empresas tienen la posibilidad de crear condiciones que faciliten decisiones saludables y de fortalecer la prevención dentro de sus programas de seguridad y salud ocupacional.
Algunas medidas concretas incluyen:
- Garantizar opciones de alimentación equilibrada y agua potable durante toda la jornada.
- Organizar pausas y descansos compatibles con la seguridad de las operaciones.
- Incorporar programas de actividad física adaptados a cada instalación.
- Reforzar los controles médicos y el seguimiento de los factores de riesgo detectados.
- Capacitar sobre señales de alarma cardiovascular y protocolos de emergencia.
- Evaluar la carga térmica, la fatiga y las condiciones de recuperación entre turnos.
- Facilitar el acceso a atención médica y a desfibriladores externos automáticos cuando corresponda, con personal capacitado y protocolos claros.
La implementación debe adecuarse a las características de cada operación, pero el objetivo es compartido: reducir riesgos prevenibles y proteger a las personas que sostienen la actividad.
Cuando el cuerpo avisa, no hay que esperar
El infarto y otros eventos cardiovasculares pueden presentarse con síntomas diferentes. Una presión o dolor en el pecho, falta de aire repentina, sudor frío, náuseas, mareo o molestias que se extienden hacia los brazos, la espalda, el cuello o la mandíbula requieren atención urgente, especialmente si aparecen de forma repentina o se combinan.
No todos los episodios presentan el mismo cuadro y algunos pueden manifestarse sin el dolor torácico típico.
Ante síntomas compatibles con una emergencia cardiovascular, hay que activar inmediatamente el sistema de emergencias local y seguir el protocolo del establecimiento. No se debe esperar a terminar la maniobra, completar el turno o comprobar si las molestias desaparecen.
Los relatos de trabajadores que se descompensan, sufren una emergencia mientras caminan o no despiertan después de dormir deben tratarse con respeto y sin atribuirles una causa médica sin información clínica. Una muerte súbita puede obedecer a distintas condiciones y requiere investigación médica para determinar su origen.
Lo que sí corresponde es reconocer que la preparación para emergencias cardiovasculares debe formar parte de la seguridad de cualquier instalación.
Vaca Muerta produce energía. ¿Cómo protege a quienes la producen?
La industria hidrocarburífera mide su evolución en barriles, metros perforados, etapas de fractura, eficiencia y exportaciones. Son indicadores importantes para evaluar el negocio y la capacidad productiva del país.
Pero hay otro indicador que merece la misma atención: la salud de los trabajadores que hacen posible cada operación.
Un petrolero puede cumplir con sus procedimientos, utilizar sus elementos de protección y aprobar sus exámenes periódicos, y aun así necesitar una estrategia de prevención cardiovascular más completa. La ciencia demuestra que el riesgo no depende de un único factor y que controlar el colesterol LDL, aunque fundamental, no elimina todas las posibilidades de enfermedad.
El desafío es transformar ese conocimiento en mejores condiciones de trabajo, controles médicos útiles, alimentación adecuada, descanso suficiente y acceso oportuno a la atención sanitaria.
Porque detrás de cada turno hay una persona, una familia y una vida que no puede reducirse a una planilla de producción.
En Vaca Muerta, la seguridad no debería terminar cuando se apaga una alarma o se entrega el turno. También debe incluir todo aquello que permita que cada trabajador regrese a su casa y pueda volver al día siguiente sin poner en juego su salud.
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Importante: esta nota tiene fines informativos y no reemplaza una consulta médica. No se deben modificar tratamientos para el colesterol ni suspender medicación sin indicación profesional.
Fuentes de referencia: estudio publicado en el European Heart Journal y datos generales de la Organización Mundial de la Salud sobre enfermedades cardiovasculares.
Fuente: vmo