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43 equipos activos y un nuevo desafío para la industria en 2027

La formación neuquina alcanzó un récord de 43 equipos de perforación activos y el sector proyecta llegar a 50 durante 2027.

43 equipos activos y un nuevo desafío para la industria en 2027

La formación neuquina alcanzó un récord de 43 equipos de perforación activos y el sector proyecta llegar a 50 durante 2027.

Con pozos que se perforan en apenas 15 días y ramas horizontales cada vez más extensas, el desafío será coordinar la perforación, las fracturas, la logística y la infraestructura para transformar la velocidad operativa en más producción.

Vaca Muerta está entrando en una nueva etapa de intensidad operativa. La cantidad de equipos de perforación activos, la reducción de los tiempos de trabajo y el desarrollo de pozos horizontales más largos reflejan una industria que busca extraer más hidrocarburos con una utilización cada vez más eficiente de sus recursos.

En septiembre de 2026, la formación neuquina concentró 43 equipos de perforación activos, sobre un total de 56 contabilizados en la Argentina. Los 13 restantes estaban destinados a operaciones convencionales.

Las proyecciones del sector apuntan a cerrar el año con alrededor de 45 equipos activos en el país y sumar otros cinco durante 2027, lo que permitiría alcanzar los 50.

El dato marca una tendencia importante para la principal formación no convencional argentina: el crecimiento ya no depende únicamente de sumar equipos, sino también de mejorar su rendimiento, coordinar las distintas etapas operativas y eliminar los obstáculos que pueden frenar el desarrollo de los yacimientos.

Perforar un pozo en 15 días: la eficiencia cambia la escala

Uno de los indicadores que mejor refleja la evolución tecnológica de Vaca Muerta es el tiempo necesario para perforar un pozo.

De acuerdo con los datos presentados por Mariano de la Riestra, gerente de Tecnopatagonia, el promedio se ubicó en 15 días, aunque algunas operaciones lograron completarse en menos de diez.

A esa mejora se suma el crecimiento de las ramas horizontales, que promedian aproximadamente 3.300 metros. También se informó sobre la perforación de alrededor de seis pozos con ramas superiores a los 4.500 metros.

La combinación de mayor velocidad y mayor longitud horizontal permite modificar la planificación de los desarrollos. Sin embargo, perforar más rápido no significa automáticamente producir más en la misma proporción: el resultado final también depende de la geología, el diseño del pozo, las etapas de fractura y la capacidad para poner la producción en el sistema de transporte.

La eficiencia, por lo tanto, debe evaluarse sobre el conjunto de la operación y no solamente sobre el tiempo que permanece activo el equipo de perforación.

El objetivo de 540 pozos para 2026

Hasta septiembre se habían perforado 383 pozos durante el año, según el relevamiento presentado por Tecnopatagonia. La proyección es cerrar 2026 con aproximadamente 540, sujeta al ritmo de actividad del último trimestre.

Alcanzar ese volumen requerirá sostener una coordinación precisa entre las operadoras y las compañías de servicios. Cada pozo involucra una cadena de tareas que comienza con la preparación de la locación y continúa con la perforación, la terminación, las fracturas hidráulicas y la conexión a las instalaciones de producción.

Si una de esas etapas se retrasa, la eficiencia alcanzada en las demás puede perder parte de su efecto económico.

Por eso, el crecimiento de los equipos activos debe analizarse junto con la disponibilidad de servicios, materiales, personal capacitado y capacidad logística. En una industria que trabaja con cronogramas intensivos, la previsibilidad es tan importante como la velocidad.

La fractura vuelve a ser una variable crítica

El aumento de la capacidad de perforación plantea una pregunta central: ¿puede la terminación de los pozos avanzar al mismo ritmo?

Según los datos expuestos por el sector, en la Argentina operaban alrededor de 15 sets de fractura, con la posibilidad de contabilizar uno adicional. La utilización de esa capacidad se ubicaba en torno del 58% durante septiembre.

La incorporación de técnicas de fractura simultánea, la ampliación de las horas de bombeo y una mejor organización de las operaciones permitieron elevar el rendimiento de los equipos de terminación.

Sin embargo, el relevamiento también señaló una diferencia entre la capacidad disponible para realizar fracturas y la cantidad de pozos perforados que estaban listos para recibirlas. Hasta septiembre se contabilizaban unas 10.000 etapas de fractura pendientes de ejecución por falta de pozos disponibles, según la información difundida.

Este dato necesita leerse con precisión: no se trata necesariamente de 10.000 etapas que estén detenidas en una misma condición operativa, sino de una referencia sobre el desequilibrio entre la capacidad de fractura y la disponibilidad de pozos para completar.

La coordinación entre perforación y terminación será decisiva para evitar que la expansión de un segmento genere capacidad ociosa en otro. En Vaca Muerta, el objetivo no es solamente perforar más pozos, sino ponerlos en producción en el menor tiempo posible y con costos competitivos.

Las pymes petroleras también deben prepararse

Detrás de cada equipo de perforación hay una red de empresas que sostiene la operación: transporte, mantenimiento, insumos, alojamiento, alimentación, movimiento de cargas, servicios especializados y logística de campo.

Cuando aumenta la actividad, esa red recibe más demanda y necesita ampliar su capacidad. Cuando los cronogramas cambian de manera imprevista, las empresas proveedoras también absorben costos derivados de equipos, personal y recursos que deben permanecer disponibles.

Las pymes que integran el segundo y tercer anillo de proveedores enfrentan, por lo tanto, una doble exigencia: invertir para responder a operaciones más intensivas y contar con información anticipada que les permita organizar sus recursos.

Para las empresas regionales, el crecimiento proyectado puede representar una oportunidad de nuevos contratos y mayor actividad. Pero para aprovecharla necesitan previsibilidad, acceso al financiamiento, incorporación tecnológica y condiciones comerciales que permitan sostener las inversiones.

El crecimiento de Vaca Muerta no se mide únicamente en cantidad de torres. También se expresa en la capacidad de toda la cadena de valor para acompañar la expansión sin perder eficiencia ni competitividad.

La arena y el transporte: la logística que sostiene cada fractura

Otro indicador del nivel de actividad es el consumo de arena utilizada en la fractura hidráulica. Según los datos compartidos durante la exposición, el volumen del último mes relevado se acercó a las 600.000 toneladas.

Ese nivel de demanda exige una coordinación permanente entre abastecimiento, almacenamiento, transporte y entrega en las locaciones. La arena es uno de los insumos centrales de la terminación de pozos y su disponibilidad debe acompasarse con los cronogramas de las operadoras.

Una demora logística puede alterar la programación de una operación, mientras que una planificación más precisa permite organizar viajes, administrar inventarios y reducir tiempos improductivos.

La utilización de información anticipada sobre los programas de actividad podría mejorar la coordinación entre operadoras, transportistas y proveedores. Para una cuenca que aspira a seguir aumentando su producción, la logística deja de ser un aspecto secundario y se convierte en una variable directa de competitividad.

Más equipos exigen más infraestructura

La proyección de llegar a 50 equipos de perforación en 2027 debe analizarse dentro de un escenario de expansión más amplio. El crecimiento de los pozos necesita acompañarse con instalaciones de superficie, capacidad de procesamiento, transporte de crudo y gas, caminos adecuados y servicios suficientes para las operaciones.

Las obras de evacuación petrolera, entre ellas el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), forman parte de esa ecuación. La ampliación de la capacidad de transporte permitirá reducir restricciones y abrir nuevas posibilidades comerciales a medida que crezca la producción.

Pero la infraestructura también incluye cuestiones cotidianas para quienes trabajan en el campo: accesos a las locaciones, circulación segura de vehículos pesados, mantenimiento de rutas, suministro eléctrico y disponibilidad de servicios.

Si el ritmo de perforación aumenta más rápido que la capacidad de respuesta de esos componentes, los beneficios de la eficiencia operativa pueden verse limitados por cuellos de botella externos al pozo.

El próximo récord dependerá de toda la cadena

Vaca Muerta ya demuestra que la tecnología y la experiencia acumulada permiten perforar con mayor rapidez y desarrollar ramas horizontales más extensas. La incorporación de nuevos equipos podría ampliar esa capacidad durante 2027.

Sin embargo, el próximo salto no dependerá exclusivamente de alcanzar una cifra determinada de torres activas. Requerirá sincronizar perforación, fractura, producción, transporte y servicios, además de garantizar que las empresas proveedoras puedan acompañar la demanda.

La oportunidad también tiene una dimensión laboral e industrial. Más actividad puede generar trabajo para operadores, técnicos, choferes, especialistas en mantenimiento y trabajadores de empresas de servicios, siempre que la expansión se traduzca en contratos sostenidos y capacidades locales.

Vaca Muerta está aprendiendo a perforar más rápido. El verdadero desafío es lograr que cada mejora en el pozo se convierta en más producción, menores costos y oportunidades concretas para la industria argentina.

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Fuente: vmo

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