
Estanflación las luces ya parpadean
La alarma que ya se escucha en la economía real.
La palabra empezó a circular en voz baja entre economistas, empresarios y analistas. Hoy ya se pronuncia sin rodeos: estanflación. Un término incómodo que describe el peor de los mundos posibles para cualquier país: actividad que no crece y precios que siguen subiendo.
El cierre de la histórica Fate no fue solo una noticia industrial. Fue una señal. Una luz roja que se encendió en la economía real y que expone una tensión que va mucho más allá de una empresa puntual.
Cuando la macro festeja y la micro se asfixia
Desde el Gobierno de Javier Milei se destacan logros que, en términos financieros, son concretos:
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acumulación de reservas
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caída del riesgo país
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tipo de cambio relativamente estable
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ordenamiento fiscal
Pero en paralelo, el tejido productivo muestra otra película.
Los datos se acumulan:
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21.046 empresas cerraron entre enero de 2024 y octubre de 2025 (SRT)
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la metalurgia opera al 40,6% de su capacidad (ADIMRA)
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la industria perdió casi 65.000 empleos en dos años (Unión Industrial Argentina)
No son casos aislados. Es un patrón.
Fate: ¿ineficiencia o síntoma?
La caída de Fate tiene múltiples lecturas.
Por un lado, es cierto que la planta arrastraba problemas estructurales: maquinaria antigua, costos elevados y un concurso preventivo que venía desde 2019.
Por otro, la apertura importadora —con aranceles que bajaron del 35% al 16%— aceleró un desenlace que muchas industrias temen replicar.
El debate de fondo es más profundo que Fate:
¿Argentina está corrigiendo ineficiencias… o está atravesando una destrucción acelerada de capacidad productiva?
La respuesta, por ahora, es mixta y todavía abierta.
La palabra maldita: estanflación
El concepto no es nuevo. Lo acuñó en los años 60 el economista británico Ian Macleod para describir una anomalía que rompía la clásica curva de William Phillips.
Hoy vuelve al centro del debate argentino.
Economistas de distintas vertientes —como Roberto Cachanosky, Diego Giacomini y Carlos Melconian— coinciden en un diagnóstico preocupante:
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la inflación desacelera menos de lo esperado
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el nivel de actividad no despega
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el consumo sigue debilitado
Los propios datos oficiales muestran que el PBI en dólares está prácticamente en niveles de 2015. Una década perdida en crecimiento.
La Patagonia: el impacto silencioso
Mientras el debate se concentra en Buenos Aires, en la Patagonia el golpe ya se siente con fuerza.
Muchas pymes:
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cerraron
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se achicaron
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o migraron hacia el único polo que hoy muestra dinamismo: Vaca Muerta
Pero el desarrollo del shale, aunque potente, no absorbe toda la mano de obra que se pierde en el resto de la economía regional.
El resultado es un fenómeno cada vez más visible:
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ciudades con actividad petrolera intensa
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pero cinturones urbanos con empleo frágil
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y familias que no logran recomponer ingresos
El termómetro social empieza a subir
Hay señales que el bolsillo ya no puede disimular:
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útiles escolares por las nubes
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ropa con aumentos acumulados
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cuotas de colegios privados en fuerte alza
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la carne nuevamente en tensión
Cuando estos rubros se recalientan al mismo tiempo que la actividad se enfría, el clima social cambia rápido.
La gran incógnita no es técnica. Es política y social:
¿Cuánto tiempo puede resistir la microeconomía de las familias si la recuperación del empleo se demora?
¿Ajuste transitorio o riesgo de daño permanente?
El Gobierno apuesta a que el actual proceso es el costo inevitable de ordenar la economía y que, una vez estabilizada la macro, llegará la reactivación.
Sus críticos advierten otro riesgo: que en el camino se destruya capacidad productiva difícil de reconstruir.
La historia argentina muestra que ambas cosas pueden ocurrir.
Por eso, el verdadero punto de inflexión no será un indicador financiero sino tres variables muy concretas en los próximos meses:
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nivel de empleo formal
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evolución del salario real
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ritmo de cierre o apertura de empresas
Ahí se jugará el partido real.
Lo que nadie dice en voz alta
Hoy la economía argentina no está colapsada.
Pero tampoco está claramente en recuperación.
Está en una zona gris.
Una zona donde:
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la macro se ordena
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la inflación baja más lento de lo esperado
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y la economía real camina sobre terreno frágil
La estanflación no siempre se declara de golpe. A veces se instala de manera silenciosa.
La pregunta que empieza a recorrer fábricas, comercios y hogares no es menor:
¿Estamos atravesando el último tramo del ajuste… o entrando en una meseta peligrosa?
Como siempre en Argentina, la respuesta no vendrá de los discursos.
Vendrá del movimiento —o la quietud— de la economía real en los próximos trimestres.
Fuente: vmo