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La trampa de la inflación baja

El salario real se hunde un 30% y el consumo no encuentra piso.

La trampa de la inflación baja

El salario real se hunde un 30% y el consumo no encuentra piso.

Aunque el índice de precios muestra una desaceleración hacia el 2,5%, el poder adquisitivo de los argentinos registra una caída histórica. Especialistas advierten que la falta de pesos en la calle y la concentración económica impiden que el alivio inflacionario llegue a la mesa de los hogares.

La economía argentina presenta hoy una cara de dos dimensiones. Por un lado, las planillas oficiales del INDEC muestran una inflación que empieza a ceder, con proyecciones para abril que rondan el 2,5%. Por el otro, la realidad de las góndolas y los hogares revela una crisis de ingresos que no tiene precedentes cercanos: el poder adquisitivo ha retrocedido hasta un 30% en poco más de dos años.

Esta brecha entre el dato estadístico y el bolsillo es lo que los analistas denominan "la trampa de la estabilización". El nudo del problema ya no es solo cuánto aumentan las cosas, sino con qué recursos cuentan los ciudadanos para pagarlas.

Los números que no cierran

El primer trimestre de 2026 cerró con una inflación acumulada del 9,4%, una cifra que prácticamente agota la pauta del 10% prevista en el Presupuesto Nacional para todo el año. Sin embargo, lo más alarmante es el "decalage" salarial:

  • Sector Privado Registrado: Perdió un 28% frente a la inflación desde fines de 2023.

  • Sector Público: La caída supera el 30%.

  • Sector Informal: El impacto es aún más profundo, dejando a miles de familias por debajo de la línea de indigencia a pesar de tener empleo.

Consumo en picada y mercados concentrados

El diagnóstico es claro: el consumo masivo lleva más de dos años en terreno negativo. Lo curioso es que esta baja se mantiene incluso sin emisión monetaria significativa y con una demanda deprimida. ¿Por qué, entonces, los precios no bajan más rápido?

La respuesta está en la puja distributiva y la alta concentración del mercado. "Menos de 20 empresas abastecen la mesa de los argentinos", señala el especialista. Esta estructura oligopólica permite que, ante la incertidumbre o el aumento de costos regulados (como las tarifas de energía y combustibles), las empresas líderes fijen precios que las segundas y terceras marcas —muchas veces pertenecientes a los mismos holdings— terminan replicando.

El costo de la energía: la otra presión

Un punto de fricción para la economía doméstica —y especialmente para regiones productoras como la nuestra— es el precio de los combustibles. El análisis de Prado subraya una contradicción: Argentina paga valores de surtidor como si fuera un país importador neto, incluso por encima de naciones que no poseen recursos hidrocarburíferos. Este costo se traslada a toda la cadena logística, funcionando como un "impuesto silencioso" que mantiene la inercia inflacionaria.

La ilusión de la métrica

Otro factor que distorsiona la percepción de mejora es la metodología del INDEC. El índice actual utiliza una estructura de consumo que no refleja el peso real que hoy tienen los servicios regulados (luz, gas, transporte) en el presupuesto familiar. Al aumentar estos rubros por encima del promedio general, la "inflación percibida" por una familia de ingresos medios es muy superior al 2,5% que celebra el Gobierno.

Conclusión: Bajar la inflación es una condición necesaria, pero no suficiente. Sin una recomposición urgente de los ingresos que permita reactivar el consumo, la desaceleración de los precios corre el riesgo de ser el síntoma de una economía paralizada más que de una moneda sana. El desafío de 2026 ya no es solo domar al "monstruo" de los precios, sino evitar que la paz inflacionaria se logre a costa de un desierto en el mercado interno.

Fuente: vmo

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