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Offshore en el Atlántico Sur: el potencial argentino sigue intacto, pero la falta de visión estratégica agranda la brecha

La exploración offshore volvió a ocupar un lugar central en la agenda energética global.

Offshore en el Atlántico Sur: el potencial argentino sigue intacto, pero la falta de visión estratégica agranda la brecha

La exploración offshore volvió a ocupar un lugar central en la agenda energética global.

El mapa del Atlántico Sur muestra un contraste cada vez más evidente entre los países que avanzan con decisión y aquellos que todavía dudan. Argentina comparte historia geológica y potencial hidrocarburífero con Uruguay, el sur de Brasil y el margen africano, pero los resultados recientes dejan al descubierto una brecha que ya no es solo técnica, sino política y estratégica.

Un informe del Instituto de Energía de la Universidad Austral advierte que, si bien el potencial argentino sigue vigente, el ritmo de avance regional exige definiciones más rápidas y una visión de largo plazo, algo que hoy aparece fragmentado.

Argentina: mucho conocimiento acumulado, pocas decisiones

Desde la licitación de áreas offshore en 2019, la actividad en el Mar Argentino se concentró principalmente en campañas sísmicas 2D y 3D y estudios de interpretación regional. Ese trabajo permitió mejorar el entendimiento geológico, pero no fue acompañado por una secuencia sostenida de perforaciones, especialmente en cuencas de frontera como la Cuenca Argentina Norte (CAN), donde el sistema petrolero aún no está confirmado.

El pozo Argerich-1, perforado en 2024 por Equinor junto a YPF y Shell, marcó un hito técnico y simbólico. Si bien fue declarado seco, su valor excede el resultado puntual: aportó información clave para recalibrar modelos exploratorios. Sin embargo, un solo pozo no construye una estrategia offshore, y allí aparece la principal debilidad argentina: la falta de continuidad.

Mientras se acumulan datos, el país sigue postergando decisiones que otros ya tomaron.

El sur avanza, pero no alcanza

El escenario es diferente en el extremo sur. Proyectos como Fénix, en la cuenca Austral marina, y la decisión final de inversión sobre Sea Lion, en Malvinas Norte, muestran que cuando el sistema está probado, las definiciones llegan. Hoy, la producción offshore del sur ya aporta cerca del 20% del gas del país, confirmando que Argentina tiene capacidad técnica y operativa para desarrollar proyectos marinos de escala.

Pero incluso allí persiste un problema estructural: no existe una cadena de suministros offshore desarrollada, lo que limita el impacto industrial y obliga a depender de servicios importados. Sin una política clara de desarrollo local, el offshore corre el riesgo de convertirse en una actividad extractiva con bajo derrame económico.

Brasil y Uruguay: cuando hay visión, hay resultados

El contraste más fuerte aparece al mirar a los vecinos. Brasil es el caso paradigmático: apostó durante décadas a la exploración marítima, sostuvo políticas de Estado y hoy es una potencia offshore global. La visión estratégica fue clave: perforar, aprender, insistir.

Uruguay, sin producción aún, entendió el mensaje. Ya asumió compromisos concretos de perforación, con majors y NOCs que pasarán de la evaluación sísmica a los pozos exploratorios entre 2026 y 2027. El mensaje es claro: sin pozos no hay offshore.

El espejo africano y una advertencia incómoda

El margen africano, particularmente Namibia, expone con crudeza lo que ocurre cuando la exploración se sostiene en el tiempo. Más de diez pozos en apenas dos años transformaron una frontera geológica en un nuevo polo petrolero. No fue casualidad: fue decisión política, inversión y continuidad.

La comparación deja una pregunta incómoda para Argentina:
si nosotros no avanzamos, otros lo harán, incluso en regiones sensibles del Atlántico Sur donde ya operan intereses extranjeros.

El offshore ya no es solo una discusión técnica

El debate offshore en Argentina dejó de ser geológico. Hoy es estratégico, soberano y político. No se trata de un pozo seco o exitoso, sino de si el país está dispuesto a sostener una política de exploración marítima a largo plazo, como lo hizo Brasil y como hoy lo hacen otros actores con mayor determinación.

Explorar el Atlántico Sur no es solo buscar petróleo o gas: es definir presencia, conocimiento, industria y soberanía. La ventana sigue abierta, pero no lo estará para siempre. La diferencia entre liderar o mirar desde afuera depende, una vez más, de la visión que Argentina decida adoptar.

Fuente: vmo

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