
Tragedia de NAO
El abismo entre la negligencia denunciada y la certeza judicial.
Por la Redacción
La justicia neuquina dictó un veredicto que resuena con fuerza en los parques industriales de Plaza Huincul y Cutral Co: la absolución unánime de los cinco imputados por la explosión en la refinería New American Oil (NAO). Para el tribunal, las pruebas no fueron suficientes para conectar las decisiones de los directivos con la chispa que, el 22 de septiembre de 2022, terminó con la vida de Víctor Herrera, Gonzalo Molina y Fernando Jara.
Sin embargo, más allá de la inocencia técnica de los acusados, el juicio dejó al desnudo una realidad inquietante sobre cómo se opera en el corazón energético del país.
La fragilidad de los protocolos
Durante las 13 jornadas de debate, el Ministerio Público Fiscal describió una planta que operaba "a ciegas". La acusación pintó un escenario donde la producción de "recon" —un producto clave en el proceso de la refinería— se realizaba bajo directivas verbales, sin mediciones precisas de presión o temperatura, y en un entorno con instalaciones eléctricas que no cumplían con las normativas básicas para zonas con riesgo de explosión.
¿Es posible que en una industria que se jacta de estándares internacionales se trabaje bajo la informalidad del "más o menos"? Si bien el tribunal consideró que no se probó el "dolo eventual" (es decir, que los responsables supieran que la planta explotaría y no les importara), el relato de los testigos dejó una sensación de vulnerabilidad que interpela a todo el sector.
El peso de la prueba técnica
El juez Leandro Borgonovo marcó una diferencia jurídica fundamental con otros casos emblemáticos como el de Aguada San Roque. Al tratarse de una operación privada y no de una obra pública, la carga de la prueba sobre la causalidad del siniestro se vuelve mucho más rígida.
La fiscalía no logró convencer al tribunal de que la explosión ocurrió exactamente como ellos la reconstruyeron. En el derecho penal, ante la duda, el beneficio es para el acusado. Pero en el terreno social y laboral, la duda es una herida abierta: si no fue la falta de inversión o la negligencia operativa, ¿qué fue lo que mató a tres trabajadores mientras cumplían su turno?
Un mensaje para el sector
Esta absolución no debería interpretarse como una validación de las formas de trabajo denunciadas. Por el contrario, la tragedia de NAO debe servir como un punto de inflexión. La industria petrolera y sus derivados son, por definición, actividades de alto riesgo. La seguridad no puede ser una variable de ajuste en la planilla de costos ni un protocolo que solo se cumple en los papeles.
Hoy, las familias de Herrera, Molina y Jara se retiran de los tribunales con un sabor amargo. La justicia penal ha hablado, pero la seguridad industrial en Vaca Muerta sigue teniendo deudas pendientes. El crecimiento récord de producción no puede caminar a una velocidad diferente que la seguridad de quienes lo hacen posible.
Fuente: vmo