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Un poco de historia de un petrolero.

El ADN de Mosconi en los yacimientos del siglo XXI.

Un poco de historia de un petrolero.

El ADN de Mosconi en los yacimientos del siglo XXI.

Hoy Vaca Muerta bate récords de producción, proyecta plantas de GNL y discute la eficiencia de cada pie perforado en el no convencional. Miramos las pantallas, analizamos los sistemas de control de sólidos y contamos los barriles diarios orientados a la exportación. Pero para entender por qué hoy tenemos la capacidad técnica y operativa de sostener este presente, hay que mirar un siglo atrás. Hay que mirar al hombre que inventó el ADN de la industria petrolera argentina: el General Ingeniero Enrique Mosconi.

El juramento en El Palomar: El nacimiento de una doctrina

La historia grande de nuestro petróleo no nació en un laboratorio de geología, nació de una humillación estratégica. En agosto de 1922, como director del Servicio de Aeronáutica del Ejército, Mosconi fue a pedir aeronafta a la West India Oil Company (Wico), filial de la todopoderosa Standard Oil. La respuesta del ejecutivo extranjero fue un cachetazo: no había combustible si no se pagaba por adelantado, a pesar de que el Estado no tenía deudas.

Mosconi se dio cuenta en ese mismo escritorio de que las alas de la Patria dependían del humor de un gerente foráneo. Su reflexión posterior fue la que dio origen a la industria nacional:

"¿Y si en lugar de un entrenamiento debiéramos defender la Capital Federal de un ataque enemigo? ¿Qué haríamos si por la torpe actitud de un comerciante nos veíamos impedidos de volar?".

Allí mismo juró romper los trusts petroleros. Dos meses después, el presidente Alvear le ofreció una dirección deficitaria y caótica llamada Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Mosconi aceptó de inmediato. Tenía una misión.

La gestión del Ingeniero: Eficiencia pública y números duros

Como ingenieros y consultores de proyectos, sabemos que el nacionalismo de café no perfora pozos. Mosconi aplicó la doctrina de la "nación en armas" que había estudiado en Europa: para resguardar la soberanía, el país necesitaba un desarrollo económico-productivo real por detrás.

En ocho años (1922-1930), bajo la sigla comercial YPF creada en su gestión, transformó un desierto operativo en la décima potencia de refinación mundial. Los números de su balance cierran mejor que los de cualquier multinacional actual:

Indicador Estratégico El punto de partida (1922) El legado consolidado (1930)
Balance Financiero Deficitario, demandaba fondos del Tesoro Nacional. Totalmente superavitario; expansión financiada con utilidades propias.
Infraestructura de Red Un solo despacho de crudo en Dársena Sur (para calderas). Más de dos mil surtidores distribuidos en todo el territorio nacional.
Logística Marítima 4 buques-tanque (21.520 toneladas de carga). 7 buques-tanque (46.300 toneladas) + 9 embarcaciones de apoyo.
Capacidad de Refinación Dependencia total de la importación de combustibles. Puesta en marcha de la Destilería de La Plata (la más grande de América Latina por décadas).
Producción de Crudo 450.000 metros cúbicos/año (Únicamente en Comodoro Rivadavia). Más de 1.500.000 metros cúbicos/año (Sumando Plaza Huincul, Salta y Mendoza).
Política de Precios Precios altos e impuestos arbitrariamente por las corporaciones. El segundo precio más bajo de América Latina y uniforme en todo el país.

Mosconi demostró que el Estado podía ser más eficiente que los privados si se aplicaban "normas de una correcta administración" y se blindaba la operatividad de las rencillas de "la pequeña política". Creó las divisiones de topografía, geofísica y geología, y fundó junto a la UBA el Instituto del Petróleo (hoy IGPUBA). Sabía que para controlar el yacimiento, primero había que controlar el conocimiento técnico.

El pozo, el sindicato y la "Solidaridad Social"

Desde la perspectiva político-sindical, Mosconi fue un precursor absoluto. Dos décadas antes del ascenso del justicialismo, él ya entendía que no hay producción sustentable si el trabajador es una variable de ajuste. En 1936 escribió sobre la "solidaridad social" en el mismo sentido en que hoy entendemos la justicia social:

"Para bien de la Nación y la prosperidad de sus habitantes es menester contemplar siempre en primer término la situación del hombre, obrero o empleado".

Bajo su mando, los campamentos petroleros inhóspitos de la Patagonia se convirtieron en comunidades dignas: construyó viviendas, escuelas y hospitales. Trabajó sobre la moral y el espíritu de los obreros, haciéndolos sentir parte de una causa nacional. Pero además, sentó las bases comerciales de la cadena de valor: la YPF de Mosconi priorizaba y promovía la industria nacional de proveedores y subcontratistas locales. Una política de compre nacional idéntica a la que hoy pelean nuestras PyMEs en la cuenca neuquina.

El "Nuevo San Lorenzo" y la mirada de la Patria Grande

El 1 de agosto de 1929 es una fecha que todo trabajador de la energía debería tatuarse. Mosconi lo llamó su "nuevo San Lorenzo". Con apenas el 15% del mercado interno y sin lograr que el Congreso nacionalizara el recurso por el freno de los legisladores conservadores, YPF ejecutó una maniobra comercial brillante: bajó los precios drásticamente e impuso un valor uniforme en todo el país. Los trusts internacionales (Standard Oil y Shell) tuvieron que acatar las reglas del Estado argentino. Habíamos conquistado la independencia económica en el surtidor.

Esa victoria no se quedó en las fronteras de la Argentina. Mosconi fue un militante de la unidad latinoamericana. Fundó la "Alianza Continental" y giró por la región sembrando su experiencia. En México, un joven oficial llamado Lázaro Cárdenas escuchó sus conferencias; diez años después, Cárdenas nacionalizaría el petróleo mexicano creando PEMEX. Del mismo modo, el modelo de YPF inspiró el nacimiento de las petroleras estatales de Uruguay (ANCAP), Bolivia (YPFB) y Brasil (Petrobras).

El precio de la osadía: Lawfare del siglo XX

La historia argentina suele ser implacable con los que tocan los intereses correctos. El golpe de Estado de 1930, impulsado en las sombras por el lobby de la Standard Oil, barrió con la gestión de Mosconi. Lo que vino después es un manual de lo que hoy conocemos como lawfare: campañas de difamación mediática, persecución judicial y falsas denuncias de malversación.

Lo acusaron de "asociación ilícita" y de "vínculos espurios con los comunistas" por haberle comprado petróleo a la Unión Soviética a través de la firma Iuyamtorg. A Mosconi no le importaba la geopolítica de bloques; le importaba que los rusos cambiaran crudo por alimentos argentinos, defendiendo la balanza comercial y esquivando el monopolio anglosajón.

Uriburu le ofreció la cárcel o el destierro. Eligió el exilio en Italia. Cuando regresó en el gobierno de Justo, lo confinaron a un puesto administrativo menor. La amargura del maltrato público y la persecución le provocaron una hemiplejía. Murió en 1940, a los 62 años, en la pobreza absoluta, dedicando sus últimos días a escribir para la juventud. Las causas judiciales, por supuesto, se cerraron años después por falta total de pruebas. El daño ya estaba hecho.

Vaca Muerta y el espejo del General

Hoy que en la cuenca neuquina discutimos el impacto de las grandes inversiones del RIGI, el destino de nuestras regalías y la necesidad urgente de infraestructura vial y habitacional para Añelo, la figura de Mosconi se agranda.

El General nos enseñó que el subsuelo es solo geopolítica de entrega si no hay una ingeniería local que lo domine, una cadena de proveedores nacionales que lo sostenga y un sindicato fuerte que garantice la dignidad de los que ponen el cuerpo en la locación. Vaca Muerta es el motor del futuro de la Argentina, pero no olvidemos nunca que su columna vertebral se forjó hace un siglo con el uniforme de un militar que pensaba como ingeniero, gestionaba con eficiencia corporativa y defendía el suelo patrio como el primero de sus trabajadores.

Fuente: VMO

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