
Vaca Muerta entra en la era de la eficiencia
El próximo salto no se medirá solo en equipos, sino en talento y tecnología.
La industria de servicios petroleros ya demostró que puede acompañar el crecimiento del shale argentino. Ahora enfrenta un desafío diferente: aumentar la productividad, incorporar inteligencia artificial y digitalización, renovar capacidad instalada y formar a los trabajadores que necesitará una operación cada vez más intensiva y sofisticada.
Por Diego Chauqui | Análisis energético – VacaMuertaOnline
Vaca Muerta ya no necesita demostrar que puede crecer.
Los números de producción, la velocidad de perforación y completación y la incorporación permanente de nuevas inversiones dejaron atrás aquella etapa en la que el shale argentino era presentado como una promesa.
El desafío ahora es otro: cómo crecer más sin que los costos, la falta de equipos, la infraestructura o la escasez de trabajadores especializados se conviertan en el límite del desarrollo.
Ese fue uno de los principales ejes que atravesó el debate de las empresas de servicios petroleros durante el encuentro “Shale in Argentina: Unleashing Vaca Muerta to the World”, realizado en Houston y organizado por el IAPG y su seccional Houston.
La discusión dejó una conclusión particularmente importante para el futuro de la cuenca: la próxima etapa de Vaca Muerta no dependerá únicamente de perforar más pozos. Será necesario hacer más metros, más etapas de fractura y más operaciones utilizando mejor cada recurso disponible.
Y ahí aparecen tres palabras que comienzan a definir el futuro del shale argentino:
eficiencia, tecnología y talento.
El nuevo límite de Vaca Muerta no está debajo de la tierra
Durante los primeros años del desarrollo masivo del shale, la discusión estaba concentrada en el recurso.
¿Hay petróleo suficiente?
¿El gas tiene escala?
¿Argentina puede desarrollar los yacimientos?
Hoy esas preguntas tienen respuestas mucho más claras.
La discusión comenzó a desplazarse hacia la superficie.
¿Tenemos suficientes equipos?
¿Tenemos infraestructura?
¿Tenemos trabajadores capacitados?
¿Podemos mantener el ritmo de actividad sin que los costos destruyan competitividad?
Ese cambio de escenario es fundamental.
Porque cuando una industria comienza a crecer rápidamente, los cuellos de botella dejan de estar necesariamente en el subsuelo y empiezan a aparecer en la cadena de servicios que sostiene cada operación.
Vaca Muerta necesita fracturas, pero también necesita bombas, equipos de perforación, herramientas, tuberías, transporte, mantenimiento, control de sólidos, logística, tratamiento de fluidos, energía, comunicaciones, seguridad, ingeniería y miles de trabajadores especializados.
El shale es una cadena. Si un eslabón no acompaña, toda la operación pierde eficiencia.
De siete a doce etapas: la batalla por hacer más en menos tiempo
Uno de los datos más interesantes expuestos durante el encuentro surgió de la experiencia de SPI.
Miguel Di Vincenzo explicó cómo la industria consiguió aumentar fuertemente la productividad durante los últimos años. Entre los ejemplos mencionados aparece un salto significativo en la cantidad de etapas realizadas diariamente: de aproximadamente siete a doce.
El dato parece simplemente operativo, pero en realidad muestra algo mucho más profundo.
En el shale, cada hora cuenta.
Reducir tiempos improductivos, optimizar movimientos, mejorar la coordinación entre equipos y utilizar información en tiempo real puede traducirse en más etapas realizadas, mayor utilización de los equipos y una reducción del costo por barril equivalente.
Por eso, el futuro no necesariamente consiste en colocar una cantidad ilimitada de equipos nuevos.
También consiste en hacer que los equipos existentes produzcan más y mejor.
La tecnología deja de ser una ventaja y empieza a ser una obligación
La digitalización dejó de ser una herramienta complementaria dentro del campo petrolero.
Está comenzando a convertirse en parte de la infraestructura operativa.
Sensores, automatización, análisis de datos, inteligencia artificial, mantenimiento predictivo y sistemas de monitoreo pueden modificar la forma en que se toman decisiones en una locación.
Pero hay una cuestión que muchas veces queda fuera de la discusión:
la tecnología no reemplaza automáticamente al trabajador especializado.
Lo transforma.
Un operador deberá interpretar más información. Un supervisor tendrá que tomar decisiones con mayor velocidad. Los técnicos deberán comprender equipos cada vez más automatizados. Y los profesionales tendrán que combinar conocimiento de campo con herramientas digitales.
La industria petrolera que viene necesitará trabajadores que conozcan la operación y los datos.
Ese cruce puede convertirse en una de las mayores ventajas competitivas de Argentina.
El problema que puede aparecer antes que el petróleo: la falta de gente
Los ejecutivos de las empresas de servicios también pusieron sobre la mesa otro desafío que Vaca Muerta no puede ignorar: el capital humano.
Si la actividad continúa creciendo, aumentará la demanda de operadores, técnicos, ingenieros, especialistas en mantenimiento, logística, seguridad, ambiente y múltiples disciplinas vinculadas al upstream.
Y aquí aparece una contradicción.
Argentina tiene una enorme experiencia petrolera acumulada durante décadas, pero el crecimiento del no convencional exige nuevas competencias y una escala de capacitación mucho mayor.
No alcanza con esperar que el mercado laboral produzca espontáneamente esos trabajadores.
Hay que formarlos.
Y la capacitación deberá comenzar antes de que aparezca la necesidad.
El desafío no es solamente comprar más equipos
Luis Perdomo, de Halliburton, puso el foco sobre la evolución de la escala operativa alcanzada por Vaca Muerta.
La comparación histórica resulta contundente: actividades que años atrás parecían difíciles de sostener hoy forman parte de una operación mucho más grande y consolidada.
Eso demuestra que la industria argentina aprendió.
Pero también plantea una nueva exigencia.
El próximo crecimiento deberá estar acompañado por infraestructura y capacidad instalada.
Más actividad significa mayor demanda sobre equipos de fractura, perforación, transporte, talleres, bases operativas y proveedores.
La pregunta que comienza a aparecer es quién tendrá capacidad para responder cuando varias operadoras incrementen simultáneamente sus programas.
Ahí puede aparecer una oportunidad enorme para las empresas de servicios argentinas.
La oportunidad para las PYMES petroleras
Existe otro aspecto que merece atención.
Cuando una industria aumenta su escala, no solamente crecen las grandes compañías.
También se multiplica la demanda alrededor de ellas.
Una mayor actividad puede abrir oportunidades para empresas dedicadas al transporte, mantenimiento, metalmecánica, electricidad, instrumentación, control de sólidos, tratamiento de fluidos, logística, servicios ambientales, tecnología y capacitación.
Pero para aprovechar esa oportunidad las PYMES deberán profesionalizarse.
Vaca Muerta ya no puede ser atendida con estructuras improvisadas.
Las operadoras necesitan proveedores capaces de trabajar con estándares de seguridad, calidad, trazabilidad, documentación, indicadores de desempeño y capacidad financiera.
La próxima etapa puede generar una verdadera segunda generación de proveedores argentinos de clase internacional.
El trabajador petrolero también está cambiando
Hay una transformación que merece una mirada particular.
Durante décadas, el conocimiento petrolero estuvo fuertemente asociado con la experiencia adquirida en el campo.
Ese conocimiento continúa siendo fundamental.
Pero ahora se combina con nuevas herramientas.
El trabajador que viene deberá comprender procesos, interpretar información, utilizar sistemas digitales, trabajar con automatización y adaptarse rápidamente a nuevas tecnologías.
La experiencia de campo y la formación tecnológica ya no compiten: se necesitan mutuamente.
Ese puede ser uno de los grandes desafíos de los próximos años.
Y también una oportunidad para las escuelas técnicas, universidades, centros de formación profesional, sindicatos y empresas.
Vaca Muerta necesita construir su propio modelo de productividad
El shale argentino tiene una característica que no puede perderse de vista.
Compite internacionalmente.
El petróleo puede venderse en mercados globales y las empresas comparan costos y productividad con otras cuencas del mundo.
Por eso, producir más no será suficiente.
Argentina tendrá que demostrar que puede producir competitivamente.
La eficiencia de una fractura, el tiempo de perforación, la utilización de equipos, el consumo de agua, arena y energía, los tiempos logísticos y la disponibilidad de personal terminarán formando parte de una misma ecuación.
Cada mejora individual puede convertirse en competitividad para toda la cuenca.
La inteligencia artificial llega al pozo, pero el conocimiento seguirá siendo humano
Uno de los grandes cambios que probablemente veremos durante los próximos años será la incorporación creciente de inteligencia artificial.
La IA puede ayudar a detectar patrones, anticipar fallas, analizar grandes volúmenes de información y mejorar la planificación.
Pero hay una diferencia fundamental entre tener tecnología y saber utilizarla.
El verdadero salto se producirá cuando los datos del campo, la experiencia del trabajador y la capacidad de procesamiento tecnológico comiencen a funcionar como un mismo sistema.
Ese es el verdadero concepto detrás de la transformación digital del Oil & Gas.
Vaca Muerta frente a su próxima prueba
El debate desarrollado en Houston permite mirar Vaca Muerta desde otra perspectiva.
La cuenca ya consiguió algo que hace pocos años parecía difícil:
alcanzar una escala industrial de clase mundial.
Ahora deberá demostrar que puede sostenerla.
Y para eso necesitará mucho más que inversión.
Necesitará:
- más productividad;
- más equipos y capacidad instalada;
- infraestructura;
- digitalización;
- inteligencia artificial;
- proveedores competitivos;
- trabajadores especializados;
- capacitación permanente;
- coordinación entre operadoras y empresas de servicios.
ANÁLISIS | VACAMUERTAONLINE
La discusión de fondo ya cambió.
Vaca Muerta dejó de preguntarse si puede crecer. Ahora debe preguntarse cómo crecer mejor.
La próxima barrera no necesariamente será geológica. Puede ser humana, logística, tecnológica o financiera.
Y existe una oportunidad enorme detrás de ese desafío.
Argentina puede desarrollar una industria de servicios petroleros mucho más sofisticada, capaz no solo de abastecer a Vaca Muerta sino también de exportar conocimiento, tecnología y servicios hacia otras cuencas del mundo.
Para lograrlo habrá que mirar más allá del próximo pozo.
El verdadero objetivo debería ser construir un ecosistema energético competitivo, donde una operadora, una empresa de servicios, una PYME, un técnico, un ingeniero, un desarrollador tecnológico y un centro de capacitación formen parte de una misma cadena de valor.
Porque el próximo salto de Vaca Muerta no se definirá solamente por cuántos barriles produzca.
Se definirá por cuánto valor sea capaz de generar cada barril producido.
Y allí estará, probablemente, la verdadera batalla energética argentina de los próximos años.
Fuente: vmo