
Chubut vuelve a perforar
Crown Point reactiva El Tordillo con US$ 45 millones.
Después de más de tres años, Crown Point retomó la perforación en Puesto Quiroga, dentro de la histórica concesión El Tordillo. El programa contempla ocho pozos por año, 24 workovers y una inversión inicial de US$ 45 millones. La apuesta busca frenar el declino de una cuenca madura y sostener el empleo petrolero.
El regreso de un equipo de perforación al Golfo San Jorge tiene un significado que excede los límites de un yacimiento.
Después de más de tres años sin perforar en el área Puesto Quiroga, dentro de la histórica concesión El Tordillo, Crown Point Energía volvió a poner un equipo en operación y comenzó un nuevo programa de desarrollo.
El primer pozo ya superó los 1.500 metros de profundidad y tiene como objetivo alcanzar los 3.600 metros.
El programa contempla ocho pozos por año, con una inversión promedio de US$ 4,8 millones por perforación.
Para el primer año, el acuerdo con la provincia contempla US$ 45 millones, incluyendo las ocho nuevas perforaciones, 24 intervenciones de workover y otras tareas destinadas a recuperar producción.
No es una inversión menor para una cuenca que lleva décadas produciendo.
El desafío de perforar en una cuenca madura
El Tordillo pertenece a una región petrolera muy diferente de la que hoy concentra buena parte de las expectativas de crecimiento de Argentina.
Mientras Vaca Muerta avanza con pozos horizontales, fracturas cada vez más intensivas y una expansión orientada también a la exportación, el Golfo San Jorge enfrenta un problema estructural: el declino natural de una cuenca madura.
En ese escenario, volver a perforar adquiere otra dimensión.
No se trata solamente de agregar nuevos pozos. También significa intentar recuperar actividad en áreas donde cada barril adicional requiere decisiones de inversión, tecnología y eficiencia.
La estrategia es clara: combinar perforación nueva con workovers y otras intervenciones para sostener y recuperar producción.
La operación de Crown Point había estado anteriormente en manos de Tecpetrol y pasó a la nueva operadora mediante la autorización establecida en el Decreto Provincial N.º 1419/2025.
US$ 45 millones detrás de una señal laboral
La inversión también tiene una lectura laboral.
La recuperación de actividad en una cuenca madura implica volver a movilizar equipos, contratistas, servicios petroleros y trabajadores.
Durante la recorrida por el yacimiento participaron autoridades provinciales y representantes de los sindicatos petroleros, entre ellos Jorge Ávila, del Sindicato del Petróleo y Gas Privado del Chubut, y José Lludgar, del Sindicato Petrolero Jerárquico de la Patagonia Austral.
Desde las organizaciones sindicales destacaron precisamente la recuperación de puestos de trabajo y la posibilidad de volver a generar actividad.
El punto resulta central para Chubut.
Una cuenca madura no solamente pelea contra el declino geológico. También necesita evitar que el menor nivel de actividad termine provocando la salida de equipos, empresas de servicios y trabajadores especializados.
Cuando una perforadora abandona una cuenca, recuperar esa capacidad después puede ser mucho más difícil.
Chubut intenta cambiar la ecuación
El Gobierno provincial viene planteando una estrategia basada en mejorar las condiciones de competitividad de los proyectos convencionales.
Durante la recorrida, el gobernador Ignacio Torres vinculó la reactivación con el trabajo conjunto entre Provincia, empresas y sindicatos y con la necesidad de generar condiciones para nuevas inversiones.
También mencionó la denominada Mesa de Competitividad, la eliminación de aranceles a los polímeros y de retenciones, y los cambios introducidos en materia hidrocarburífera.
Según planteó el mandatario, uno de los objetivos fue eliminar el denominado precio sostén para que el crudo chubutense pueda comercializarse en función de su valor de mercado.
Más allá de las distintas interpretaciones sobre esas medidas, el problema que enfrenta Chubut es concreto: hacer económicamente atractiva la inversión en una cuenca madura frente a otras oportunidades petroleras del país y del mundo.
El contraste con Vaca Muerta
Y acá aparece Vaca Muerta.
Argentina está construyendo dos modelos petroleros que van a convivir durante los próximos años.
Por un lado, una formación no convencional con capacidad de aumentar rápidamente producción mediante perforación y fractura masiva, acompañada por nuevas rutas de evacuación y proyectos de exportación.
Por otro, cuencas convencionales maduras que necesitan inversión selectiva, recuperación secundaria y terciaria, workovers y nuevas perforaciones para extender la vida productiva de sus activos.
El desafío no es necesariamente elegir entre una y otra.
La cuestión es qué modelo de inversión necesita cada cuenca.
En Vaca Muerta, el problema es cómo acompañar el crecimiento con infraestructura, equipos, arena, agua, rutas, oleoductos y capital.
En el Golfo San Jorge, la discusión pasa por cómo mantener económicamente viables áreas que llevan décadas produciendo.
Son problemas diferentes, pero forman parte de la misma discusión energética.
Pecom también apuesta al Golfo San Jorge
La reactivación de Crown Point no es un hecho aislado.
Según informó el Gobierno de Chubut, Pecom también avanza con un programa para las áreas El Trébol, Escalante y Cañadón Perdido, anteriormente operadas por YPF.
La compañía prevé una inversión de US$ 190 millones durante los primeros 18 meses, con 28 pozos previstos: 19 productores y nueve inyectores.
El programa incluye además workovers, pulling y la expansión de proyectos de recuperación terciaria mediante plantas de polímeros.
La combinación es significativa.
Mientras Crown Point vuelve a perforar en El Tordillo, Pecom proyecta inversiones en otros activos convencionales. El objetivo provincial es que esa suma de proyectos permita ralentizar el declino y sostener el entramado petrolero de Chubut.
La discusión que queda para toda la industria
La experiencia del Golfo San Jorge deja una enseñanza que también alcanza a Vaca Muerta.
La producción petrolera no depende únicamente de cuánto recurso existe bajo tierra.
Depende de que exista un modelo económico capaz de convertir ese recurso en inversión.
En una cuenca madura, eso significa encontrar nuevas herramientas para recuperar producción que todavía puede ser económicamente viable.
En Vaca Muerta, significa evitar que el crecimiento productivo quede limitado por infraestructura, servicios, logística o falta de capital.
Son dos caras de una misma realidad.
Argentina tiene petróleo, pero necesita convertirlo en actividad sostenida.
Chubut intenta hacerlo extendiendo la vida de una cuenca histórica.
Neuquén intenta hacerlo llevando Vaca Muerta hacia una escala cada vez mayor.
El desafío, en ambos casos, es que detrás de cada pozo existe mucho más que petróleo: hay equipos, trabajadores, empresas de servicios, ciudades y economías regionales que dependen de que la actividad no se detenga.
Vaca Muerta puede ser el motor del crecimiento petrolero argentino, pero el Golfo San Jorge todavía tiene mucho por producir. La verdadera discusión es cuánto tiempo y bajo qué condiciones económicas podrá hacerlo.
Fuente: VMO