
Vaca Muerta crea empleo, pero el verdadero impacto laboral está mucho más allá del petróleo
Energía y minería son protagonistas del crecimiento argentino, pero todavía no lograron recuperar en todo el país el empleo formal perdido desde fines de 2023.
Neuquén es la excepción: el desarrollo de Vaca Muerta empieza a despegarse del promedio nacional y genera una transformación que las estadísticas sectoriales no siempre consiguen mostrar.
El boom de Vaca Muerta tiene una particularidad que empieza a ser cada vez más evidente: produce más petróleo y gas, atrae inversiones, impulsa exportaciones y demanda infraestructura, pero ese crecimiento no aparece necesariamente reflejado en las estadísticas como una explosión del empleo petrolero.
El dato nacional es contundente. En junio de 2026 había 6,126 millones de asalariados privados registrados, unos 246.312 menos que en noviembre de 2023, último mes completo antes del cambio de gobierno.
Dentro de ese escenario, las actividades vinculadas con los recursos naturales tampoco escaparon completamente a la contracción. Entre diciembre de 2023 y junio de 2026, minas y canteras perdió alrededor de 8.300 empleos formales, mientras que electricidad, gas y agua cayó en unos 600 puestos.
Pero mirar solamente esos números puede llevar a una conclusión incompleta sobre lo que está ocurriendo en Vaca Muerta.
El trabajador de Vaca Muerta no siempre figura como petrolero
Un pozo no se perfora solamente con trabajadores registrados bajo la actividad petrolera.
Detrás de cada etapa de desarrollo aparecen empresas de transporte, construcción, metalmecánica, logística, mantenimiento, servicios profesionales, fabricación de equipos, alimentación, alojamiento y una extensa cadena de proveedores.
Un camionero que transporta arena hacia una locación puede estar registrado en transporte.
Una empresa que construye un oleoducto puede aparecer dentro de construcción.
Un trabajador que fabrica o repara equipamiento para una operación de fractura puede pertenecer a la industria manufacturera.
Un profesional contratado por una empresa de servicios puede quedar dentro de servicios empresariales.
Y una persona que trabaja en infraestructura vinculada con el desarrollo energético puede no aparecer nunca dentro de la categoría estadística de petróleo y gas.
Por eso, el empleo generado por Vaca Muerta no puede medirse exclusivamente mirando la fila de “minas y canteras” del SIPA.
Ese es uno de los grandes desafíos para interpretar el verdadero impacto laboral del desarrollo no convencional.
Neuquén muestra otra Argentina laboral
La diferencia aparece con claridad cuando se mira el mapa provincial.
Mientras el empleo privado formal nacional registró una caída interanual de 1,9% en junio, Neuquén mostró un crecimiento de 5,2%.
Río Negro creció 3,6% y San Juan 1,3%.
La comparación con noviembre de 2023 es todavía más significativa: Neuquén aumentó 8,7% su empleo privado formal y Río Negro 3,3%, convirtiéndose en las dos provincias que superaron claramente los niveles previos al cambio de gobierno.
No es casual que ambas formen parte del nuevo mapa energético que está construyendo Vaca Muerta.
Neuquén concentra la producción hidrocarburífera.
Río Negro está incorporando infraestructura estratégica para sacar ese petróleo hacia los mercados internacionales, con oleoductos, terminales y obras vinculadas al crecimiento de las exportaciones.
El fenómeno empieza a generar un corredor económico que excede ampliamente los límites geográficos del yacimiento.
600 pozos también significan miles de trabajos alrededor
La discusión laboral adquiere otra dimensión cuando se la conecta con la escala que está tomando el desarrollo.
Neuquén proyecta 600 nuevos pozos puestos en producción durante 2027.
Pero 600 pozos no significan únicamente 600 operaciones de perforación.
Cada nuevo desarrollo necesita caminos, agua, arena, combustibles, equipos de perforación, sets de fractura, transporte, mantenimiento, alojamiento, alimentación, servicios ambientales, tratamiento de residuos, oleoductos y personal especializado.
Y allí aparece una diferencia fundamental.
El crecimiento de Vaca Muerta es intensivo en capital, pero también es intensivo en una cadena de servicios.
La perforación puede automatizar procesos y aumentar la productividad.
Las etapas de fractura pueden utilizar equipos cada vez más eficientes.
Las ramas petroleras pueden producir mucho más con una cantidad relativamente limitada de trabajadores directos.
Pero alrededor de esa operación se multiplica una red de actividades que no necesariamente lleva la etiqueta “petróleo”.
El próximo cuello de botella también será laboral
La expansión prevista para 2027 plantea además una pregunta diferente: ¿hay suficiente infraestructura y personal para acompañar el crecimiento?
La industria ya está tensionando otros recursos.
La demanda de arena de fractura podría pasar de aproximadamente 6 millones de toneladas en 2026 a 7,5 millones en 2027, de acuerdo con las proyecciones difundidas para acompañar el crecimiento de los pozos.
También aumentan las necesidades de agua, transporte y equipos especializados.
Y existe otro movimiento que empieza a verse en las operaciones.
Durante septiembre, varios equipos de perforación comenzaron a terminar campañas y liberar pozos, mientras los sets de fractura disponen de algunos días para incorporar nuevas etapas.
Eso significa que el sistema está entrando en una nueva fase: la capacidad de perforar deja de ser el único indicador de crecimiento y gana importancia la capacidad de completar los pozos en tiempo y forma.
Allí vuelven a aparecer los trabajadores.
No solamente los perforadores y fracturadores.
También operadores de plantas, técnicos, mecánicos, electricistas, soldadores, choferes, especialistas en sólidos, trabajadores de logística, mantenimiento, seguridad, ambiente y servicios auxiliares.
La paradoja: más productividad, menos trabajadores por unidad de producción
El caso energético expone una transformación que puede resultar paradójica.
Una industria puede aumentar fuertemente su producción sin aumentar en la misma proporción su cantidad de trabajadores.
Eso ocurre porque la productividad por trabajador aumenta.
En Vaca Muerta, la extensión de las ramas horizontales, la optimización de las etapas de fractura, la utilización de tecnología, la estandarización de operaciones y la concentración de actividad permiten producir cada vez más con operaciones más eficientes.
Por eso, un récord de producción no necesariamente genera un récord equivalente de empleo directo.
El problema aparece cuando se compara ese modelo con actividades como comercio, construcción o determinados segmentos industriales, donde cada punto de expansión puede requerir una cantidad mucho mayor de trabajadores.
Es precisamente por eso que el boom de los recursos naturales puede coexistir con una economía nacional que todavía muestra dificultades para recuperar el empleo privado formal.
El verdadero desafío: que el boom se convierta en cadena de valor
La discusión ya no debería ser solamente cuántos empleos crea Vaca Muerta.
La pregunta es qué tipo de empleo crea, dónde queda y cuánto valor agregado genera alrededor de cada barril y cada molécula de gas.
Si el crecimiento se concentra exclusivamente en aumentar la producción primaria, el impacto laboral directo tendrá necesariamente un límite.
Si, en cambio, la expansión energética impulsa fabricación de equipos, talleres, metalmecánica, servicios tecnológicos, logística, construcción de infraestructura, tratamiento de residuos, mantenimiento especializado y nuevas industrias vinculadas con el gas y el petróleo, el efecto sobre el mercado laboral puede ser mucho mayor.
Ahí está uno de los grandes desafíos para Neuquén y para la Argentina.
Vaca Muerta no termina en el pozo
La estadística del SIPA cuenta trabajadores y empresas según la actividad declarada por sus empleadores. La cadena de Vaca Muerta es mucho más grande que esa clasificación.
Por eso, cuando se habla de que energía y minería todavía no generaron suficientes puestos formales para compensar la pérdida nacional, el dato debe ser tomado en su verdadera dimensión.
El problema existe.
Pero también existe otra realidad: Neuquén está creando empleo formal a contramano del promedio nacional.
Y ese fenómeno no ocurre solamente porque haya más petróleo.
Ocurre porque alrededor del petróleo está creciendo una economía completa.
Los 600 pozos proyectados para 2027, los millones de toneladas de arena, los nuevos oleoductos, las rutas, las terminales de exportación y los proyectos de gas y GNL forman parte de la misma ecuación.
Vaca Muerta puede producir más con menos trabajadores directos. La discusión decisiva será cuántos empleos indirectos, proveedores, industrias y servicios puede generar alrededor de cada barril producido.
Porque el verdadero derrame de Vaca Muerta no se mide solamente en barriles.
También se mide en cuántas personas pueden vivir de todo lo que ocurre alrededor de ellos.
Fuente: VMO