
Vaca Muerta apunta a 600 pozos en 2027
la fractura y la arena ya empiezan a marcar el límite.
Neuquén proyecta poner en producción 600 pozos durante 2027. El salto de actividad obliga a mirar el otro lado del récord: no alcanza con perforar más rápido si la arena, el agua, los sets de fractura y la logística no acompañan el ritmo.
Vaca Muerta se prepara para entrar en una nueva escala de actividad.
La provincia de Neuquén proyecta que durante 2027 se pondrán en producción unos 600 nuevos pozos, una cifra que marcaría un nuevo récord y que representa un crecimiento del 28% respecto de los 467 pozos conectados durante 2025.
Pero detrás del número aparece una pregunta mucho más importante para la industria:
¿Está preparada toda la cadena de servicios para acompañar ese salto?
Porque un pozo no termina cuando se perfora. Entre la perforación y la producción existe una etapa crítica: la completación, donde la fractura hidráulica define buena parte de la capacidad productiva futura del desarrollo.
Y allí comienza a aparecer el próximo cuello de botella de Vaca Muerta.
Septiembre muestra el cambio de ritmo
La dinámica de septiembre permite observar lo que puede ocurrir en los próximos meses.
Varios equipos de perforación están terminando sus campañas y liberando pozos. A partir de allí comienza otra carrera: los sets de fractura deben ingresar, preparar sus operaciones y sumar etapas para evitar que los pozos perforados queden esperando durante demasiado tiempo.
Es un cambio importante.
Durante años, la discusión estuvo concentrada en cuántos equipos podían perforar y cuántos pozos podía completar cada compañía.
Ahora el desafío es coordinar toda la secuencia.
Perforar más rápido solamente sirve si la fractura puede acompañar.
Y la fractura, a su vez, necesita arena, agua, bombeo, transporte, personal especializado y una logística capaz de abastecer operaciones simultáneas.
De 185 pozos a 600
La transformación de Vaca Muerta se observa claramente en la evolución de los pozos puestos en producción.
En 2018 fueron 185.
En 2019, 183.
La pandemia redujo el número a apenas 89 en 2020.
Después llegó el salto: 260 pozos en 2021, 404 en 2022, 411 en 2023, 420 en 2024 y 467 en 2025.
Entre enero y julio de 2026 ya se habían incorporado otros 284.
La proyección de 600 pozos para 2027 no representa solamente un nuevo récord estadístico. Implica sostener durante todo un año una cadena industrial funcionando a una velocidad considerablemente superior a la de hace pocos años.
Y la escala empieza a cambiar las prioridades.
La arena se convierte en un insumo estratégico
El primer límite identificado por Neuquén es uno de los materiales más invisibles de Vaca Muerta: la arena de fractura.
Cada fractura hidráulica requiere grandes cantidades de propante para mantener abiertas las fracturas creadas en la roca y permitir que los hidrocarburos lleguen al pozo.
La demanda provincial proyectada pasaría de aproximadamente 6 millones de toneladas en 2026 a 7,5 millones en 2027.
Y el salto podría ser todavía mayor.
Si hacia 2029 Vaca Muerta alcanza un ritmo de alrededor de 1.000 pozos nuevos por año, la necesidad de arena podría llegar a 12 millones de toneladas anuales.
Son volúmenes que obligan a pensar la arena como infraestructura.
No solamente como una materia prima.
Se necesitan producción, procesamiento, almacenamiento, transporte y sistemas de distribución capaces de colocar el material en el lugar exacto y en el momento en que comienza una fractura.
El verdadero cuello de botella es la coordinación
La arena es apenas una parte de la ecuación.
También crece la demanda de agua, camiones, equipos especiales, sets de fractura y trabajadores capacitados.
Y todos estos recursos compiten por capacidad al mismo tiempo.
La situación se vuelve particularmente sensible cuando varios equipos de perforación terminan sus pozos en períodos similares y los sets de fractura deben absorber esa nueva cartera de trabajo.
Si la capacidad de completación no crece al mismo ritmo, puede generarse un desfasaje:
más pozos perforados, pero más pozos esperando ser fracturados.
Ese inventario puede convertirse en uno de los indicadores más importantes para medir la eficiencia real de la expansión.
La nueva generación de pozos también consume más recursos
Vaca Muerta no solamente perfora más pozos.
También perfora pozos más largos.
Las ramas horizontales pasaron de aproximadamente 1.000 metros a más de 4.000 metros en la actualidad.
La mejora tecnológica permitió aumentar la productividad de cada pozo, pero también elevó la cantidad de recursos necesarios para construirlo y estimularlo.
Más longitud horizontal significa más etapas de fractura.
Más etapas implican mayor consumo de arena y agua.
Y mayor intensidad operativa exige más capacidad logística.
Por eso el récord de pozos debe analizarse junto con otro indicador: cuántos recursos necesita cada pozo.
VMOS cambia la lógica del petróleo
La expansión proyectada tampoco ocurre aislada del desarrollo de infraestructura.
La puesta en marcha del sistema Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) modifica la ecuación para el petróleo porque permite pensar en una capacidad de evacuación y exportación mucho mayor.
Eso genera un incentivo adicional para acelerar los desarrollos de crudo.
La consecuencia es directa: si existe capacidad para sacar más petróleo de la cuenca, las compañías tienen más espacio para aumentar perforación y completación.
Pero eso vuelve a colocar presión sobre los servicios.
La infraestructura de evacuación puede dejar de ser el principal límite mientras otros componentes de la cadena comienzan a tensionarse.
El cuello de botella se mueve.
El próximo problema puede estar fuera del pozo
Hay una característica particular de esta nueva etapa de Vaca Muerta.
La producción ya no depende exclusivamente de lo que sucede dentro de la locación.
Depende cada vez más de una red industrial que incluye:
- arena;
- agua;
- equipos de fractura;
- transporte pesado;
- combustible;
- caminos;
- personal especializado;
- plantas de tratamiento;
- infraestructura eléctrica;
- capacidad de almacenamiento;
- oleoductos y gasoductos.
Una falla en cualquiera de esos eslabones puede limitar el ritmo del conjunto.
Por eso el desafío de los 600 pozos en 2027 no es solamente geológico ni tecnológico.
Es logístico e industrial.
Y después viene el gas
El escenario puede volverse todavía más exigente cuando al crecimiento del petróleo se sume la expansión de los proyectos de GNL.
El desarrollo del gas abre una segunda fuente de demanda para Vaca Muerta y puede aumentar todavía más la necesidad de perforación, completación e infraestructura.
La industria podría encontrarse entonces frente a una situación inédita: crecer simultáneamente en petróleo y gas, con mercados de exportación cada vez más importantes.
Eso exige una capacidad de servicios muy superior a la que necesitaba la cuenca cuando su objetivo principal era abastecer el mercado argentino.
Vaca Muerta entra en la etapa de la escala
El récord de 600 pozos puede convertirse en una de las señales más importantes del crecimiento de la formación.
Pero el verdadero desafío no será alcanzar ese número.
Será sostenerlo.
Y allí la discusión cambia.
Ya no alcanza con preguntar cuántos equipos de perforación hay.
Hay que mirar cuántos sets de fractura pueden operar, cuánta arena puede llegar a tiempo, cuánta agua está disponible, cuántos trabajadores especializados necesita la actividad y qué capacidad logística existe para mover todo ese volumen.
Vaca Muerta está dejando atrás la etapa de demostrar que puede producir. Ahora tiene que demostrar que puede escalar.
Y septiembre empieza a mostrar dónde puede aparecer la próxima restricción: entre el pozo perforado y el pozo efectivamente puesto en producción.
La arena es el primer aviso.
La capacidad de fractura puede ser el siguiente.
Y detrás de ambos aparece una pregunta mucho más grande:
¿Puede toda la infraestructura de Vaca Muerta crecer al mismo ritmo que la roca?
Fuente: VMO