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Combustibles

El impuesto que vuelve a poner presión sobre Vaca Muerta y toda la economía petrolera.

Combustibles

El impuesto que vuelve a poner presión sobre Vaca Muerta y toda la economía petrolera.

El Presupuesto 2027 proyecta que la recaudación de los impuestos sobre los combustibles líquidos y el dióxido de carbono crecerá 59,3%, muy por encima de la inflación estimada. El dato no permite anticipar una suba equivalente en los surtidores, pero sí muestra que el Estado espera recuperar parte del impuesto postergado. Para Vaca Muerta, el impacto no termina en el automovilista: alcanza al transporte, la logística, los equipos y el costo de producir.

El próximo aumento del precio de los combustibles no necesariamente está escrito en el surtidor.

Una parte de esa discusión se está definiendo en el Presupuesto 2027 y en el calendario de actualización de los impuestos que gravan las naftas y el gasoil.

El proyecto presupuestario contempla un fuerte crecimiento de la recaudación proveniente del Impuesto sobre los Combustibles Líquidos y del Impuesto al Dióxido de Carbono.

Según la proyección presentada por el Gobierno, esos ingresos pasarían de $7,64 billones en 2026 a $12,18 billones en 2027, un incremento del 59,3%, mientras que la inflación proyectada para el mismo período es del 18%.

El número no significa que la nafta o el gasoil vayan a aumentar 59,3%.

La recaudación también depende del volumen vendido, la evolución de la economía y la composición del consumo. Pero existe una señal concreta: el Estado espera recaudar considerablemente más a través de un impuesto que se aplica sobre cada unidad de combustible.

Y para una economía como la argentina, donde Vaca Muerta está multiplicando la actividad de perforación, transporte y logística, el dato merece una lectura más amplia.

El impuesto que quedó pendiente vuelve al centro de la escena

El sistema tributario establece montos fijos por unidad de combustible que deben actualizarse periódicamente.

El problema es que durante los últimos años esas actualizaciones fueron parcialmente postergadas.

La última decisión oficial volvió a diferir hasta el 1° de octubre de 2026 el impacto del remanente de las actualizaciones correspondientes a 2024, 2025 y al primer y segundo trimestre de 2026 para naftas y gasoil.

En otras palabras, parte del impuesto que debería haberse actualizado quedó acumulado.

La decisión permitió evitar un traslado inmediato y completo al precio de los combustibles, pero generó una especie de cuenta pendiente.

Ahora el Presupuesto 2027 incorpora una expectativa de fuerte recuperación de esa recaudación.

Ahí está la verdadera señal.

Para Vaca Muerta, el problema no termina en el surtidor

Cuando se habla de combustibles, normalmente la discusión queda concentrada en cuánto paga una persona para llenar el tanque.

Pero en Vaca Muerta el gasoil es también un insumo productivo.

Hay camiones que trasladan arena, agua, equipos, herramientas y materiales.

Hay maquinaria pesada.

Hay camionetas que recorren cientos de kilómetros.

Hay equipos de perforación, plantas, generadores, servicios especiales y una enorme red logística alrededor de cada pozo.

Por eso, una modificación en el costo del combustible puede trasladarse progresivamente a toda la cadena.

Más caro el gasoil significa mayor costo logístico.

Y mayor costo logístico significa mayor costo operativo.

La pregunta para la industria no es solamente cuánto costará llenar el tanque de una camioneta.

La pregunta es cuánto costará mover una operación petrolera completa.

Patagonia tiene un tratamiento diferencial

Acá aparece un dato que suele pasar desapercibido.

La normativa contempla un monto fijo diferencial del impuesto sobre los combustibles líquidos para el gasoil destinado al consumo en el área de influencia patagónica, que incluye a Neuquén, Río Negro, La Pampa, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, además de Patagones y Malargüe.

La existencia de ese tratamiento reconoce una realidad económica particular.

La Patagonia tiene enormes distancias, temperaturas extremas, infraestructura dispersa y una actividad productiva altamente dependiente del transporte.

En el caso de Neuquén, además, existe un elemento adicional: Vaca Muerta está creciendo justamente sobre una geografía donde cada pozo necesita una enorme cantidad de movimientos logísticos.

La ventaja tributaria sobre el gasoil, por lo tanto, no es un detalle menor para la competitividad regional.

El costo de mover Vaca Muerta

El desarrollo shale argentino está modificando la escala de la logística petrolera.

No se trata solamente de perforar más pozos.

Cada pozo necesita una cadena de abastecimiento permanente.

Arena.

Agua.

Combustible.

Tuberías.

Químicos.

Repuestos.

Equipos.

Personal.

Transporte.

Y después hay que sacar petróleo y gas.

Ese movimiento ocurre sobre rutas que ya están sometidas a una presión creciente.

Por eso, cuando aumenta el costo del combustible, el impacto se multiplica.

El gasoil no es solamente un producto final.

Es parte del costo de producir.

El problema aparece justo cuando la industria quiere bajar costos

Hay una paradoja en este escenario.

Vaca Muerta necesita aumentar productividad y reducir costos para competir internacionalmente.

Las compañías están buscando perforar más rápido, completar más pozos, utilizar mejor los equipos y reducir tiempos improductivos.

La industria también necesita mejorar la infraestructura vial y de transporte para que el crecimiento de la producción no termine chocando con cuellos de botella.

En ese contexto, un aumento de costos logísticos agrega presión sobre la ecuación económica.

No significa que vaya a frenar el desarrollo de Vaca Muerta.

Pero sí significa que cada dólar adicional de costo operativo importa cada vez más cuando el objetivo es transformar el shale argentino en una plataforma exportadora de escala mundial.

El Estado también necesita recaudar

Del otro lado está la necesidad fiscal.

El impuesto sobre los combustibles representa una fuente importante de recursos para el Estado.

La postergación de las actualizaciones permite moderar el impacto inmediato sobre los precios, pero reduce la recaudación efectiva.

El Presupuesto 2027 plantea ahora un escenario diferente: el Gobierno proyecta recomponer con fuerza los ingresos provenientes de estos tributos.

La discusión, entonces, no es simplemente si subirá la nafta.

Es una discusión entre tres variables:

recaudación, inflación y costos productivos.

Si el impuesto se actualiza, aumenta la recaudación potencial.

Pero también aumenta el componente tributario del precio del combustible.

Y si ese costo se traslada, puede terminar impactando sobre transporte, producción y consumo.

Hay otro dato: el Estado también resigna ingresos

El propio Presupuesto muestra que el esquema de combustibles no es solamente recaudación.

Para 2027, el Gobierno estima gastos tributarios vinculados con combustibles por $4,52 billones, frente a $2,55 billones proyectados para 2026.

Entre ellos aparecen diferencias de alícuotas, beneficios para determinados consumos regionales y el tratamiento tributario asociado a los biocombustibles.

Esto significa que existe una discusión adicional:

cuánto recauda el Estado y cuánto deja de recaudar para sostener determinados sectores, regiones o políticas.

En una economía petrolera como la neuquina, esa discusión adquiere una dimensión particular.

El gasoil también es energía

El Presupuesto incorpora además una excepción para 2027 que permite importar hasta 1 millón de metros cúbicos de gasoil y diésel oil sin esos impuestos cuando sean destinados a generación eléctrica para cubrir picos de demanda que no puedan atenderse con producción local, bajo autorización de la Secretaría de Energía.

La medida muestra hasta qué punto el combustible líquido continúa funcionando como respaldo del sistema energético.

Es decir, el mismo producto puede tener tres funciones distintas:

mover personas, mover producción y sostener generación eléctrica.

Por eso cualquier cambio tributario sobre el combustible termina teniendo un alcance mucho mayor que el precio publicado en una estación de servicio.

La señal para Vaca Muerta

El Presupuesto 2027 no dice que la nafta aumentará 59,3%.

Sería incorrecto leerlo de esa manera.

Lo que sí dice es que el Gobierno espera que la recaudación proveniente de los impuestos sobre combustibles crezca muy por encima de la inflación proyectada.

Y eso ocurre mientras la Argentina intenta acelerar la producción de Vaca Muerta, aumentar las exportaciones de petróleo y gas y reducir los costos de una industria que necesita ser competitiva internacionalmente.

La discusión que viene será, entonces, mucho más grande que el precio del litro.

Será una discusión sobre quién absorbe el costo de la recomposición tributaria.

El consumidor.

El transporte.

Las empresas.

Las petroleras.

Los contratistas.

O, finalmente, una combinación de todos.

Para Vaca Muerta, el desafío será evitar que la presión fiscal y logística termine comiéndose parte de las ganancias de productividad que la industria está consiguiendo en los yacimientos.

Porque en el shale, donde cada dólar de costo cuenta, el petróleo puede estar debajo de la tierra, pero buena parte de la rentabilidad se define en la ruta que lleva cada insumo hasta el pozo.

Fuente: VMO

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