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“Cuando la abundancia incomoda: la economía que nos exige madurar”

Durante décadas, hablar de desarrollo en Argentina era hablar de límites: escasez de inversión, restricciones a las exportaciones, marcos jurídicos inestables, falta de infraestructura.

“Cuando la abundancia incomoda: la economía que nos exige madurar”

Durante décadas, hablar de desarrollo en Argentina era hablar de límites: escasez de inversión, restricciones a las exportaciones, marcos jurídicos inestables, falta de infraestructura.

Hoy, sin embargo, grandes referentes de la energía, la agroindustria y la economía del conocimiento coinciden en un diagnóstico inesperado: la era de la escasez está dando paso a una Argentina de abundancia. Y el nuevo desafío ya no es conseguir recursos, sino aprender a gestionarlos con visión de futuro.

El cambio se nota, sobre todo, en sectores como la energía, la minería y el agro, que dejaron atrás su lógica de subsistencia para comenzar a proyectarse a escala global. Se habla de miles de millones de dólares en inversiones, de exportaciones récord, de empleo de calidad y de oportunidades que parecían imposibles hace apenas unos años.

Vaca Muerta, gas y licuefacción: un nuevo horizonte

Desde el sector energético, los proyectos de largo plazo se multiplican. Solo la industria hidrocarburífera invierte más de 11.000 millones de dólares anuales en desarrollos que apuntan, principalmente, a la exportación de gas natural y petróleo.

Un caso emblemático es el del proyecto de gas natural licuado (GNL) que Pan American Energy, junto a otros actores, impulsa en el Golfo San Matías, provincia de Río Negro. Se trata de una obra estratégica que no solo busca posicionar al país como proveedor global, sino que prevé triplicar su capacidad productiva en sucesivas etapas. La meta es clara: alcanzar exportaciones por 15.000 millones de dólares en los próximos cinco años.

Esta visión de largo plazo es posible gracias a un combo indispensable: seguridad jurídica, nuevas herramientas fiscales como el RIGI, y un renovado voto de confianza en la estabilidad del país.

El agro y la deuda pendiente del valor agregado

Mientras tanto, el campo argentino —uno de los pilares históricos de la economía— también empieza a pensar en clave de abundancia. Con inversiones anuales que rondan los 20.000 millones de dólares por campaña, la agroindustria es una maquinaria que tracciona, innova y demanda condiciones para despegar.

Sin embargo, todavía enfrenta trabas estructurales: retenciones, falta de actualización legal en semillas y propiedad intelectual, y un modelo que aún prioriza exportar materias primas antes que productos con valor agregado.

“La semilla no es solo un insumo, es conocimiento. Si no hay protección sobre ese conocimiento, muchas empresas se van”, señalan desde el sector. Y eso es lo que ha venido ocurriendo: desarrolladoras genéticas migran a Brasil y otros mercados donde se respetan las regalías, frenando el potencial de innovación local.

La oportunidad está, el desafío es político y cultural

Argentina está ingresando en una fase donde los recursos ya no son la limitación. Minería, litio, cobre, energía, biotecnología, software: hay talento, hay demanda global, hay reservas naturales, y hay experiencia acumulada.

Pero gestionar la abundancia exige otras reglas del juego. Exige estabilidad, respeto por las inversiones, planificación a largo plazo y, sobre todo, una cultura del desarrollo productivo que se imponga sobre las lógicas cortoplacistas y electoralistas que tantas veces frenaron al país.

La Argentina que viene no será la del milagro, sino la del esfuerzo inteligente. La del trabajo, la inversión y la confianza como moneda de cambio.

La pregunta es: ¿podremos dejar atrás el modelo de la escasez mental para construir una nación con ambición productiva?

Fuente: vmo

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