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El RIGI acelera Vaca Muerta

La industria proyecta US$ 145.000 millones en inversiones y más de 500.000 nuevos empleos.

El RIGI acelera Vaca Muerta

La industria proyecta US$ 145.000 millones en inversiones y más de 500.000 nuevos empleos.

La CEPH presentó ante el Senado el impacto que ya tiene el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones sobre el Oil & Gas. Los proyectos presentados suman US$ 145.380 millones y seis ya fueron aprobados por US$ 30.860 millones. La industria proyecta para 2035 una producción de 1,7 millones de barriles de petróleo y 300 millones de m³ diarios de gas.

El desarrollo de Vaca Muerta comienza a atravesar una nueva etapa. Ya no se trata solamente de aumentar la producción de petróleo y gas, sino de construir la infraestructura necesaria para transformar esos recursos en exportaciones, divisas, empleo e inversiones de largo plazo.

Ese fue uno de los principales ejes planteados por Carlos Ormachea, presidente de la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH), durante su exposición ante la Comisión de Presupuesto y Hacienda del Senado, en el marco del debate sobre la ampliación del régimen de incentivos a las inversiones.

El dato que sobresale es contundente: según las cifras presentadas por la cámara empresaria, existen 17 proyectos del sector Oil & Gas presentados al RIGI por US$ 145.380 millones, de los cuales seis ya fueron aprobados por un total de US$ 30.860 millones.

Para la industria, el régimen no solamente está generando nuevos proyectos. También está permitiendo adelantar inversiones que, bajo las condiciones anteriores, podrían haberse ejecutado mucho más adelante.

Vaca Muerta dejó de ser una promesa

Durante años, Vaca Muerta fue presentada como una oportunidad extraordinaria para Argentina.

Hoy la discusión es diferente.

La formación neuquina ya está produciendo volúmenes que modifican la matriz energética nacional y permiten pensar en una Argentina exportadora de hidrocarburos.

Ormachea puso números a esa transformación. Recordó que hace aproximadamente tres años Argentina producía unos 520.000 barriles diarios de petróleo y 120 millones de metros cúbicos diarios de gas.

En la actualidad, según los datos mencionados por el titular de la CEPH, esos niveles llegaron aproximadamente a 918.000 barriles diarios de petróleo y 160 millones de metros cúbicos de gas.

El próximo objetivo de la industria es todavía mayor.

La proyección presentada por la cámara apunta a alcanzar hacia 2035 una producción de:

  • 1.700.000 barriles de petróleo diarios.
  • 300 millones de m³ de gas diarios.

La magnitud de ese salto explica por qué la discusión energética argentina dejó de concentrarse exclusivamente en el abastecimiento interno.

El desafío ahora es cómo sacar, transportar, procesar y vender al mundo todo ese volumen adicional.

El RIGI como acelerador de inversiones

Para la CEPH, una de las principales ventajas del RIGI está vinculada con la naturaleza del negocio petrolero.

Los proyectos de upstream requieren enormes desembolsos antes de comenzar a generar ingresos significativos.

Perforación, fractura, instalaciones de superficie, infraestructura de transporte y desarrollo de los bloques demandan capital durante períodos prolongados.

En ese contexto, Ormachea destacó los cambios introducidos por la Ley Bases y el RIGI, entre ellos las condiciones tributarias, la eliminación progresiva de retenciones a las exportaciones y un mecanismo más ágil para recuperar créditos fiscales de IVA.

El argumento empresarial es que esas herramientas permiten que Argentina se acerque a las condiciones de competitividad que enfrentan otros países productores.

No se trata solamente de atraer capital extranjero.

También está en juego la decisión de las compañías que ya operan en el país sobre cuánto invertir, cuándo hacerlo y a qué velocidad desarrollar sus activos.

El verdadero impacto: la cadena que está detrás de cada pozo

Uno de los puntos más importantes de la exposición de Ormachea está fuera de los números de producción.

Es el impacto sobre la cadena de proveedores.

El crecimiento de Vaca Muerta requiere mucho más que compañías operadoras.

Necesita equipos de perforación, fractura hidráulica, transporte, arenas, cemento, productos químicos, logística, mantenimiento, alojamiento, alimentación, tecnología, servicios profesionales, seguridad, construcción y una enorme cantidad de proveedores locales.

Por eso la CEPH estima que el crecimiento de la actividad tendrá un efecto multiplicador sobre el empleo.

La cámara proyecta que los puestos de trabajo directos podrían duplicarse, mientras que la cadena de proveedores podría multiplicar su empleo entre 2,5 y 6,5 veces, dependiendo del eslabón.

La estimación global presentada por Ormachea habla de más de medio millón de posiciones laborales que podrían generarse hasta 2030.

Ese número no significa medio millón de nuevos puestos petroleros.

El impacto incluye toda la cadena de valor que se desarrolla alrededor de la actividad.

Y allí aparece una de las discusiones centrales para Neuquén: cuánto de ese crecimiento económico podrá quedar dentro de la provincia.

Neuquén, en el centro de la transformación

El crecimiento de Vaca Muerta tiene una consecuencia directa: Neuquén necesita transformarse al mismo ritmo que crece su producción.

Más petróleo significa más camiones, más trabajadores, más viviendas, más hoteles, más oficinas, más talleres, más empresas de servicios y mayor demanda sobre infraestructura.

La oportunidad para las PyMEs neuquinas es enorme.

Pero también lo es el desafío.

Las empresas que quieran participar de esta nueva etapa deberán competir bajo estándares cada vez más exigentes de seguridad, calidad, certificaciones, gestión, recursos humanos y capacidad financiera.

La expansión del sector energético puede convertirse así en una plataforma para desarrollar un entramado empresarial neuquino mucho más amplio.

No solamente proveedores petroleros tradicionales.

También empresas de mantenimiento, limpieza, construcción, tecnología, transporte, servicios profesionales, gastronomía, alojamiento y fabricación.

El salto exportador

La otra gran transformación está relacionada con las exportaciones.

La CEPH proyecta que las ventas externas de hidrocarburos podrían alcanzar aproximadamente US$ 30.000 millones en 2030 y llegar a US$ 40.000 millones en 2035.

El saldo comercial energético proyectado sería de aproximadamente US$ 28.000 millones en 2030 y US$ 38.000 millones en 2035.

Esto modifica la discusión sobre Vaca Muerta.

El objetivo ya no es solamente producir para que Argentina deje de importar energía.

La segunda etapa consiste en utilizar el excedente para generar divisas y sostener un superávit comercial energético durante décadas.

Para un país que históricamente tuvo restricciones externas por falta de dólares, el impacto potencial es enorme.

El cuello de botella ya no está solamente debajo de la tierra

La paradoja es que Argentina tiene recursos suficientes para producir mucho más, pero necesita construir la infraestructura que permita hacerlo.

Oleoductos, gasoductos, plantas de procesamiento, almacenamiento, terminales portuarias y proyectos de GNL son ahora piezas fundamentales de la expansión.

El desarrollo del VMOS, los proyectos de exportación de petróleo y las iniciativas de GNL forman parte de una misma ecuación.

Vaca Muerta puede aumentar la producción.

Pero para convertir ese petróleo y ese gas en dólares hace falta capacidad de evacuación y mercados internacionales.

Por eso el próximo capítulo de la industria será tanto financiero como productivo.

US$ 20.000 millones por año

La CEPH también proyecta un nivel de inversión extraordinario.

Según Ormachea, las inversiones directas en desarrollo de campos e infraestructura podrían ubicarse alrededor de US$ 20.000 millones anuales hasta 2030.

Posteriormente, el ritmo debería desacelerarse a medida que se complete buena parte de la infraestructura necesaria.

Ese volumen de capital tendría un efecto que excede ampliamente al sector petrolero.

Cada dólar invertido en Vaca Muerta genera demanda sobre una cadena extensa de empresas y trabajadores.

La pregunta para Argentina será cuánto de ese valor puede transformarse en industria nacional, proveedores locales, conocimiento, tecnología y empleo argentino.

La nueva batalla de Vaca Muerta

La primera batalla fue demostrar que Vaca Muerta podía producir.

La segunda fue conseguir que esa producción creciera.

La tercera es construir los ductos y terminales necesarios para exportarla.

Ahora comienza una cuarta etapa: lograr que el crecimiento de la industria energética se transforme en desarrollo económico permanente.

Ese es probablemente el verdadero desafío.

Porque producir un millón, un millón y medio o 1,7 millones de barriles diarios puede convertir a Argentina en un jugador relevante del mercado energético internacional.

Pero la verdadera transformación ocurrirá si ese flujo de recursos permite crear empleo, nuevas empresas, infraestructura, industria y divisas suficientes para cambiar estructuralmente la economía argentina.

Vaca Muerta ya demostró que puede producir.

Ahora Argentina tiene que demostrar que sabe convertir esa producción en desarrollo.

📊 LOS NÚMEROS QUE DEJA LA CEPH

17 proyectos presentados al RIGI
US$ 145.380 millones en inversiones proyectadas
US$ 30.860 millones correspondientes a seis proyectos ya aprobados
1,7 millones de barriles diarios proyectados para 2035
300 millones de m³/día de gas proyectados para 2035
US$ 30.000 millones de exportaciones energéticas proyectadas para 2030
US$ 40.000 millones proyectados para 2035
+500.000 posiciones laborales potenciales hasta 2030
US$ 20.000 millones anuales de inversión estimada hasta 2030

Fuente: VMO

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