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La infraestructura empieza a definir la próxima expansión.

Oleoductos, gasoductos, GNL y nuevas áreas exploratorias empiezan a formar una misma ecuación.

La infraestructura empieza a definir la próxima expansión.

Oleoductos, gasoductos, GNL y nuevas áreas exploratorias empiezan a formar una misma ecuación.

Mientras VMOS avanza hacia su salida al Atlántico, TGN proyecta una nueva conexión de 753 kilómetros y Argentina LNG mantiene abierta una expansión hasta 18 millones de toneladas anuales. En paralelo, diez compañías ya compiten por nuevos bloques de Vaca Muerta.

Durante años, la pregunta alrededor de Vaca Muerta fue si Argentina sería capaz de desarrollar el recurso.

Ahora la pregunta empieza a ser diferente:

¿Cuánto puede crecer Vaca Muerta si logra construir a tiempo toda la infraestructura que necesita para sacar ese petróleo y ese gas hacia los mercados?

En las últimas semanas comenzaron a alinearse varias piezas que permiten observar un cambio de escala.

El petróleo avanza hacia una nueva capacidad exportadora con Vaca Muerta Oil Sur (VMOS).

El gas comienza a tener nuevos proyectos de transporte hacia el centro y norte del país.

Argentina LNG prepara una plataforma de exportación de gas de gran escala.

Y Neuquén está abriendo nuevas áreas para sumar productores y ampliar la superficie de exploración.

No son proyectos aislados.

Son distintas partes de una misma transformación industrial.

El petróleo busca su salida definitiva al mundo

VMOS se convirtió en una de las obras estratégicas para el futuro del shale oil argentino.

El proyecto está diseñado para sacar grandes volúmenes de petróleo de Vaca Muerta hacia la costa atlántica de Río Negro y desde allí cargarlos en buques con destino a los mercados internacionales.

La obra informó un avance cercano al 80% y acaba de sumar US$233,6 millones mediante su primera colocación de deuda en el mercado local, a cuatro años y con una tasa anual del 6,25%.

Ese financiamiento se suma al project finance internacional de aproximadamente US$2.000 millones obtenido previamente.

La infraestructura también entra en una etapa decisiva en Punta Colorada, donde se desarrolla el sistema de carga marítima.

El objetivo es que el crecimiento de la producción de Vaca Muerta deje de encontrar como principal límite la capacidad de evacuación.

Y ese cambio puede ser determinante.

Porque producir más petróleo solamente tiene sentido económico si existe capacidad suficiente para transportarlo, almacenarlo y venderlo.

El cuello de botella cambia de lugar

Durante buena parte del desarrollo de Vaca Muerta, la discusión estuvo concentrada en la productividad de los pozos.

La industria consiguió mejorar tiempos de perforación, reducir costos, aumentar etapas de fractura y elevar la producción inicial.

Después apareció otro problema:

cómo sacar todo ese petróleo.

La construcción de VMOS busca resolver justamente esa restricción.

Y cuando el oleoducto comience a operar a plena capacidad, la discusión volverá a cambiar.

El desafío será llenar esa infraestructura.

Eso significa más perforación, más equipos, más arena, más transporte, más servicios y nuevos desarrollos.

En otras palabras, un ducto de gran capacidad no solamente transporta petróleo: genera las condiciones para que aparezca más producción.

El gas enfrenta una ecuación similar

En el gas, la Argentina todavía tiene un problema diferente.

El país dispone de un recurso enorme en Vaca Muerta, pero necesita ampliar la capacidad de transporte para convertir ese gas en energía disponible para las industrias, las centrales eléctricas, los hogares y los mercados regionales.

TGN acaba de presentar el proyecto Gasoducto Manuel Belgrano, una obra de 753 kilómetros entre Tratayén, en Neuquén, y La Carlota, en Córdoba.

La inversión estimada alcanza aproximadamente US$1.500 millones para el nuevo gasoducto y una planta compresora, mientras que las ampliaciones complementarias del sistema llevan el programa integral a unos US$2.200 millones.

La primera etapa permitiría incorporar capacidad adicional de transporte y conectar una mayor producción de Vaca Muerta con el centro, norte y litoral argentino.

La obra también apunta a abrir espacio para exportaciones regionales.

La cuestión de fondo vuelve a ser la misma que aparece con el petróleo:

el recurso existe; ahora hay que construir el camino para monetizarlo.

El gas empieza a mirar más allá del mercado argentino

El crecimiento de la producción gasífera tiene además otro destino posible.

El GNL.

Argentina LNG, impulsado por YPF junto con sus socios, contempla inicialmente dos unidades flotantes de licuefacción con una capacidad conjunta de hasta 12 millones de toneladas anuales.

Pero el propio proyecto mantiene una posibilidad de expansión hasta 18 millones de toneladas anuales.

La diferencia entre 12 y 18 MTPA no es simplemente una ampliación industrial.

Implica producir más gas durante muchos años, contar con capacidad adicional de transporte y procesamiento y asegurar mercados internacionales capaces de absorber esos volúmenes.

Por eso, el proyecto de GNL y las nuevas inversiones en gasoductos terminan formando parte de una misma conversación.

Para exportar gas en grandes cantidades hay que garantizar gas, transporte y capacidad de licuefacción al mismo tiempo.

La nueva frontera ya se está licitando

Mientras se construyen las grandes obras, Neuquén está preparando también el próximo mapa de productores.

La primera ronda de licitación de GyP recibió 20 ofertas de diez empresas para ocho de las 15 áreas incluidas originalmente.

Las propuestas económicas conocidas hasta ahora contemplan más de US$230 millones en inversiones exploratorias y más de US$180 millones en bonos al Tesoro provincial.

Las áreas todavía no están adjudicadas.

GyP debe completar la evaluación técnica, económica y financiera antes de avanzar con las preadjudicaciones.

Pero el volumen de propuestas permite observar algo importante:

el desarrollo de Vaca Muerta ya no está limitado exclusivamente a los grandes bloques que concentran la producción actual.

Existe una nueva generación de áreas buscando operadores.

Y detrás de ellas aparece la posibilidad de incorporar reservas, ampliar la superficie productiva y sumar nuevos jugadores.

La próxima ronda mira al gas

El proceso tampoco termina con esta licitación.

Neuquén prepara una segunda ronda orientada específicamente al gas no convencional.

La decisión adquiere relevancia porque coincide con la expansión de los proyectos de transporte y con la estrategia de convertir a la Argentina en un exportador de GNL.

Si los nuevos gasoductos amplían la capacidad disponible y Argentina LNG consigue avanzar hacia su escala proyectada, las áreas gasíferas de Vaca Muerta pueden adquirir un valor estratégico todavía mayor.

La provincia, en definitiva, empieza a preparar el recurso para un mercado que todavía necesita infraestructura.

Una industria que empieza a funcionar como sistema

Hasta hace algunos años, cada proyecto podía analizarse por separado.

VMOS era un oleoducto.

Un nuevo gasoducto era una obra de transporte.

Argentina LNG era un proyecto de exportación.

Una licitación de GyP era simplemente una nueva concesión.

Hoy esa lectura queda incompleta.

El desarrollo de Vaca Muerta empieza a funcionar como un sistema energético integrado.

Más pozos necesitan más capacidad de transporte.

Más transporte permite producir más.

Más producción necesita mercados.

Los mercados internacionales requieren infraestructura de exportación.

Y para sostener todo ese proceso hacen falta nuevas áreas, nuevas empresas, nuevos equipos y nuevos proveedores.

Es una cadena.

Si una pieza queda atrás, limita a las demás.

La próxima discusión será la velocidad

El recurso geológico dejó de ser la única incógnita.

Ahora la discusión pasa por la velocidad de ejecución.

Qué tan rápido se termina VMOS.

Cuándo estará disponible la nueva capacidad gasífera.

Cuándo se toman las decisiones definitivas de los proyectos de GNL.

Cuánto capital llegará a las nuevas áreas.

Cuántos pozos podrán perforarse.

Y, sobre todo, cuánto de esa expansión podrá transformarse en producción exportable.

La Argentina tiene por delante una oportunidad que no se limita a producir más barriles y metros cúbicos.

El desafío es construir una industria capaz de extraer, transportar, procesar y vender energía a escala internacional.

Vaca Muerta empieza a mirar el otro lado del pozo

La primera etapa de Vaca Muerta se ganó debajo de la tierra.

Fue necesario demostrar que el shale podía producir de manera competitiva.

La siguiente etapa se está jugando afuera del pozo.

En los oleoductos.

En los gasoductos.

En los puertos.

En los barcos.

En los contratos internacionales.

Y también en las nuevas áreas que todavía están esperando su primera perforación.

Por eso, el dato más importante de esta nueva etapa no es una sola inversión.

Es la simultaneidad.

Mientras un oleoducto prepara la salida del petróleo, un nuevo gasoducto busca ampliar el mercado del gas, Argentina LNG proyecta llevar el recurso al mundo y Neuquén abre la puerta a nuevos productores.

Vaca Muerta ya no está solamente construyendo producción.

Está construyendo la infraestructura necesaria para convertirse en una plataforma energética exportadora.

Fuente: VMO

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