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La política entró al campo petrolero

Vaca Muerta ya no vota con los mismos ojos.

La política entró al campo petrolero

Vaca Muerta ya no vota con los mismos ojos.

En los yacimientos se habla de petróleo, producción, salarios, eficiencia y trabajo. Pero también se habla de política. Muchos trabajadores que acompañaron el cambio de 2023 hoy hacen otra evaluación de su realidad cotidiana. Eso no significa que hayan cambiado de voto ni que exista una nueva mayoría opositora: significa que las expectativas de aquella elección están siendo revisadas frente a una economía que golpea el bolsillo y frente a una oposición que todavía no consigue ofrecer una alternativa convincente.

Hay conversaciones que no aparecen en las estadísticas.

Ocurren en una camioneta rumbo al yacimiento, durante un cambio de turno, en un comedor, en una base operativa o esperando el colectivo después de una jornada de trabajo.

En Vaca Muerta, una de esas conversaciones es cada vez más frecuente: la política.

No es una discusión partidaria necesariamente.

Es mucho más concreta.

¿Cuánto alcanza el sueldo?

¿Cuánto aumentó el alquiler?

¿Cuánto cuesta mandar a los chicos al colegio?

¿Cuánto sale el combustible?

¿Cuánto cuesta viajar hasta el campo?

¿Cuánto queda después de pagar comida, impuestos, club, servicios y cuotas?

Y, sobre todo, una pregunta que empieza a aparecer entre trabajadores que alguna vez apostaron al cambio político iniciado en 2023:

¿La mejora de las variables macroeconómicas está llegando realmente al bolsillo?

El petrolero sigue teniendo un buen salario. Pero eso no significa que no sienta el ajuste

Hay que hacer una distinción.

El trabajador petrolero de Vaca Muerta continúa teniendo, en términos relativos, uno de los salarios más altos de la Argentina. Datos publicados sobre septiembre de 2025 ubicaban el ingreso neto promedio del sector petróleo y gas en Neuquén por encima de los $5,6 millones, muy por encima del promedio provincial.

Pero esa realidad no elimina otra.

El costo de vivir en Vaca Muerta también es diferente.

Alquileres, transporte, combustible, alimentos, educación, servicios y consumos vinculados al funcionamiento de una familia en una región atravesada por la actividad petrolera forman parte de una estructura de gastos que puede absorber rápidamente los aumentos nominales.

Por eso una discusión que desde afuera puede parecer contradictoria —“¿cómo se puede quejar un petrolero si gana más que el promedio?”— tiene una respuesta sencilla:

el salario no se mide solamente por cuánto entra, sino por cuánto queda.

Y ese es el punto donde la macroeconomía se encuentra con la vida cotidiana.

La inflación puede bajar y el bolsillo seguir sintiéndose golpeado

El Gobierno nacional construyó buena parte de su discurso económico alrededor de la reducción de la inflación.

Ese dato puede medirse.

Pero la percepción del trabajador funciona de otra manera.

Si un alquiler aumenta, si una cuota escolar aumenta, si el combustible aumenta, si el supermercado cambia sus precios, si suben los impuestos y los servicios, la familia no siente el promedio estadístico.

Siente el gasto.

Y existe además un efecto acumulativo.

Una inflación mensual más baja no significa que los precios vuelvan atrás.

Significa que aumentan a menor velocidad.

Para quien ya tiene un presupuesto familiar tensionado, esa diferencia conceptual puede resultar enorme.

Por eso en el campo petrolero puede coexistir una situación aparentemente contradictoria:

la industria crece, el salario petrolero sigue siendo elevado y, al mismo tiempo, el trabajador siente que perdió capacidad de compra.

No necesariamente porque gane menos pesos.

Sino porque esos pesos compran menos tranquilidad.

Vaca Muerta también cambió la forma de trabajar

Hay otra conversación que empieza a ganar espacio y que no debería quedar afuera de la discusión política.

La industria está buscando eficiencia.

Más metros perforados.

Más etapas de fractura.

Menores tiempos improductivos.

Más producción por equipo.

Menos personal en determinados procesos.

Mayor productividad.

Desde la lógica empresaria, eso tiene un nombre: eficiencia.

Desde la mirada de algunos trabajadores, puede adquirir otro significado cuando el aumento de productividad no se traduce en una mejora equivalente de las condiciones laborales, los descansos, la dotación o los ingresos.

Ahí aparece una discusión mucho más profunda:

¿hasta dónde puede aumentar la productividad sin deteriorar la calidad del trabajo?

No es una pregunta contra Vaca Muerta.

Es una pregunta sobre cómo se distribuye el resultado de Vaca Muerta.

Y esa discusión va a ser cada vez más importante a medida que la industria avance hacia operaciones más intensivas en capital, tecnología y productividad.

El sindicato también entró en política

En Neuquén ocurrió además algo que durante décadas hubiera sido difícil imaginar fuera de la estructura tradicional del poder provincial.

La conducción del Sindicato de Petroleros Privados se alejó del MPN y Marcelo Rucci impulsó Fuerza Neuquina y Federal, espacio que obtuvo reconocimiento definitivo como partido político.

La explicación pública de ese proceso estuvo vinculada a la necesidad de construir una herramienta política propia y a la crítica hacia una dirigencia que, según Rucci, se había alejado de la gente.

Pero acá aparece una diferencia que merece ser observada.

Una cosa es la representación sindical. Otra es la representación política.

En julio de 2025, la conducción de Rucci fue revalidada en el sindicato sin lista opositora y con una participación cercana al 80% del padrón informado por la organización.

Eso demuestra que existe una estructura gremial fuerte.

Pero no permite trasladar automáticamente ese respaldo al terreno electoral.

El trabajador puede acompañar a un dirigente en el sindicato y votar a otro espacio en una elección nacional o provincial.

Ese comportamiento no es una contradicción.

Es democracia.

Y ahí aparece el problema de la oposición

Este es quizás el punto más incómodo de la discusión.

Que un trabajador esté disconforme con determinados aspectos de una política económica no significa automáticamente que tenga una alternativa política definida.

Y eso es exactamente lo que se observa en buena parte del escenario argentino.

En las elecciones nacionales de 2025, La Libertad Avanza mantuvo en Neuquén un caudal electoral similar al de 2023 y volvió a imponerse: obtuvo alrededor del 35% para senadores y 33% para diputados.

Por lo tanto, sería incorrecto decir que el voto a Milei desapareció en Vaca Muerta.

No desapareció.

Pero tampoco sería correcto interpretar ese resultado como una aprobación automática de cada una de las políticas del Gobierno.

Entre una elección y otra existe algo que muchas veces la política olvida:

el ciudadano evalúa permanentemente.

Y puede sostener una parte del rumbo económico mientras cuestiona otra.

Puede valorar la estabilidad y discutir los salarios.

Puede apoyar la producción de Vaca Muerta y cuestionar determinadas condiciones laborales.

Puede querer menos inflación y, al mismo tiempo, estar preocupado por el costo de vivir.

Puede rechazar el regreso de políticas anteriores y, a la vez, no estar satisfecho con las actuales.

El voto no es un contrato de adhesión.

Vaca Muerta no parece estar buscando volver al pasado

Este es otro dato que los dirigentes deberían mirar con atención.

El trabajador petrolero no necesariamente está esperando que vuelva el modelo político anterior.

Tampoco necesariamente está esperando que aparezca un candidato que prometa romper todo.

En muchos casos parece existir una demanda mucho más concreta:

que el crecimiento de Vaca Muerta se traduzca en una mejora visible para quienes sostienen la actividad.

Más salario real.

Mejores condiciones de trabajo.

Más estabilidad.

Infraestructura.

Vivienda.

Transporte.

Educación.

Salud.

Ciudades preparadas.

Y una distribución más clara del crecimiento.

El trabajador puede aceptar que una empresa necesite ser eficiente.

Lo que quiere saber es qué recibe él a cambio de esa eficiencia.

El gran desafío político está fuera del pozo

Vaca Muerta tiene una particularidad.

Puede producir más petróleo aunque la política todavía no haya resuelto todos los problemas que existen alrededor del yacimiento.

Los pozos siguen perforándose.

Las fracturas siguen aumentando.

Llegan nuevos equipos.

Se construyen oleoductos.

Se proyectan gasoductos.

Llegan inversiones.

La industria continúa.

Pero una ciudad no funciona como un pozo.

Una familia no funciona como una planilla de productividad.

Y un trabajador no puede medir toda su vida en barriles por día.

Ahí está el desafío.

La Argentina puede crecer en producción y, al mismo tiempo, tener una sociedad que sienta que ese crecimiento no llega con la misma velocidad a su vida cotidiana.

La próxima batalla no será por el petróleo

El petróleo ya está.

El recurso está.

La tecnología está.

El capital está llegando.

La infraestructura se está expandiendo.

La discusión que viene es otra:

qué país se construye alrededor de Vaca Muerta.

Porque si la actividad crece pero los trabajadores no pueden acceder a una vivienda razonable, si las ciudades no soportan el crecimiento, si viajar hasta el campo se vuelve cada vez más caro, si las familias sienten que necesitan cada vez más ingresos para sostener el mismo nivel de vida, entonces el problema ya no es energético.

Es social.

Y también es político.

Pero la política todavía tiene una deuda con esa discusión.

El oficialismo tiene que demostrar que la estabilidad y el crecimiento pueden convertirse en bienestar cotidiano.

Los sindicatos tienen que demostrar que su fortaleza política puede traducirse en mejores condiciones concretas para los trabajadores.

Y la oposición tiene que construir una propuesta capaz de convencer a un trabajador que no quiere volver al pasado, pero tampoco está dispuesto a aceptar que el futuro sea solamente trabajar más para sostener el mismo nivel de vida.

Ese espacio existe como demanda social.

Lo que todavía no está claro es quién puede representarlo.

El voto petrolero no está escrito

Tal vez la conclusión más importante sea justamente esa.

No hay un “voto petrolero” automático.

Hay trabajadores que votaron a Milei y siguen apoyándolo.

Hay trabajadores que lo votaron y hoy cuestionan algunas de sus políticas.

Hay quienes nunca lo acompañaron.

Y hay quienes todavía no encontraron una alternativa que los convenza.

Las elecciones de 2025 muestran que La Libertad Avanza conserva un peso electoral importante en Neuquén; por lo tanto, hablar de un derrumbe del voto libertario sería anticiparse a los hechos.

Pero también sería un error pensar que una elección garantiza la siguiente.

En el campo petrolero, la política ya no se discute solamente desde las grandes consignas nacionales.

Se discute mirando el recibo de sueldo.

Mirando el precio del alquiler.

Mirando el supermercado.

Mirando el combustible de la camioneta.

Mirando la cuota del colegio.

Mirando las horas de trabajo.

Y mirando cuánto queda en el bolsillo después de todo eso.

Vaca Muerta va a seguir creciendo gane quien gane. Esa parece ser una de las pocas certezas.

La verdadera pregunta política es otra:

¿quién será capaz de convencer al trabajador de que ese crecimiento también puede convertirse en una vida mejor para él y su familia?

Ese voto todavía no está definido.

Fuente: VMO

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