
Zona Fría, Zona Cálida y Vaca Muerta
Cambia el mapa de los subsidios energéticos.
El Senado avanzó con la reforma del régimen de Zona Fría, que reduce el universo de beneficiarios y apunta a focalizar los subsidios en los hogares de menores ingresos. En paralelo, el Gobierno negoció un esquema para compensar a las provincias del norte por el mayor consumo eléctrico durante los meses de calor. Detrás de la discusión tarifaria aparece una pregunta central para Vaca Muerta: cuánto termina pagando cada usuario por la energía que se produce dentro del país.
El mapa de los subsidios energéticos argentinos está entrando en una nueva etapa.
El Senado avanzó este miércoles con el dictamen del proyecto que modifica el régimen de Zona Fría, sin introducir cambios respecto del texto que ya había recibido media sanción en Diputados. La iniciativa quedó así en condiciones de ser debatida en el recinto.
La discusión no es menor para las provincias patagónicas y tampoco para el futuro de Vaca Muerta.
Porque detrás de una reforma que modifica descuentos sobre las facturas de gas aparece una cuestión mucho más amplia: cómo Argentina va a distribuir el costo de su energía mientras aumenta la producción de hidrocarburos y busca reducir los subsidios generalizados.
Qué cambia con Zona Fría
El régimen vigente fue ampliado en 2021 mediante la Ley 27.637 y extendió los beneficios a nuevas regiones del país. Para los usuarios comprendidos, el esquema estableció tarifas diferenciales para el consumo residencial de gas.
La reforma impulsada ahora modifica ese alcance.
El Gobierno sostiene que el objetivo es reemplazar parte de los beneficios generalizados por un esquema más focalizado, utilizando como referencia el Régimen de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF).
La secretaria de Energía, María Carmen Tettamanti, defendió esa lógica durante el debate en comisiones y planteó que los subsidios deberían concentrarse en los hogares con menores ingresos.
El cambio, por lo tanto, no significa solamente modificar una bonificación.
Implica discutir qué usuarios deben recibir asistencia, durante cuánto tiempo y sobre qué componentes de la factura.
El problema aparece cuando se mira la factura completa
Una de las cuestiones más importantes del proyecto es que el beneficio sobre el gas no necesariamente alcanza de la misma manera a todos los componentes de la factura.
El consumo de gas es solamente una parte del precio final que paga un usuario.
La factura incorpora también transporte, distribución, impuestos y cargos asociados al sistema.
Por eso, aun cuando se mantenga un subsidio sobre determinados consumos de los hogares de menores ingresos, el impacto final sobre la factura dependerá de la estructura tarifaria completa.
Y ahí aparece una diferencia fundamental entre el precio de la molécula y el precio de la energía que llega al hogar.
Es exactamente el punto que empieza a ganar importancia para Vaca Muerta.
Vaca Muerta produce más gas, pero la factura tiene otra historia
Argentina está intentando aumentar la producción de gas de Vaca Muerta para sustituir importaciones, abastecer la demanda interna y generar excedentes exportables.
Pero producir gas más barato en Neuquén no significa automáticamente que una familia vaya a pagar una factura más baja.
Entre el pozo y el usuario existe toda una cadena.
Está el tratamiento del gas, el transporte por gasoductos, la distribución, los impuestos y los distintos mecanismos de compensación.
Por eso, el desarrollo de Vaca Muerta abre una pregunta que va mucho más allá de la producción:
¿cuánto del beneficio de producir energía nacional termina llegando al consumidor?
La discusión sobre Zona Fría vuelve a poner esa pregunta sobre la mesa.
El Norte quiere su propia respuesta: Zona Cálida
Mientras Patagonia discute la continuidad y el alcance de los beneficios por bajas temperaturas, las provincias del norte reclaman un tratamiento diferencial por el impacto de las altas temperaturas sobre el consumo eléctrico.
En agosto, el Gobierno acordó con gobernadores del Norte un esquema para ampliar los bloques subsidiados durante los meses de mayor calor. Según lo informado entonces, para las zonas muy cálidas el bloque pasaría de 300 a 550 kWh, mientras que para las zonas cálidas subiría de 150 a 300 kWh durante el período noviembre-abril.
El dato es importante porque muestra que el sistema energético argentino está dejando atrás una discusión exclusivamente geográfica.
Ya no se trata solamente de quién vive en una zona fría.
También aparece la discusión sobre quién necesita consumir más electricidad por las condiciones climáticas.
Dos necesidades energéticas, un mismo problema fiscal
Patagonia necesita gas para calefacción.
El Norte necesita electricidad para refrigeración.
Son demandas diferentes, pero ambas generan una presión sobre el sistema energético.
Y ambas terminan llegando a la misma discusión: quién financia la diferencia entre el costo de producir y transportar energía y lo que efectivamente paga el usuario.
El Gobierno, por su parte, plantea una reducción de los subsidios generalizados y una mayor focalización.
La discusión legislativa muestra que esa transición también tiene una dimensión territorial.
Algunas provincias podrían perder parte de los beneficios actuales, mientras otras buscan incorporar mecanismos compensatorios.
El resultado es un nuevo mapa energético que todavía está en construcción.
¿Y qué tiene que ver Vaca Muerta?
Mucho.
Vaca Muerta está aumentando la disponibilidad de gas nacional justamente cuando Argentina intenta modificar el sistema de subsidios.
Eso genera una paradoja interesante.
El país puede producir más gas y depender menos de las importaciones, pero simultáneamente puede modificar la forma en que subsidia el consumo residencial.
Por lo tanto, el aumento de producción no elimina automáticamente el problema tarifario.
Lo que puede cambiar es la estructura del sistema.
Si Argentina consigue sustituir importaciones de GNL y combustibles líquidos por producción nacional, puede reducir una parte del costo externo del abastecimiento.
Pero después queda otra discusión: cuánto cuesta transportar esa molécula, cuánto cuesta distribuirla y qué parte de esos costos absorbe el Estado y qué parte paga el usuario.
La energía barata todavía tiene que llegar a la gente
Este es probablemente uno de los puntos centrales para los próximos años.
Vaca Muerta puede producir grandes volúmenes de gas.
Pero para que ese recurso se transforme en una ventaja económica nacional necesita gasoductos, capacidad de transporte, redes de distribución, contratos de largo plazo y un sistema tarifario sostenible.
El desarrollo del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner y los nuevos proyectos de transporte muestran justamente esa transformación.
La molécula neuquina necesita infraestructura para convertirse en energía disponible.
Y después necesita un esquema económico que permita financiar todo el sistema.
Por eso la discusión de Zona Fría no debería analizarse solamente como una pelea por un descuento en la factura.
Forma parte de una discusión mayor sobre el precio de la energía argentina.
El nuevo mapa energético
La Argentina que está emergiendo con Vaca Muerta tiene una característica que hace algunos años parecía difícil de imaginar.
El problema ya no es únicamente conseguir gas.
El país está avanzando hacia una situación en la que puede disponer de mayores volúmenes de producción nacional y, al mismo tiempo, necesita definir cómo distribuir económicamente ese beneficio entre hogares, empresas, provincias y Estado.
Zona Fría es una parte de esa discusión.
Zona Cálida es otra.
La producción de Vaca Muerta es otra.
Y la infraestructura que conecta todas esas piezas es el cuarto componente.
La pregunta de fondo ya no es solamente cuánto gas puede producir Neuquén.
Es cuánto valor puede generar ese gas para la Argentina y cuánto de ese valor termina efectivamente en la factura de una familia, en el costo de una industria o en la competitividad de una empresa.
Vaca Muerta está poniendo cada vez más moléculas dentro del sistema energético argentino. Ahora comienza una discusión igual de importante: cómo se reparte el costo y el beneficio de esa energía entre quienes la producen, quienes la transportan, quienes la consumen y el Estado que subsidia una parte del sistema.
Fuente: VMO