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Naftas y gasoil suben hasta 5%

El petróleo caro empieza a romper el “buffer” y Vaca Muerta queda en el centro.

Naftas y gasoil suben hasta 5%

El petróleo caro empieza a romper el “buffer” y Vaca Muerta queda en el centro.

Los combustibles aumentaron hasta 5% en los últimos días y la nafta súper ya supera los $2.200 por litro en buena parte del país. El esquema de amortiguación que aplicaron las petroleras empieza a quedar bajo presión por la prolongación del petróleo internacional en niveles elevados. Para los trabajadores y las empresas de Vaca Muerta, el impacto no termina en el surtidor: se traslada al transporte, la logística y los costos de toda la cadena.

El aumento de los combustibles volvió a poner en primer plano una contradicción de la nueva Argentina energética: el país produce cada vez más petróleo, pero el precio internacional del barril también condiciona lo que pagan los argentinos para moverse todos los días.

En los últimos días, las petroleras aplicaron aumentos de hasta 5% en naftas y gasoil, mientras que la nafta súper ya se ubica por encima de los $2.200 por litro en buena parte del país.

En la Ciudad de Buenos Aires, los valores relevados se ubican aproximadamente entre $2.200 y $2.350 para la nafta súper, mientras que las variedades premium alcanzan alrededor de $2.650.

En otras provincias, los precios son todavía mayores.

Pero el dato más importante no está solamente en el precio de la estación de servicio.

Está en que el mecanismo utilizado para evitar una transferencia inmediata de la suba internacional del petróleo al consumidor empieza a quedar bajo presión.

¿Qué es el “buffer” de YPF?

La estrategia de YPF fue denominada “buffer” por su presidente, Horacio Marín.

La lógica es relativamente sencilla.

Cuando el precio internacional del petróleo sube por encima de determinado nivel, la compañía evita trasladar inmediatamente todo ese incremento al precio de los combustibles.

La empresa absorbe parte de la diferencia.

Cuando el petróleo baja, el precio en surtidor tampoco necesariamente baja en la misma proporción y ese margen permite recuperar parte de lo que se absorbió anteriormente.

Marín resumió la lógica con una frase:

“Cuando sube los ayudamos, cuando baja nos ayudan a nosotros”.

El sistema funciona mientras las variaciones internacionales puedan compensarse a lo largo del tiempo.

El problema aparece cuando el petróleo permanece caro durante demasiado tiempo.

Y eso es precisamente lo que está ocurriendo.

El barril internacional se convirtió en el problema

Durante meses, el petróleo se mantuvo en niveles elevados, con el barril moviéndose en una zona que llegó a superar los US$100 y permaneciendo durante períodos prolongados por encima de los US$80.

El escenario internacional está condicionado por la continuidad de las tensiones en Medio Oriente, que mantienen elevada la incertidumbre sobre la oferta y el comercio mundial de hidrocarburos.

Para las refinadoras argentinas, eso significa un costo de materia prima mayor.

Y aunque Argentina produce petróleo en cantidades crecientes, el mercado energético no está aislado del precio internacional.

El crudo argentino tiene un valor de referencia determinado por el mercado global y las empresas necesitan equilibrar el costo del petróleo con el precio de los combustibles que venden.

Ahí aparece la tensión.

El Gobierno todavía tiene una carta: el impuesto

Hay otro componente que por ahora está evitando que el impacto sobre el surtidor sea todavía mayor.

Se trata del impuesto a los combustibles, cuyos incrementos vienen siendo postergados por el Gobierno.

Según el relevamiento citado, las sucesivas prórrogas mantienen el precio del litro alrededor de $233 por debajo del nivel que tendría si se hubieran aplicado plenamente los incrementos pendientes.

Eso equivale a más de un 11% adicional sobre el precio actual.

La decisión tiene una explicación económica y política: evitar que un aumento importante de los combustibles se traslade inmediatamente a la inflación.

Pero también genera una pregunta hacia adelante.

¿Cuánto tiempo puede sostenerse la postergación del impuesto sin generar un ajuste acumulado?

Porque el aumento no desaparece.

Simplemente queda pendiente.

Vaca Muerta produce más, pero el combustible también cuesta más

Acá aparece la paradoja que interesa especialmente a Neuquén.

Vaca Muerta está produciendo volúmenes récord de petróleo.

La Argentina está avanzando hacia una posición exportadora.

Se construyen nuevos oleoductos.

Se amplía la capacidad de transporte.

Se proyectan terminales para exportar crudo.

Pero al mismo tiempo, el trabajador que necesita recorrer decenas o cientos de kilómetros para llegar a un yacimiento paga cada vez más por llenar el tanque.

Y eso no afecta solamente al trabajador.

Afecta a camionetas, combis, colectivos, camiones, equipos de mantenimiento, proveedores, transporte de arena, logística de agua, movimiento de maquinaria y toda la cadena de servicios que sostiene la actividad petrolera.

En Vaca Muerta, donde las distancias son enormes, el combustible es un componente central del costo operativo.

El petróleo barato debajo del suelo no significa combustible barato

Existe una confusión frecuente en la discusión pública.

Que Argentina produzca más petróleo no significa automáticamente que el consumidor argentino vaya a pagar menos por la nafta.

Hay una cadena completa entre el pozo y el surtidor:

producción → transporte → almacenamiento → refinación → distribución → impuestos → comercialización.

Además, el petróleo es un commodity internacional.

Por eso, cuando el barril sube en el mundo, Argentina no queda completamente aislada aunque produzca más crudo.

La ventaja de Vaca Muerta aparece en otro punto:

tener más producción propia permite reducir la necesidad de importar petróleo y combustibles, generar exportaciones y mejorar la balanza energética.

Pero ese beneficio macroeconómico no necesariamente se traduce de manera automática en un precio menor en el surtidor.

El trabajador petrolero paga dos veces

La discusión tiene una dimensión laboral que suele quedar fuera de los análisis financieros.

Un trabajador petrolero que debe recorrer diariamente largas distancias hacia una locación enfrenta un costo creciente de movilidad.

Pero además, si sube el combustible, también aumenta el costo de buena parte de los bienes y servicios que consume.

El combustible entra directa o indirectamente en:

  • alimentos;
  • transporte;
  • alquileres y servicios logísticos;
  • repuestos;
  • mantenimiento;
  • distribución;
  • materiales;
  • servicios petroleros.

Por eso, una suba de combustibles puede terminar impactando mucho más allá del precio visible en el surtidor.

El litro aumenta en la estación, pero la cadena de costos también se mueve.

YPF queda en una posición estratégica

Como principal actor del mercado argentino de combustibles, YPF tiene una posición particular.

La empresa busca sostener su política de precios y, al mismo tiempo, necesita mantener márgenes suficientes para financiar inversiones.

Y eso ocurre justo cuando la compañía está acelerando su estrategia en Vaca Muerta.

El desafío es doble:

producir más petróleo y aumentar las exportaciones, mientras sostiene una red de refinación y comercialización que abastece al mercado interno.

El “buffer” funciona como una especie de puente entre ambos mundos.

Pero cuanto más tiempo permanece alto el petróleo internacional, mayor es la presión sobre ese puente.

El problema puede trasladarse a la logística de Vaca Muerta

La cuestión no termina en los consumidores particulares.

Para una industria como Vaca Muerta, que mueve miles de toneladas y millones de litros de fluidos, cada aumento del combustible tiene un efecto acumulativo.

Una camioneta que recorre cientos de kilómetros.

Un camión que transporta arena.

Otro que lleva agua.

Equipos que se trasladan entre locaciones.

Personal que viaja hacia los yacimientos.

Generadores.

Bombas.

Maquinaria pesada.

Toda esa operación consume energía.

Por eso, un petróleo internacional caro puede tener un efecto paradójico sobre Vaca Muerta.

Por un lado, mejora el valor del crudo producido.

Por otro, encarece parte de la estructura necesaria para producirlo.

La rentabilidad final depende de cuál de esos dos efectos pesa más.

El desafío de la Argentina exportadora

La Argentina está intentando construir una economía energética diferente.

Durante años, el problema fue la falta de producción suficiente para abastecer el mercado interno.

Ahora el objetivo es mucho más ambicioso:

producir excedentes, exportar petróleo y gas y convertir Vaca Muerta en una fuente estructural de dólares.

Pero una economía exportadora de energía también queda más expuesta a los precios internacionales.

Cuando el petróleo sube, aumentan los ingresos potenciales de los productores y exportadores.

Pero también aumenta el costo energético interno.

Cuando baja, ocurre el fenómeno inverso.

Por eso el verdadero desafío será construir un mercado capaz de aprovechar la producción récord sin trasladar toda la volatilidad internacional al bolsillo argentino.

El “buffer” tiene un límite

El mecanismo de amortiguación permitió evitar movimientos bruscos en los precios durante un período de petróleo internacional elevado.

Pero ningún esquema puede absorber indefinidamente una diferencia creciente entre costos y precios.

Si el barril permanece alto durante demasiado tiempo, llega un momento en que las empresas tienen que recuperar el margen perdido.

Y entonces aparecen dos caminos:

aumentar el precio en surtidor o aceptar una menor rentabilidad.

Mientras tanto, el Gobierno mantiene postergado parte del componente impositivo.

Eso permite contener el impacto inmediato, pero deja acumulada una presión que eventualmente deberá resolverse.

Vaca Muerta frente a una nueva prueba

La paradoja energética argentina vuelve a aparecer.

Vaca Muerta produce más.

Argentina exporta más petróleo.

La infraestructura crece.

Pero llenar el tanque cuesta cada vez más.

El desafío ya no es solamente producir.

Es lograr que la nueva riqueza energética se traduzca en una economía más competitiva sin que el costo de esa transformación recaiga de manera desproporcionada sobre quienes producen, transportan y trabajan en el territorio.

Porque detrás de cada barril que sale de Vaca Muerta hay cientos de kilómetros de rutas, miles de trabajadores y una cadena logística que también necesita combustible.

El petróleo argentino está ganando escala internacional. Ahora el desafío es que esa escala también se sienta en la economía real.

Fuente: VMO

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