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Neuquén y Río Negro resisten la caída

El empleo privado perdió más de 134.000 puestos en el año en Argentina.

Neuquén y Río Negro resisten la caída

El empleo privado perdió más de 134.000 puestos en el año en Argentina.

La Argentina acumula 14 meses consecutivos de retroceso del empleo asalariado privado registrado. La industria, la construcción y el comercio figuran entre los sectores más afectados. En contraste, Neuquén registró un crecimiento interanual del 6,4% y Río Negro del 4,8%, en un escenario que expone las diferencias entre las economías regionales.

El mercado laboral argentino continúa mostrando señales de deterioro. El empleo asalariado registrado del sector privado acumuló 14 meses consecutivos de caída y perdió 12.716 puestos de trabajo en julio de 2026 respecto de junio, equivalente a una contracción mensual del 0,2%, de acuerdo con los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA).

En lo que va del año, la reducción alcanzó los 134.034 puestos, un retroceso del 2,2%. El ajuste impactó con mayor intensidad en actividades que históricamente concentran una parte importante del empleo formal, como la industria manufacturera, la construcción y el comercio.

Los números reflejan una dificultad que va más allá de la evolución de los salarios: la economía todavía no consigue traducir su funcionamiento en una recuperación sostenida de los puestos de trabajo registrados.

Industria, construcción y comercio, entre los sectores más golpeados

La caída del empleo se extendió a buena parte de las ramas de actividad. En la comparación mensual, la construcción encabezó las bajas con una contracción del 0,6%, seguida por la intermediación financiera, con un retroceso del 0,4%.

La industria manufacturera, el comercio, el transporte y los hoteles y restaurantes registraron disminuciones del 0,3% cada uno.

La comparación interanual también muestra retrocesos significativos. Entre los sectores más afectados se encuentran la intermediación financiera, con una caída del 4,8%; la industria manufacturera, con el 4,4%; y el comercio, con el 3,4%.

Estos indicadores ponen de manifiesto que la pérdida de empleo formal no se limita a una actividad puntual, sino que alcanza a diferentes sectores de la economía.

Neuquén y Río Negro, en sentido contrario al promedio nacional

En medio de este escenario, la Patagonia presenta una realidad heterogénea.

Según los datos correspondientes a julio de 2026, Neuquén registró un crecimiento interanual del 6,4% en el empleo asalariado privado registrado, mientras que Río Negro avanzó un 4,8%.

En el extremo opuesto, Tierra del Fuego sufrió una caída del 12,6% y Santa Cruz retrocedió un 4,9%. En total, 21 de las 24 jurisdicciones del país registraron bajas interanuales.

El desempeño de Neuquén vuelve a colocar a la actividad energética y al desarrollo de Vaca Muerta en el centro del análisis económico regional. La expansión de la producción de hidrocarburos, las inversiones en infraestructura y el crecimiento de los servicios vinculados con la actividad petrolera constituyen factores relevantes para comprender la dinámica provincial.

Sin embargo, el crecimiento del empleo registrado no significa que todos los sectores económicos de Neuquén estén atravesando una etapa de expansión, ni garantiza que los beneficios alcancen de manera uniforme a todos los trabajadores.

La evolución de los puestos formales debe analizarse junto con la calidad del empleo, los salarios, las condiciones laborales y la capacidad de las empresas locales para incorporarse a la cadena de valor energética.

Más actividad no significa automáticamente más oportunidades para todos

Vaca Muerta se consolidó como uno de los motores de la economía argentina y una fuente de inversiones, exportaciones y demanda de servicios especializados. Pero el desafío para la región consiste en transformar ese crecimiento en oportunidades sostenibles para trabajadores, pymes y proveedores.

El desarrollo hidrocarburífero requiere personal especializado, transporte, logística, mantenimiento, alojamiento, alimentación, servicios industriales y una extensa red de empresas contratistas.

El interrogante es cuánto de esa actividad se traduce en empleo estable y cuánto logra derramarse sobre el resto de la economía regional.

Para las localidades petroleras, el desafío no se limita a incrementar la producción de petróleo y gas. También implica fortalecer las empresas locales, mejorar la capacitación laboral y generar condiciones para que el crecimiento energético tenga un impacto duradero sobre el comercio, la construcción y los servicios.

La recuperación salarial convive con la pérdida de puestos de trabajo

El informe también muestra una mejora mensual del salario real promedio del empleo privado registrado durante agosto. La remuneración media real aumentó un 1,3% respecto de julio, según los datos provisorios del SIPA, mientras que los salarios negociados en los principales convenios colectivos avanzaron un 0,9%.

Sin embargo, la recuperación presenta diferencias importantes según la actividad.

Entre noviembre de 2023 y agosto de 2026, el salario promedio real del empleo privado registrado se ubicó un 1,2% por encima del nivel inicial considerado, mientras que el salario medio negociado en los principales convenios colectivos permaneció un 6,9% por debajo.

Los trabajadores textiles acumularon una pérdida real del 32%, mientras que en comercio la caída llegó al 18%. También se registraron retrocesos en el transporte de pasajeros, los encargados de edificios y otras actividades con fuerte presencia de trabajadores asalariados.

En julio, la remuneración nominal bruta promedio alcanzó los $2.256.861 y la mediana salarial se ubicó en $1.689.227. Estas cifras corresponden a valores nominales y no deben confundirse con la evolución del poder adquisitivo.

Menos empresas y un mercado laboral que todavía no logra recuperarse

La contracción del empleo también convive con una reducción del número de empresas con trabajadores registrados.

Durante el primer trimestre de 2026, la cantidad de firmas empleadoras cayó en algo más de 4.000, equivalente al 0,7%. Según el relevamiento oficial, esa disminución tuvo un impacto relativamente acotado sobre el empleo asalariado privado: se perdieron poco más de 800 puestos.

El resultado fue diferente al observado durante el tercer y cuarto trimestre de 2025, cuando una reducción de empresas de magnitud similar estuvo vinculada con una pérdida aproximada de 9.400 empleos.

La diferencia evidencia que no todas las empresas que cierran o dejan de tener personal registrado tienen el mismo tamaño, ni generan el mismo impacto sobre el mercado laboral.

Al mismo tiempo, el aumento de inscriptos en el monotributo muestra que una parte de la actividad laboral se desarrolla fuera del empleo asalariado tradicional. Ese crecimiento, por sí solo, no permite determinar cuántas personas ingresaron genuinamente a una actividad independiente ni cuántas pudieron haber cambiado su modalidad de trabajo.

El desafío argentino: recuperar el empleo formal

Los datos dejan planteado un problema central para la economía argentina: la pérdida sostenida de puestos asalariados registrados, incluso cuando determinados indicadores salariales muestran mejoras mensuales.

En ese contexto, Neuquén y Río Negro ofrecen una señal diferente, aunque todavía es necesario observar cómo evoluciona el empleo en los próximos meses y qué sectores explican el crecimiento.

Para Vaca Muerta, la discusión no pasa solamente por alcanzar nuevos récords de producción o atraer inversiones. También importa cuántos puestos de trabajo se generan, qué nivel de estabilidad tienen, cuánto participan las empresas regionales y cómo se distribuyen los beneficios de la expansión energética.

Porque el crecimiento de una industria estratégica no se mide únicamente en barriles, metros cúbicos y dólares exportados. También se mide en empleo formal, salarios que alcancen y oportunidades concretas para las comunidades que sostienen esa actividad.

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Fuente: VMO

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