
Petróleo caro, combustibles más caros
El negocio oculto detrás de la crisis energética mundial.
El cierre de Ormuz, los ataques sobre refinerías rusas y la falta de capacidad de procesamiento llevaron los márgenes de refinación a niveles extraordinarios. Mientras el petróleo enfrenta un escenario de fuerte volatilidad, las refinerías se convirtieron en uno de los grandes ganadores de la crisis. Para Argentina, el fenómeno abre una pregunta estratégica: ¿podemos aprovechar Vaca Muerta para producir más crudo y, al mismo tiempo, desarrollar capacidad de refinación y exportación de combustibles?
El mercado energético mundial está atravesando una de esas situaciones en las que el precio del barril deja de ser el único dato importante.
Mientras la atención internacional continúa concentrada en el petróleo y en las consecuencias de la crisis en Medio Oriente, otro mercado está capturando una parte extraordinaria de la renta energética: el de los combustibles refinados.
La explicación está en una palabra que quienes siguen el mercado petrolero conocen bien: crack spread.
Se trata, en términos simples, de la diferencia entre el valor del petróleo que ingresa a una refinería y el precio de los productos que salen de ella, principalmente naftas, diésel y otros derivados.
Y esa diferencia llegó a niveles extraordinarios.
El 17 de agosto, el crack spread del diésel en Estados Unidos superó por primera vez los US$100 por barril, alcanzando aproximadamente US$102,20.
El dato revela una transformación importante dentro de la cadena energética:
el petróleo dejó de ser el recurso más escaso. El cuello de botella pasó a estar en la capacidad de transformarlo en combustible.
Cuando falta capacidad de refinación
La crisis combinó varios factores.
Por un lado, los ataques ucranianos contra instalaciones de refinación rusas redujeron la capacidad de procesamiento de uno de los grandes actores del mercado mundial.
Por otro, la interrupción del tránsito por el estrecho de Ormuz restringió los movimientos de petróleo y derivados provenientes del Golfo Pérsico.
A eso se sumó una realidad estructural: el mundo no dispone de una capacidad de refinación infinita y buena parte de las plantas existentes ya estaba trabajando cerca de sus límites.
Estados Unidos es un ejemplo concreto.
Sus refinerías permanecieron durante semanas operando por encima del 95% de utilización, mientras los inventarios de destilados descendieron a niveles históricamente bajos para esta época del año.
Cuando una refinería funciona al 95%, 97% o 98% de su capacidad, el sistema pierde margen para absorber un shock.
Y cuando aparece una interrupción importante, el precio del combustible puede reaccionar mucho más rápido que el precio del petróleo.
Ese es exactamente el fenómeno que está observando el mercado.
El negocio cambió de lugar
La crisis produjo una transferencia de rentabilidad dentro de la industria.
Los productores de petróleo pueden beneficiarse cuando sube el barril.
Pero cuando el crudo está disponible y la capacidad para procesarlo es insuficiente, la renta se desplaza hacia las refinerías.
Los números de las compañías estadounidenses lo muestran con claridad.
Marathon Petroleum, Valero Energy y Phillips 66 registraron fuertes mejoras en sus resultados, impulsadas principalmente por el negocio de refinación y comercialización.
En el caso de Marathon, la diferencia fue particularmente significativa: sus ganancias se multiplicaron respecto del año anterior y su resultado operativo del segmento de refinación aumentó de manera extraordinaria.
El mercado también lo reconoció.
Las compañías más expuestas al negocio del refinado tuvieron una valorización bursátil muy superior a la de muchas petroleras integradas.
La señal es clara:
en una crisis de oferta de combustibles, tener petróleo no alcanza. Hay que tener dónde procesarlo.
¿Y qué tiene que ver Vaca Muerta?
Aquí aparece la discusión que más nos interesa desde Argentina.
Nuestro país está atravesando exactamente el proceso inverso: Vaca Muerta está permitiendo aumentar aceleradamente la producción de petróleo.
La formación neuquina ya explica una parte sustancial del crecimiento de la producción argentina y las empresas continúan aumentando perforaciones, fracturas y capacidad de transporte.
Pero existe una pregunta que debería comenzar a ocupar un lugar mucho más importante en la agenda energética nacional:
¿Qué hacemos con todo ese petróleo?
Argentina está construyendo infraestructura para evacuar mayores volúmenes hacia el mercado externo.
Eso es fundamental.
Pero existe otra posibilidad estratégica: incrementar simultáneamente la capacidad de refinación y la producción de combustibles de mayor valor agregado.
Porque vender petróleo genera renta.
Pero vender combustibles, dependiendo de los costos y de las condiciones internacionales, puede capturar una porción adicional de esa cadena de valor.
Y la crisis internacional acaba de mostrarlo.
El cuello de botella del futuro
El gran aprendizaje de esta crisis energética puede resumirse de una manera sencilla:
producir más petróleo no garantiza automáticamente tener más combustibles.
Se necesita transporte.
Almacenamiento.
Puertos.
Refinerías.
Plantas de procesamiento.
Logística.
Y mercados capaces de absorber la producción.
Por eso, la discusión sobre Vaca Muerta ya no puede limitarse a cuántos barriles produce la formación.
La pregunta estratégica debería ser:
¿Qué lugar quiere ocupar Argentina en la cadena mundial de valor energético?
¿Ser solamente un gran exportador de crudo?
¿O convertirse también en un proveedor regional de combustibles y productos refinados?
Una oportunidad que Argentina no debería mirar de lejos
La situación internacional puede cambiar.
El tránsito por Ormuz eventualmente puede normalizarse.
Rusia puede recuperar capacidad de refinación.
Nuevas inversiones pueden incrementar la oferta mundial de combustibles.
Y, con ello, los márgenes extraordinarios de las refinerías podrían comenzar a comprimirse.
Pero existe una conclusión que trasciende la coyuntura.
La capacidad de refinación es infraestructura estratégica.
Y para un país que busca convertir a Vaca Muerta en una plataforma exportadora de energía, esa infraestructura debería formar parte de la discusión de largo plazo.
Argentina tiene el recurso.
Tiene una formación de clase mundial.
Tiene empresas con capacidad técnica.
Está ampliando sus oleoductos.
Está desarrollando terminales de exportación.
Y busca posicionarse como proveedor energético internacional.
El siguiente desafío será decidir cuánto valor quiere capturar dentro de su propio territorio.
Porque cada barril que sale de Vaca Muerta puede representar una exportación de materia prima.
Pero ese mismo barril, después de pasar por una cadena industrial eficiente, puede transformarse en combustible, productos petroquímicos y mayor valor agregado.
La pregunta que deja la crisis
La crisis energética mundial está dejando una lección que Argentina debería incorporar a su planificación:
el petróleo puede estar debajo de la tierra, pero la verdadera renta aparece cuando existe capacidad para llevarlo al mercado y transformarlo.
Vaca Muerta ya demostró que puede producir.
Ahora Argentina tiene que demostrar que puede transportar, procesar, exportar y capturar cada vez más valor de ese petróleo.
El próximo cuello de botella de Vaca Muerta podría no estar en el subsuelo.
Podría estar en la superficie.
Y allí, además de los oleoductos y las terminales, la capacidad de refinación será una pieza cada vez más estratégica.
Fuente: VMO