Sindical Escuchar artículo

Petroleros Privados, Jerárquicos y Camioneros reclaman respuestas ante la pérdida de puestos de trabajo.

El encuentro reunió a Julián Matamala, Gabriel Barroso y Ricardo Letard, secretarios generales del Sindicato del Personal Jerárquico y Profesional del Petróleo y Gas Privado de Cuyo, del Sindicato de Petroleros Privados y del Sindicato de Camioneros de Mendoza, respectivamente.

Petroleros Privados, Jerárquicos y Camioneros reclaman respuestas ante la pérdida de puestos de trabajo.

El encuentro reunió a Julián Matamala, Gabriel Barroso y Ricardo Letard, secretarios generales del Sindicato del Personal Jerárquico y Profesional del Petróleo y Gas Privado de Cuyo, del Sindicato de Petroleros Privados y del Sindicato de Camioneros de Mendoza, respectivamente.

Mendoza vuelve a poner sobre la mesa una discusión que atraviesa a toda la industria hidrocarburífera argentina: cómo sostener el empleo cuando las inversiones y los equipos se concentran en las cuencas de mayor productividad.

Petroleros Privados, Jerárquicos y Camioneros reclaman respuestas ante la pérdida de puestos de trabajo. El desafío no es frenar la transformación de la industria, sino evitar que provincias enteras pierdan capacidades que después son muy difíciles de recuperar.

La industria petrolera argentina está atravesando una transformación profunda.

Vaca Muerta crece, aumenta la producción, se abren nuevos mercados y la energía comienza a ocupar un lugar cada vez más importante en las exportaciones del país.

Pero detrás de los récords productivos existe otra realidad que también merece ser contada: hay trabajadores, empresas de servicios, equipos y regiones que están quedando fuera de ese proceso de expansión.

Mendoza es hoy uno de los lugares donde esa tensión empieza a hacerse visible con mayor fuerza.

La reunión entre los sindicatos de Petroleros Privados, Petroleros Jerárquicos y Camioneros no debería interpretarse solamente como un reclamo gremial. Es, en realidad, una señal de alerta sobre lo que puede ocurrir cuando una actividad concentra inversiones en determinados territorios y reduce progresivamente su presencia en otros.

Mendoza también forma parte de la historia petrolera

Mendoza no llegó al desarrollo hidrocarburífero de la Argentina ayer.

Tiene trabajadores formados, empresas, contratistas, equipos, infraestructura y conocimiento acumulado durante décadas.

Hoy una parte importante de los trabajadores mendocinos encuentra oportunidades laborales en Neuquén y particularmente en Vaca Muerta. También trabajadores vinculados a la producción convencional se desplazaron hacia los proyectos que actualmente concentran la mayor actividad.

Ese movimiento demuestra algo importante: el trabajador petrolero sigue siendo necesario.

Lo que está cambiando es el lugar donde se encuentra la actividad.

Y ahí aparece una pregunta que el país debería hacerse antes de que sea demasiado tarde:

¿Qué hacemos con las provincias y las empresas que durante décadas sostuvieron la producción argentina y hoy pierden actividad?

Vaca Muerta no debería ser sinónimo de abandono

Vaca Muerta es una oportunidad extraordinaria para Argentina.

No hay que negarlo.

La producción no convencional permitió recuperar niveles que durante años parecían difíciles de alcanzar, generar exportaciones, atraer inversiones y abrir una nueva etapa para la industria.

Pero el desarrollo de Vaca Muerta no debería construirse sobre el abandono de otras cuencas.

Porque cuando una empresa se retira de una provincia, cuando se desarma un equipo o cuando un trabajador especializado abandona una actividad, recuperar esa capacidad productiva después puede resultar mucho más costoso.

La experiencia reciente del Golfo San Jorge es una advertencia.

Chubut y Santa Cruz conocen las consecuencias de una reducción sostenida de la actividad, con equipos que se retiraron, empresas de servicios que quedaron debilitadas y trabajadores que tuvieron que buscar oportunidades en otros lugares.

Y existen otros casos que también deberían ser analizados, como Salta, donde durante años la actividad hidrocarburífera perdió peso y recuperar posteriormente inversiones, equipos y mano de obra especializada se convirtió en un desafío enorme.

No se trata de enfrentar a Mendoza contra Neuquén.

Se trata de defender una industria nacional.

El trabajador no puede ser la variable de ajuste

La discusión energética suele concentrarse en barriles, metros cúbicos, dólares de exportaciones, inversiones y nuevos gasoductos.

Todos esos números son importantes.

Pero detrás de cada pozo hay trabajadores.

Hay familias.

Hay empresas contratistas.

Hay camioneros, perforadores, especialistas, soldadores, mecánicos, electricistas, operadores, técnicos, profesionales y cientos de pequeñas y medianas empresas que viven directa o indirectamente de la actividad.

Por eso, cuando los sindicatos reclaman inversiones y defienden puestos de trabajo, no necesariamente están reclamando que la industria permanezca congelada en el pasado.

También pueden estar planteando algo mucho más profundo:

Que la transformación energética tenga trabajadores adentro y no solamente balances positivos.

Invertir también significa conservar capacidades

Argentina necesita más inversión.

Mendoza necesita inversión.

Las cuencas maduras necesitan inversión.

Y Vaca Muerta necesita seguir creciendo.

No son objetivos contradictorios.

El desafío consiste en encontrar mecanismos para que las áreas convencionales puedan continuar produciendo durante el tiempo en que todavía resulten económica y técnicamente viables, mientras se desarrollan nuevas oportunidades productivas.

Porque una provincia que pierde actividad pierde mucho más que pozos.

Pierde proveedores.

Pierde trabajadores especializados.

Pierde infraestructura.

Pierde conocimiento.

Pierde empresas.

Y finalmente pierde población vinculada a esa actividad.

Una empresa puede mover un equipo de una cuenca a otra. Una familia puede mudarse buscando trabajo. Pero reconstruir décadas de conocimiento industrial en una región no es sencillo.

El mensaje que llega desde Mendoza

El reclamo conjunto de los tres sindicatos tiene justamente ese valor.

Más allá de las diferencias políticas, sindicales o empresariales, existe una preocupación que debería ser escuchada:

¿Qué va a pasar con los trabajadores si la actividad continúa reduciéndose?

Y también:

¿Qué plan existe para sostener las inversiones, recuperar producción y mantener los puestos de trabajo?

La respuesta no debería ser solamente esperar que aparezca una nueva empresa.

Cuando una compañía abandona una región petrolera, no existe ninguna garantía de que otra llegue inmediatamente a ocupar su lugar.

Y cuando se desarman equipos, se pierden contratistas y los trabajadores migran hacia otras cuencas, recuperar el ecosistema productivo puede llevar años.

El conflicto por los puestos de trabajo: cuando crecer también significa cuidar el empleo

Uno de los casos que mejor expone la tensión que atraviesa la cadena petrolera mendocina es el de Transgriff S.A., empresa dedicada al transporte de petróleo, donde el Sindicato de Camioneros advirtió sobre la posible pérdida de alrededor de 100 puestos de trabajo a partir de una reducción de los servicios contratados.

El reclamo llegó hasta el gobernador Alfredo Cornejo, mientras que la situación fue incorporada al análisis conjunto que realizaron en Maipú los gremios de Petroleros Privados, Petroleros Jerárquicos y Camioneros.

Para las organizaciones sindicales, lo que sucede con Transgriff no puede analizarse como un conflicto aislado. Es una señal de alerta sobre una cadena de valor que necesita actividad, inversión y continuidad para sostener los puestos de trabajo.

Y hay una particularidad que atraviesa hoy a Mendoza: una parte importante de los trabajadores mendocinos del sector petrolero desarrolla actualmente su actividad en Neuquén y, especialmente, en Vaca Muerta. La expansión de la actividad neuquina se convirtió en una fuente laboral para trabajadores provenientes de distintas provincias, mientras los yacimientos convencionales mendocinos enfrentan el desafío de sostener inversiones y actividad.

Una industria que necesita mirar más allá del récord

Argentina está frente a una oportunidad histórica.

Vaca Muerta puede convertirse en uno de los grandes motores económicos del país.

Puede generar dólares, inversiones, infraestructura y empleo.

Pero para que ese proceso sea realmente transformador debe existir una mirada federal.

El petróleo no pertenece solamente a una cuenca. La energía argentina se construyó con trabajadores de todo el país.

Desde Comodoro Rivadavia hasta Mendoza. Desde Neuquén hasta Santa Cruz. Desde Salta hasta las nuevas áreas de Vaca Muerta.

Cada región aportó trabajadores, experiencia y recursos.

Por eso, defender los puestos de trabajo no significa estar en contra de la modernización.

Significa pedir que el crecimiento tenga memoria.

Mendoza hoy reclama inversiones.

Los trabajadores reclaman previsibilidad.

Las empresas necesitan actividad.

Y el país necesita conservar su capacidad productiva.

El desafío será encontrar un equilibrio entre una industria que inevitablemente está cambiando y una política energética que no permita que ese cambio termine dejando atrás a miles de trabajadores y a comunidades enteras.

Porque los barriles pueden volver a producirse.

Los equipos pueden volver a movilizarse.

Pero un trabajador que pierde su empleo y una empresa que cierra sus puertas representan una capacidad productiva que después cuesta muchísimo reconstruir.

Y si algo debería haber aprendido la Argentina después de décadas de ciclos petroleros, es precisamente esto:

Defender el trabajo hoy también es defender la producción de mañana.

Fuente: VMO

Comentarios
Volver arriba