
Récord de producción, pero ¿récord de desarrollo?
La verdadera discusión no debería ser cuánto petróleo extraemos, sino cuánto valor queda en Neuquén.
Daniel Fernando Arámbulo es Fundador y CEO de LatAmEnergy & Infrastructure SAS, Senior Drilling Supervisor, Company Man NOC y Wellsite Supervisor.
Mientras Vaca Muerta continúa batiendo récords de producción y consolidándose como uno de los desarrollos no convencionales más importantes del mundo, existe una pregunta que todavía ocupa un lugar secundario en el debate público: ¿el crecimiento de la producción se está transformando en desarrollo para Neuquén y para la Argentina?
Los números son contundentes. La producción aumenta, llegan nuevas inversiones, se construyen oleoductos, crecen las exportaciones y el país proyecta convertirse en un actor relevante del mercado energético internacional. Nadie puede negar ese proceso. La discusión, sin embargo, debería ir un paso más allá.
Porque producir más petróleo no significa, automáticamente, generar más desarrollo.
El debate que todavía nos debemos
En las últimas semanas volvió a instalarse la discusión sobre la situación de las empresas proveedoras neuquinas y la presión sobre los costos de los servicios.
El planteo realizado por FECENE trasciende un conflicto comercial. Detrás de cada PyME hay trabajadores, familias, inversiones, transportistas, talleres y empresas que sostienen buena parte del entramado económico de la provincia. Cuando una empresa local advierte que determinados niveles de reducción de precios ponen en riesgo su continuidad, la discusión deja de ser exclusivamente empresarial y pasa a involucrar el futuro de toda la cadena de valor.
La economía real de un barril
Habitualmente el debate energético se concentra en el precio internacional del petróleo.
Sin embargo, ese valor representa solamente una parte de la ecuación.
Detrás de cada barril existe una compleja estructura integrada por equipos de perforación, ingeniería, cementación, perforación direccional, completación, fractura hidráulica, arena, agua, logística, transporte, instalaciones de superficie, energía, mantenimiento, seguridad y miles de trabajadores especializados que hacen posible la producción.
Por eso, cuando se habla de bajar costos, la pregunta debería ser otra:
¿Dónde existe realmente una oportunidad para ganar eficiencia y dónde simplemente se está trasladando presión económica hacia el proveedor más pequeño?

Competitividad sí. Fragilidad no.
La eficiencia constituye uno de los mayores logros de Vaca Muerta.
Los tiempos de perforación disminuyen, las ramas laterales son más extensas, la productividad mejora y la incorporación de tecnología permite reducir costos operativos.
Pero eficiencia no debería convertirse en sinónimo de pérdida de sustentabilidad para las empresas proveedoras. Una PyME neuquina no posee la espalda financiera de una multinacional. Debe afrontar salarios, cargas sociales, combustible, seguros, mantenimiento, impuestos y, muchas veces, financiar su operación durante meses hasta cobrar una factura.
La pregunta entonces es inevitable:
¿Quién captura el beneficio de esa mayor productividad?
La cadena de valor también necesita rentabilidad
Vaca Muerta necesita más perforación.
Más perforación requiere más servicios.
Los servicios necesitan empresas sólidas.
Las empresas necesitan rentabilidad para invertir.
Y la inversión permite seguir creciendo.
Romper cualquiera de esos eslabones puede generar un ahorro inmediato, pero también un costo mucho mayor en el futuro: empresas que desaparecen, equipos que se venden, trabajadores especializados que abandonan la actividad y conocimiento que resulta muy difícil recuperar.
Medir algo más que barriles
Tal vez haya llegado el momento de incorporar nuevos indicadores para evaluar el verdadero impacto de Vaca Muerta.
Además de medir producción, también deberíamos preguntarnos:
- ¿Cuántas empresas neuquinas crecieron gracias a Vaca Muerta?
- ¿Cuánto empleo de calidad se generó?
- ¿Cuánto conocimiento quedó en la provincia?
- ¿Cuánto capital se reinvirtió localmente?
- ¿Cuánta infraestructura permanecerá cuando finalicen las concesiones?
Porque el desarrollo no se mide únicamente por los barriles que salen del subsuelo.
También se mide por las capacidades que permanecen cuando esos recursos ya no estén.
El verdadero desafío
El petróleo es un recurso finito.
Cada barril extraído representa una oportunidad única para transformar riqueza natural en desarrollo permanente.
Infraestructura.
Educación.
Capacitación.
Tecnología.
Empresas competitivas.
Capital humano.
Servicios especializados.
Ese debería ser el verdadero legado de Vaca Muerta.
Una agenda para el futuro
La discusión no debería enfrentar a operadoras con proveedores ni a grandes compañías con pequeñas empresas.
El desafío consiste en construir una cadena de valor donde todos tengan incentivos para invertir, innovar y crecer.
Operadoras rentables necesitan proveedores financieramente sólidos.
Los proveedores requieren contratos previsibles.
Los trabajadores necesitan una industria estable.
Y la provincia necesita que parte de la riqueza generada se transforme en desarrollo económico permanente.
Reflexión final
Vaca Muerta ya demostró que puede producir petróleo y gas a escala mundial.
La próxima etapa consiste en demostrar que también puede convertirse en un modelo de desarrollo industrial.
La verdadera pregunta ya no es cuántos barriles diarios produce la cuenca.
La pregunta es cuánto empleo, cuánta tecnología, cuánta infraestructura, cuántas empresas y cuánto conocimiento somos capaces de construir alrededor de cada barril que extraemos.
VacamuertaOnline.com.ar. Desarrolla proyectos vinculados al desarrollo energético, infraestructura y fortalecimiento de la cadena de valor en la industria del petróleo y el gas.
Fuente: VMO