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Seis meses de guerra en Irán

El petróleo cambió de precio, los mercados resistieron y Vaca Muerta ganó protagonismo.

Seis meses de guerra en Irán

El petróleo cambió de precio, los mercados resistieron y Vaca Muerta ganó protagonismo.

El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán produjo uno de los mayores shocks energéticos de los últimos años. El Brent llegó a superar los US$120, el tránsito por Ormuz cayó más de 80% y el mercado financiero terminó mostrando una resistencia que pocos esperaban. Para Argentina, la guerra también modificó el valor estratégico de Vaca Muerta.

Seis meses después del inicio de la guerra, el mundo enfrenta una paradoja: el conflicto fue mucho más prolongado y disruptivo de lo que se esperaba, pero el colapso económico global que muchos pronosticaban no ocurrió.

El 28 de febrero comenzó la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán. Desde entonces, el estrecho de Ormuz se transformó en el principal punto de tensión energética del planeta.

Por allí circulaban normalmente alrededor de 20 millones de barriles diarios de petróleo y una parte fundamental del comercio mundial de GNL. Seis meses después, el tránsito marítimo se mantiene reducido en más de 80%, según datos de S&P Global.

El resultado fue inmediato: el Brent pasó de unos US$72 por barril antes de la guerra a superar los US$120 durante abril, mientras que posteriormente retrocedió hacia la zona de los US$90.

Pero la verdadera consecuencia de la guerra no se mide solamente en el precio del barril.

Se modificó la percepción mundial sobre la seguridad energética, las rutas de abastecimiento y el valor estratégico de los productores capaces de incrementar rápidamente su oferta.

Y allí aparece Vaca Muerta.

Ormuz: el cuello de botella que volvió a poner al petróleo en el centro del mundo

La guerra demostró que la transición energética todavía convive con una enorme dependencia de los hidrocarburos.

El problema no fue solamente cuánto petróleo había disponible.

El problema fue cómo sacarlo del Golfo Pérsico.

El tránsito por Ormuz pasó de un promedio cercano a 88 embarcaciones diarias antes de la guerra a alrededor de 16 seis meses después, según datos citados por Kpler.

Esa situación obligó a productores y consumidores a buscar rutas alternativas, aumentó el costo de los fletes y generó una fuerte presión sobre los mercados de combustibles refinados.

El impacto fue particularmente fuerte sobre el diésel, el combustible de aviación y otros derivados.

Y la crisis continúa.

Este mismo 30 de agosto, nuevas acciones militares estadounidenses contra posiciones iraníes cercanas al estrecho volvieron a elevar la tensión y llevaron al Brent nuevamente por encima de los US$90.

Es decir: Ormuz no está resuelto.

Los ganadores: productores, exportadores y algunos inversores

El primer grupo beneficiado fue naturalmente el de los productores de petróleo fuera de las zonas directamente afectadas.

Cuando el barril aumenta, una compañía que mantiene sus costos relativamente estables puede incrementar significativamente su margen.

También ganaron los países capaces de aumentar exportaciones y sustituir parcialmente el petróleo que no podía circular por las rutas tradicionales.

En este escenario, Estados Unidos, Canadá, Brasil, Guyana y Argentina adquirieron mayor relevancia estratégica.

Para Argentina existe una diferencia fundamental respecto de otras crisis petroleras del pasado.

Esta vez el país no está mirando el aumento del petróleo desde la necesidad de importar grandes volúmenes para sostener su mercado interno.

Argentina está del otro lado de la ecuación: está aumentando sus exportaciones.

Vaca Muerta: de recurso estratégico a proveedor potencial del mercado mundial

El conflicto de Medio Oriente volvió a poner en valor algo que la Argentina viene construyendo desde hace años.

Vaca Muerta no está en el Golfo Pérsico.

No necesita atravesar Ormuz para llegar a los mercados internacionales.

Su petróleo puede salir hacia el Atlántico a través de la infraestructura que se está ampliando, mientras que los proyectos de GNL buscan convertir el gas neuquino en una nueva fuente de divisas.

Esto cambia la posición argentina frente a una crisis internacional.

El país deja de ser únicamente un consumidor afectado por el precio internacional y empieza a convertirse en proveedor de energía para terceros mercados.

El desafío es que esa ventaja geológica se transforme en infraestructura, producción y exportaciones sostenibles.

Ahí entran proyectos como VMOS, las ampliaciones de Oldelval, las terminales de exportación y los desarrollos de GNL.

La guerra no creó Vaca Muerta.

Pero aumentó el valor estratégico de tener Vaca Muerta disponible.

El gran ganador argentino no es solamente el petróleo

Hay una cuestión todavía más importante.

Cada dólar adicional que ingresa por exportaciones energéticas impacta sobre la balanza comercial.

Durante años, Argentina tuvo que utilizar divisas para importar energía.

Ahora intenta construir el proceso inverso:

producir → abastecer el mercado interno → generar excedentes → exportar → ingresar dólares → financiar nuevas inversiones.

Ese círculo virtuoso es, en definitiva, uno de los grandes objetivos económicos detrás del desarrollo de Vaca Muerta.

Por eso el debate ya no debería limitarse a cuánto petróleo produce Neuquén.

La pregunta es:

¿cuánto puede exportar Argentina y cuánto de esa renta puede convertirse en infraestructura, empleo, industria y desarrollo?

Los consumidores están del otro lado de la ecuación

El petróleo caro beneficia al productor, pero no necesariamente al consumidor.

Un barril más caro termina impactando sobre combustibles, transporte, logística, producción industrial y alimentos.

También afecta a las aerolíneas y al costo de los viajes.

Por eso la guerra produjo una distribución muy desigual de sus consecuencias.

Para una petrolera exportadora, US$100 puede ser una oportunidad. Para una familia que necesita llenar el tanque, puede ser un problema.

Esa diferencia explica una de las grandes contradicciones del actual escenario energético.

Wall Street desafió los pronósticos

Los mercados financieros también tuvieron un comportamiento inesperado.

El inicio de la guerra produjo una fuerte caída de las bolsas, pero posteriormente los principales índices recuperaron terreno.

El impulso de las inversiones relacionadas con inteligencia artificial ayudó a compensar parte del impacto de la crisis energética.

Según Reuters, el índice mundial de acciones MSCI llegó recientemente a un récord, acumulando una ganancia cercana al 9% desde el comienzo del conflicto.

La lección es importante:

los mercados no reaccionan solamente a las guerras. También reaccionan a las expectativas sobre crecimiento, tasas de interés, tecnología y ganancias empresariales.

La transición energética recibió otro empujón

La crisis también produjo otro efecto.

Cuando una economía descubre que puede quedar expuesta a una interrupción energética por un conflicto ocurrido a miles de kilómetros, aumenta el incentivo para diversificar sus fuentes de abastecimiento.

Los vehículos eléctricos, las energías renovables, el almacenamiento y la generación nuclear volvieron a ganar argumentos.

El conflicto aceleró esa discusión porque demostró que la seguridad energética también es una cuestión de seguridad nacional.

Pero hay una paradoja.

Mientras algunos países aceleran la transición, otros aumentaron el uso de combustibles fósiles para reemplazar fuentes que quedaron comprometidas por la guerra.

La transición energética, por lo tanto, no será lineal.

Y hay un segundo ganador: la infraestructura

Una de las grandes conclusiones de estos seis meses es que tener petróleo no alcanza.

Hay que poder transportarlo.

Hay que almacenarlo.

Hay que cargarlo en barcos.

Hay que contar con terminales.

Hay que tener oleoductos.

Y hay que conseguir financiamiento.

Por eso proyectos como VMOS adquieren una importancia que va mucho más allá de una obra de infraestructura argentina.

Representan la posibilidad de transformar una producción creciente en una corriente exportadora permanente.

Lo mismo ocurre con los proyectos de GNL.

La infraestructura es la que convierte el recurso natural en capacidad exportadora real.

Argentina frente a la próxima crisis

El mundo acaba de recibir una advertencia.

Una guerra localizada puede transformar en pocas semanas el mercado energético global.

Puede cerrar rutas comerciales.

Puede disparar el precio del petróleo.

Puede aumentar el costo del transporte.

Puede presionar sobre la inflación.

Y puede obligar a los países a replantearse su seguridad energética.

Para Argentina, la oportunidad está sobre la mesa.

Vaca Muerta puede convertirse en uno de los grandes activos estratégicos del país en un mundo donde la energía volvió a tener valor geopolítico.

Pero para aprovecharlo no alcanza con producir más.

Hace falta infraestructura, estabilidad regulatoria, capital, trabajadores capacitados, proveedores competitivos y capacidad exportadora.

Y sobre todo, una estrategia de Estado que permita que el crecimiento energético no termine solamente en mayores volúmenes de petróleo y gas, sino que se transforme en dólares, empleo, industria y desarrollo argentino.

La pregunta que deja la guerra

Hace seis meses el temor era que la guerra provocara una nueva crisis petrolera mundial.

Hoy sabemos que el mundo logró absorber buena parte del shock.

Pero también sabemos algo más importante:

el petróleo volvió a demostrar que sigue siendo una herramienta de poder.

Y en ese nuevo tablero, Argentina tiene algo que durante décadas no tuvo:

una producción de petróleo y gas con capacidad de crecer, una formación de clase mundial y una ubicación geográfica alejada de los principales focos de conflicto energético.

Vaca Muerta puede ser una oportunidad histórica.

La verdadera discusión es si Argentina tendrá la capacidad política, empresarial y económica para convertir esa oportunidad en desarrollo.

Para Vaca Muerta Online, esa es quizás la principal conclusión de estos seis meses de guerra: el mundo volvió a mirar la energía como una cuestión estratégica y Argentina tiene la posibilidad de dejar de mirar la crisis desde afuera para convertirse en parte de la solución.

Fuente: VMO

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