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Vaca Muerta bate récords, pero ¿qué le queda al trabajador petrolero?

Producción récord, pozos más rápidos y millones de dólares: detrás de la eficiencia hay trabajadores que pasan semanas lejos de sus familias, viajan durante años y muchas veces descubren que ganar más no significa necesariamente vivir mejor.

Vaca Muerta bate récords, pero ¿qué le queda al trabajador petrolero?

Producción récord, pozos más rápidos y millones de dólares: detrás de la eficiencia hay trabajadores que pasan semanas lejos de sus familias, viajan durante años y muchas veces descubren que ganar más no significa necesariamente vivir mejor.

Por Diego Chauqui | VacaMuertaOnline

Vaca Muerta bate récords.

Más metros perforados. Más etapas de fractura. Más barriles. Más eficiencia. Más productividad. Más equipos trabajando. Más inversiones. Más exportaciones.

Desde Buenos Aires, desde los escritorios de las empresas y desde las presentaciones corporativas, la fotografía parece extraordinaria.

Pero existe otra pregunta que pocas veces aparece en los gráficos de producción:

¿Qué le queda al trabajador petrolero después de entregar años de su vida a Vaca Muerta?

Porque detrás de cada récord hay personas.

Hay trabajadores que pasan 12, 14, 21 días fuera de sus casas. Hay choferes que recorren cientos de kilómetros para llegar al yacimiento. Hay operadores que trabajan de noche, con frío, viento, polvo, ruido y presión permanente. Hay familias que organizan su vida alrededor de un diagrama.

Y también hay una realidad que desde afuera muchas veces no se ve:

no todos los petroleros se hacen ricos.

El mito del petrolero que gana mucho dinero

Existe una idea instalada en buena parte del país: trabajar en Vaca Muerta significa ganar una fortuna.

La realidad es bastante más compleja.

Hay categorías, empresas, convenios, adicionales, horas extras, diagramas, bonos y responsabilidades diferentes. No cobra lo mismo un trabajador que recién ingresa que un especialista con años de experiencia. Tampoco tiene los mismos gastos quien vive en Neuquén que quien mantiene su hogar en otra provincia.

Y hay una cuestión fundamental:

el salario debe compararse con el costo de vida del lugar donde se trabaja.

Vivir en Neuquén, Añelo o en las localidades vinculadas directamente a Vaca Muerta puede representar un esfuerzo económico enorme.

Alquileres, alimentos, transporte, servicios, educación y vivienda fueron acompañando —y en algunos casos superando— la capacidad de ahorro de muchas familias.

Por eso, decir simplemente que "el petrolero gana mucho" puede ser tan incompleto como decir que Vaca Muerta genera riqueza y concluir que toda esa riqueza llega automáticamente a la sociedad.

No funciona así.

El trabajador que vive lejos puede ahorrar más, pero paga otro precio

Existe además una situación particular.

Un trabajador que tiene su casa en Mendoza, Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Río Negro o cualquier otra provincia puede tener una estructura de gastos diferente a la de quien intenta vivir permanentemente en la zona petrolera.

Puede trabajar, cobrar y regresar a su lugar de origen.

Pero eso tiene otro costo.

El tiempo.

Viajar durante años no es gratis.

No solamente por el combustible, los pasajes o el desgaste del vehículo.

Se paga con horas de vida.

Horas que no se recuperan.

El trabajador puede tener un buen ingreso y, al mismo tiempo, perder cumpleaños, reuniones familiares, actos escolares, fines de semana, encuentros con amigos y momentos cotidianos que para cualquier otra persona forman parte de la vida.

Por eso hay una pregunta que debería empezar a formar parte de la discusión energética:

¿Cuánto vale una hora que un trabajador petrolero pasa viajando o lejos de su familia?

Cuando 21 días de trabajo se comen los 7 días de descanso

Hay diagramas que permiten entender perfectamente esta contradicción.

Un trabajador puede permanecer 21 días trabajando para obtener 7 días de descanso.

Pero esos siete días no necesariamente son siete días libres.

Si tiene que viajar para volver a su provincia, puede perder un día de ida y otro de regreso.

Entonces el descanso real se achica.

Y cuando el cuerpo finalmente llega a casa, muchas veces no llega descansado.

Llega cansado.

Hay que dormir, resolver cuestiones domésticas, hacer trámites, visitar familiares, atender problemas pendientes y volver a preparar el próximo viaje.

El calendario dice siete días.

La vida dice otra cosa.

El récord de producción también tiene una cara humana

La industria habla —con razón— de optimización.

Cada metro perforado en menos tiempo puede representar una mejora.

Cada etapa de fractura ejecutada con mayor eficiencia tiene impacto económico.

Cada hora que se reduce en una operación puede mejorar la productividad de un pozo.

Pero hay una discusión que todavía aparece poco:

¿hasta dónde puede optimizarse una operación sin trasladar toda la presión de esa eficiencia sobre las personas?

Porque una operación más rápida puede necesitar menos horas.

Pero también puede exigir mayor intensidad.

Menos tiempos muertos.

Más coordinación.

Más equipos funcionando simultáneamente.

Más presión sobre supervisores y operadores.

Más velocidad en las decisiones.

Y allí aparece una palabra que debería acompañar siempre a "productividad":

sustentabilidad humana.

No alcanza con que el pozo sea eficiente.

También debe ser sostenible para quien trabaja en él.

¿Más trabajadores o mejores condiciones?

Hay otra discusión que Vaca Muerta debería comenzar a tener.

Cuando una operación necesita producir más, existen dos caminos.

Uno es exigir mayor productividad a la misma cantidad de trabajadores.

El otro es incorporar más personas para distribuir mejor la carga.

No siempre es posible aumentar las dotaciones. Existen costos, disponibilidad de mano de obra calificada, logística y organización.

Pero tampoco puede suponerse que toda mejora productiva debe salir de una mayor exigencia sobre el trabajador.

Más producción no debería significar necesariamente más desgaste.

En algunos casos, incorporar personal puede hacer que una operación sea más segura, reducir fatiga y permitir mejores descansos.

Eso también es productividad.

Los bonos de producción: ¿premio o compensación?

Los bonos de producción son una herramienta que puede reconocer el esfuerzo adicional.

Pero también deberían abrir una conversación más profunda.

¿Qué se está premiando?

¿La cantidad producida?

¿La reducción de tiempos?

¿La eficiencia?

¿La seguridad?

¿La continuidad operativa?

¿La reducción de incidentes?

¿La capacitación?

Una industria moderna debería avanzar hacia sistemas de incentivos que no premien únicamente producir más rápido.

También debería premiar trabajar mejor y volver entero a casa.

Porque si el único indicador es el barril producido, existe el riesgo de que la persona quede reducida a una variable más del costo operativo.

¿Y la vivienda?

Esta quizás sea una de las preguntas más incómodas.

¿Cuánto tiempo necesita un trabajador petrolero que recién ingresa a Vaca Muerta para poder comprar una casa?

No existe una respuesta única.

Depende del salario, categoría, empresa, ahorro, crédito, composición familiar y precio de la vivienda.

Pero justamente allí aparece el problema.

Una región que produce millones de dólares en hidrocarburos no puede conformarse con generar puestos de trabajo.

También necesita generar posibilidad de arraigo.

Porque si un trabajador tiene empleo pero no puede acceder a una vivienda, termina viviendo alquilando durante años, compartiendo espacios, viajando desde otra provincia o alejándose cada vez más de la posibilidad de construir patrimonio.

El desarrollo energético debería permitir que quien trabaja en la industria pueda imaginarse viviendo en la región.

No solamente trabajando en ella.

Neuquén necesita que la riqueza se convierta en calidad de vida

Esta es quizás la discusión más importante.

Vaca Muerta no puede medirse solamente en barriles por día.

También debería medirse en:

  • viviendas construidas;
  • familias que pudieron radicarse;
  • escuelas;
  • hospitales;
  • rutas;
  • transporte;
  • tiempo de viaje;
  • seguridad;
  • capacitación;
  • salarios reales;
  • descanso;
  • empleo registrado;
  • proveedores locales;
  • empresas neuquinas;
  • posibilidades para los jóvenes.

Porque una economía puede crecer extraordinariamente y, al mismo tiempo, dejar una parte de la población corriendo detrás de ese crecimiento.

La verdadera riqueza es cuando la producción mejora la vida cotidiana.

Una nueva generación de petroleros

Hay además un cambio generacional que merece ser observado.

Muchos jóvenes llegan a Vaca Muerta con una mentalidad diferente a la de generaciones anteriores.

Para algunos, el objetivo no es necesariamente construir una familia inmediatamente, comprar una casa y quedarse toda la vida en la industria.

Quieren viajar.

Conocer lugares.

Tener tiempo libre.

Estudiar.

Emprender.

Disfrutar.

Construir una vida social.

Y eso no significa falta de compromiso.

Significa que cambió la definición de éxito.

Para generaciones anteriores, un buen trabajo podía significar estabilidad, antigüedad y una jubilación segura.

Para muchos jóvenes, tener dinero pero no tener tiempo también puede ser una mala ecuación.

La industria debería escuchar ese cambio.

Porque Vaca Muerta va a necesitar miles de trabajadores durante las próximas décadas.

Y para atraerlos no alcanzará con decirles cuánto pueden ganar.

También habrá que explicarles:

cómo van a vivir.

Ser petrolero es una forma de vida

Quienes nunca trabajaron en un yacimiento pueden pensar que ser petrolero es simplemente tener un salario superior al promedio.

Quien estuvo en el campo sabe que no es así.

Ser petrolero significa adaptar la vida al diagrama.

Significa levantarse cuando otros duermen.

Trabajar cuando otros descansan.

Estar lejos cuando la familia se reúne.

Soportar frío, calor, viento, polvo y largas jornadas.

Compartir campamentos.

Viajar.

Esperar.

Resolver problemas.

Y volver.

Una y otra vez.

Por eso no se puede mirar únicamente el recibo de sueldo.

Hay que mirar también el tiempo entregado.

Vaca Muerta necesita una discusión laboral del siglo XXI

La industria energética argentina está entrando en una etapa diferente.

La tecnología permite perforar más rápido.

La automatización comienza a modificar tareas.

Los datos permiten tomar mejores decisiones.

La inteligencia artificial empieza a incorporarse a distintas operaciones.

La productividad crece.

Pero justamente por eso llegó el momento de discutir qué hacemos con el tiempo que la tecnología permite ahorrar.

Si una operación es más eficiente, ¿ese beneficio queda solamente en el costo del barril?

¿O también puede transformarse en mejores diagramas?

¿Más descanso?

¿Más capacitación?

¿Más trabajadores por equipo?

¿Menos viajes?

¿Más tiempo con la familia?

La verdadera modernización de Vaca Muerta no debería ser solamente tecnológica. También debería ser laboral.

Porque detrás del barril hay una persona

Vaca Muerta necesita trabajadores.

Muchos.

Necesita técnicos, operadores, choferes, perforadores, especialistas en control de sólidos, mantenimiento, logística, seguridad, ambiente, electricidad, instrumentación, producción y cientos de especialidades.

Pero no puede pensar al trabajador solamente como alguien que ocupa una posición dentro de un organigrama.

Es una persona.

Tiene una familia.

Tiene hijos o puede querer tenerlos.

Tiene padres.

Tiene amigos.

Tiene proyectos.

Tiene una vida que transcurre mientras el pozo produce.

Y esa vida también tiene que formar parte del desarrollo.

La pregunta que Neuquén debería hacerse

La discusión ya no debería ser solamente cuánto petróleo puede producir Vaca Muerta.

Tampoco solamente cuántos pozos podemos perforar por año.

La pregunta debería ser:

¿Qué provincia queremos construir con esa producción?

Una provincia donde el trabajador gane más pero necesite viajar cientos de kilómetros para encontrar una vivienda accesible.

Una provincia donde existan récords de producción pero familias separadas durante buena parte del año.

Una provincia donde el joven tenga empleo, pero no tiempo.

¿O una provincia donde la riqueza energética permita construir una vida mejor?

Porque los millones que están bajo tierra son importantes.

Pero los años que cada trabajador deja en el campo también tienen valor.

Y esos años no se pueden volver a extraer.

El próximo récord debería medirse de otra manera

Vaca Muerta tiene todo para convertirse en una de las grandes historias energéticas del mundo.

Pero el éxito no debería medirse únicamente por los barriles.

El próximo récord debería ser cuántos trabajadores lograron comprar su casa.

Cuántas familias pudieron radicarse.

Cuántos jóvenes pudieron construir un proyecto de vida.

Cuántas horas de viaje se redujeron.

Cuántos trabajadores pudieron descansar mejor.

Cuántos accidentes se evitaron.

Cuántos trabajadores volvieron a sus casas con salud y tiempo para abrazar a sus hijos.

Porque producir más es importante.

Pero vivir mejor debería ser el verdadero objetivo.

Y esa es quizás la pregunta que todavía le debemos a Vaca Muerta:

¿Estamos construyendo solamente una potencia energética o estamos construyendo una sociedad que pueda vivir de esa riqueza?

VacaMuertaOnline — Periodismo energético desde el corazón de la industria.

Fuente: vmo

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