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Vaca Muerta cambió la economía argentina, pero su impacto más profundo se siente en Neuquén

La formación neuquina dejó de ser solamente un proyecto energético para convertirse en un motor de producción, exportaciones, empleo e inversión. El desafío ahora es transformar ese crecimiento en desarrollo económico sostenible para Neuquén y en una mayor generación de divisas para todo el país.

Vaca Muerta cambió la economía argentina, pero su impacto más profundo se siente en Neuquén

La formación neuquina dejó de ser solamente un proyecto energético para convertirse en un motor de producción, exportaciones, empleo e inversión. El desafío ahora es transformar ese crecimiento en desarrollo económico sostenible para Neuquén y en una mayor generación de divisas para todo el país.

Durante años, Vaca Muerta fue presentada como una promesa. Una enorme reserva de petróleo y gas capaz de cambiar el destino energético de la Argentina, pero cuyo potencial parecía siempre pertenecer al futuro.

Ese futuro comenzó a llegar.

El crecimiento de la producción hidrocarburífera convirtió a la formación neuquina en uno de los principales motores de la economía argentina y, al mismo tiempo, produjo una transformación mucho más profunda en Neuquén, donde el impacto dejó de medirse solamente en barriles y metros cúbicos.

Hoy se mide también en empleo, migración, construcción, consumo, infraestructura, recaudación, demanda de servicios y creación de empresas.

El presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, resumió esa expectativa al sostener que Vaca Muerta podría generar hasta US$500.000 millones en exportaciones a lo largo de las próximas décadas.

Pero detrás de esa cifra existe una pregunta todavía más importante:

¿Cuánto de esa riqueza está logrando transformar Neuquén en desarrollo y cuánto queda todavía pendiente?

El petróleo dejó de ser solamente una actividad productiva

La producción argentina alcanzó en julio un nuevo récord de aproximadamente 916.200 barriles diarios, mientras Vaca Muerta superó los 643.000 barriles diarios.

La formación neuquina ya representa más del 70% del petróleo producido en el país.

Ese crecimiento modificó también la estructura del comercio exterior argentino.

El petróleo crudo acumuló durante los primeros siete meses del año exportaciones por unos US$5.722 millones, mientras el complejo petrolero-petroquímico se acercó cada vez más al liderazgo histórico del complejo sojero.

La energía comenzó así a ocupar un lugar que Argentina conoce poco: el de generadora estructural de dólares.

Y allí Neuquén tiene un papel central.

Porque buena parte de esos barriles adicionales nacen en una formación ubicada en territorio neuquino.

Neuquén: donde el boom se transforma en economía real

El impacto provincial de Vaca Muerta no puede medirse solamente por las regalías hidrocarburíferas.

La actividad genera un enorme ecosistema alrededor de cada operación.

Hay empresas de perforación, fractura, transporte, logística, catering, alojamiento, mantenimiento, limpieza, seguridad, alquiler de equipos, construcción, metalmecánica, servicios profesionales y tecnología.

Cada pozo genera una cadena económica que excede ampliamente a la empresa que lo perfora.

Ese fenómeno explica buena parte de la transformación que experimentó Neuquén durante los últimos años.

La ciudad capital creció, aumentó la construcción de edificios y viviendas y se multiplicaron los servicios destinados a trabajadores y compañías.

Añelo, por su parte, pasó de ser una localidad vinculada principalmente a la actividad agrícola y petrolera convencional a convertirse en uno de los principales centros operativos de la nueva industria shale argentina.

Pero ese crecimiento también expuso una realidad incómoda:

la infraestructura todavía corre detrás de la actividad.

El costo de crecer demasiado rápido

El crecimiento de Vaca Muerta trajo inversiones y empleo, pero también presión sobre los servicios públicos.

Viviendas, rutas, transporte, salud, educación, seguridad, agua, cloacas y energía comenzaron a recibir una demanda mucho mayor.

El fenómeno migratorio es una de las expresiones más visibles.

Miles de trabajadores llegaron desde otras provincias atraídos por los salarios y las oportunidades laborales que genera la actividad hidrocarburífera.

Neuquén se convirtió en un polo de atracción nacional.

Eso representa una enorme oportunidad económica, pero también obliga a pensar una planificación diferente.

No alcanza con producir más petróleo. Hay que construir una provincia capaz de sostener a las personas y empresas que genera esa producción.

Las PyMEs son una de las claves

Uno de los puntos destacados por Marín fue precisamente el impacto sobre las pequeñas y medianas empresas.

Y allí aparece uno de los grandes desafíos de Vaca Muerta.

El desarrollo de la formación puede generar una enorme cantidad de oportunidades para empresas neuquinas, pero para capturarlas necesitan algo más que voluntad.

Necesitan capital, capacitación, certificaciones, seguridad, tecnología, capacidad financiera y escala.

La discusión que actualmente mantienen las cámaras empresarias de Neuquén con grandes compañías de servicios petroleros refleja justamente esa tensión.

Las operadoras y empresas de servicios necesitan bajar costos y aumentar productividad.

Las PyMEs necesitan contratos previsibles que les permitan invertir y sostener empleo.

La discusión no debería ser PyME contra petrolera.

El verdadero desafío consiste en construir una cadena de valor competitiva donde ambas puedan crecer.

El empleo es otra cara de Vaca Muerta

La actividad hidrocarburífera también modificó el mercado laboral neuquino.

Los salarios petroleros y la demanda de trabajadores especializados generaron un efecto multiplicador sobre otros sectores.

Un trabajador que llega a Neuquén necesita vivienda, alimentos, transporte, educación, salud y servicios.

Una empresa que instala una base necesita oficinas, depósitos, mantenimiento, seguridad, limpieza y proveedores.

De esta manera, el empleo directo de Vaca Muerta es solamente una parte de su impacto real.

El resto aparece en miles de puestos de trabajo indirectos.

Y aquí existe una oportunidad estratégica: desarrollar capacitación local para que una mayor proporción de esos empleos quede en Neuquén.

El gran desafío: que los dólares se transformen en desarrollo

La discusión que plantea Marín sobre una Argentina con balanza comercial positiva durante muchos años tiene una importancia que excede a YPF.

Si Vaca Muerta consigue sostener el crecimiento de la producción y ampliar las exportaciones, Argentina podría contar con una fuente de divisas mucho más estable.

Pero existe una segunda discusión.

¿Qué hace el país con esos dólares?

Y una tercera, todavía más importante para Neuquén:

¿Qué hace la provincia con la riqueza que genera su subsuelo?

La respuesta no debería limitarse a gastar más.

Debería apuntar a invertir mejor.

Infraestructura, rutas, vivienda, hospitales, escuelas, formación técnica, conectividad, parques industriales, agua, transporte y planificación urbana deberían formar parte de una estrategia de largo plazo.

Porque Vaca Muerta puede durar décadas.

Las decisiones que se tomen durante los próximos años también.

Del boom petrolero al desarrollo industrial

Existe además una oportunidad que todavía está parcialmente pendiente.

Neuquén no debería limitarse a ser el territorio donde se extrae petróleo y gas.

Puede convertirse en un centro industrial y de servicios energéticos.

Metalúrgicas, fabricantes de equipos, empresas tecnológicas, compañías de mantenimiento, logística especializada, ingeniería, capacitación y servicios profesionales pueden desarrollarse alrededor de la actividad.

El desafío consiste en pasar de una economía que vende principalmente recursos naturales a una economía que también exporta conocimiento, tecnología y servicios.

Ahí está quizás una de las mayores oportunidades de Vaca Muerta.

YPF plantea un horizonte de US$500.000 millones

La proyección de Horacio Marín sobre el potencial exportador de Vaca Muerta permite dimensionar el tamaño de la oportunidad.

US$500.000 millones no son solamente una cifra petrolera.

Significan potencialmente más infraestructura, más actividad económica, más empresas, más empleo y mayor capacidad de Argentina para financiar su desarrollo.

Pero ninguna de esas consecuencias ocurre automáticamente.

El petróleo puede generar dólares.

El desarrollo requiere decisiones.

Y Neuquén está frente a una oportunidad histórica: utilizar el crecimiento de Vaca Muerta para construir una economía más diversificada, con mejores servicios públicos, empresas locales más fuertes y una infraestructura acorde con la escala que está adquiriendo la industria.

La verdadera transformación recién comienza

Vaca Muerta ya cambió a la Argentina.

Cambió su producción energética.

Cambió su balanza comercial.

Cambió el mapa de las exportaciones.

Y cambió especialmente a Neuquén.

Pero quizás todavía no vimos su impacto definitivo.

El verdadero éxito de Vaca Muerta no será solamente alcanzar un millón de barriles diarios, exportar petróleo o desarrollar proyectos de GNL.

Será conseguir que esa riqueza se convierta en desarrollo permanente.

Que un trabajador pueda acceder a una vivienda.

Que una PyME neuquina pueda convertirse en proveedor de una multinacional.

Que un joven pueda capacitarse y conseguir un empleo de calidad.

Que una ciudad pueda crecer sin colapsar.

Que una ruta, un hospital o una escuela se construyan antes de que la demanda los vuelva imprescindibles.

Y que los dólares generados por el subsuelo argentino permitan finalmente financiar una economía capaz de sostenerse más allá del precio internacional del petróleo.

Vaca Muerta ya demostró que puede producir.

Ahora comienza la etapa más difícil:

demostrar que también puede transformar esa producción en desarrollo.

Fuente: VMO

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