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Vaca Muerta no tiene un solo dueño político

La pelea por el “milagro” que todos quieren capitalizar. Claudio Domínguez salió al cruce de Nadia Márquez y abrió una discusión que va mucho más allá de Milei y el MPN.

Vaca Muerta no tiene un solo dueño político

La pelea por el “milagro” que todos quieren capitalizar. Claudio Domínguez salió al cruce de Nadia Márquez y abrió una discusión que va mucho más allá de Milei y el MPN.

¿Quién construyó realmente el desarrollo de Vaca Muerta? La respuesta obliga a mirar más de una década de inversiones, trabajadores, empresas, tecnología y decisiones políticas.

La pelea política por Vaca Muerta acaba de entrar en una nueva etapa.

El diputado provincial del MPN Claudio Domínguez salió a responderle a la senadora nacional de La Libertad Avanza Nadia Márquez, quien había atribuido buena parte del actual despegue de la formación al gobierno de Javier Milei.

Domínguez fue contundente: “No hay milagro”.

Y quizás ahí está el punto más interesante de la discusión.

Porque si algo demuestra la historia de Vaca Muerta es que no nació en diciembre de 2023.

Pero tampoco sería correcto negar que las políticas implementadas durante los últimos años —incluidas las del actual Gobierno— modificaron las condiciones económicas y regulatorias para acelerar determinadas inversiones.

Entonces aparece una pregunta que debería ser mucho más importante que la pelea entre dirigentes:

¿Quién construyó Vaca Muerta y quién se está quedando con el crédito político?

La formación estaba allí. El desafío era hacerla producir

Vaca Muerta no apareció con Milei.

Tampoco apareció con el MPN.

Ni siquiera comenzó a existir cuando YPF recuperó el control estatal en 2012.

Es una formación geológica conocida desde hace décadas. Lo que cambió fue la capacidad tecnológica y económica para transformar ese recurso en producción comercial.

El propio Estado nacional explica que el desarrollo no convencional comenzó a tomar forma durante la década de 2010, con YPF como uno de los actores centrales y con la llegada de compañías internacionales.

Y hubo un momento decisivo.

En 2013, YPF y Chevron firmaron un acuerdo para desarrollar Loma Campana. El proyecto contemplaba una inversión inicial de US$1.500 millones y una campaña de más de 100 pozos durante la etapa piloto.

Eso ocurrió hace más de una década.

Por eso resulta difícil explicar el fenómeno Vaca Muerta utilizando únicamente la política económica de los últimos dos años.

El “milagro” tuvo miles de trabajadores

Hay un actor que casi siempre queda fuera de estas discusiones políticas:

el trabajador petrolero.

El geólogo que estudió la roca.

El ingeniero que diseñó el pozo.

El perforador.

El especialista en fractura.

El operador de control de sólidos.

El chofer.

El soldador.

El técnico.

El trabajador de mantenimiento.

El personal de logística.

Las empresas de servicios.

Las pymes neuquinas.

Y miles de personas que durante años fueron aprendiendo cómo perforar, completar y producir pozos no convencionales cada vez más rápido y con menores costos.

Vaca Muerta también es una curva de aprendizaje.

Y esa curva no se construye con un decreto presidencial.

Pero Milei tampoco puede ser borrado de la fotografía

Acá es donde la discusión política suele caer en la simplificación.

Decir que “Milei no hizo nada” también sería una lectura incompleta.

El actual Gobierno modificó el escenario macroeconómico, impulsó reformas regulatorias, eliminó restricciones que afectaban determinadas operaciones y colocó al sector energético en el centro de su estrategia exportadora.

Además, la Argentina actual tiene una oportunidad que hace algunos años parecía mucho más lejana:

transformar Vaca Muerta en una plataforma exportadora de petróleo y gas.

El propio Gobierno nacional reconoce actualmente a Vaca Muerta como un recurso de escala mundial y señala la participación de más de 30 empresas locales e internacionales.

Por lo tanto, el debate serio no debería ser:

“¿Vaca Muerta es de Milei o del MPN?”

La respuesta es:

No es de ninguno de los dos.

Es de una cadena productiva construida durante años.

De la política a la productividad

La verdadera diferencia que está produciendo el actual ciclo energético no está solamente en quién gobierna.

Está en otra parte:

cada vez se perfora mejor, se fractura mejor, se mueve más petróleo y existe más infraestructura para evacuar la producción.

La expansión de la capacidad de transporte es un ejemplo concreto.

Las obras de Oldelval, los nuevos oleoductos, la infraestructura hacia Chile y los proyectos de exportación fueron transformando el cuello de botella histórico de Vaca Muerta.

El desafío ya no es solamente:

“¿Podemos sacar petróleo?”

La pregunta ahora es:

¿Cuánto podemos sacar, cuánto podemos transportar y cuánto podemos vender al mundo?

Ese es un cambio enorme.

Y aquí Neuquén tiene algo para decir

La discusión entre Márquez y Domínguez también expone otro problema.

Mientras Nación habla de dólares, exportaciones y crecimiento energético, Neuquén tiene que afrontar las consecuencias territoriales de Vaca Muerta todos los días.

Más tránsito.

Más camiones.

Más viviendas necesarias.

Más demanda de salud.

Más presión sobre las rutas.

Más necesidad de infraestructura.

Más trabajadores.

Más empresas.

Más consumo de agua.

Más actividad económica.

Y también más conflictos sociales.

Por eso el debate no puede reducirse a quién se atribuye el mérito.

La discusión debería ser cuánto de esa riqueza vuelve al territorio que la genera.

¿Y quién puso los dólares?

La historia tampoco puede contarse sin las empresas.

YPF fue fundamental en la etapa inicial.

Chevron fue decisiva para demostrar que el desarrollo a escala industrial era posible.

Después llegaron Tecpetrol, Vista, PAE, Pluspetrol, Shell, Exxon y muchas otras compañías.

El desarrollo fue sumando capital nacional e internacional.

Y también hubo inversión estatal en infraestructura.

Un documento oficial muestra que la inversión hidrocarburífera en Neuquén pasó de unos US$2.161 millones en 2012 a más de US$5.118 millones en 2014, mientras que la inversión no convencional neuquina pasó de unos US$880 millones a más de US$3.300 millones en ese período.

Eso demuestra algo importante:

el proceso de industrialización de Vaca Muerta ya estaba en marcha mucho antes del actual Gobierno.

La política llegó después a reclamar la fotografía

Y quizás este sea el punto más incómodo.

Cuando un proyecto fracasa, sobran responsables.

Cuando funciona, aparecen muchos padres.

Vaca Muerta está entrando en una etapa donde genera producción, exportaciones, inversiones y expectativas de largo plazo.

Por eso todos quieren aparecer en la foto.

El kirchnerismo puede decir que recuperó YPF.

El MPN puede decir que Neuquén sostuvo durante décadas una política hidrocarburífera.

Las empresas pueden mostrar sus inversiones.

Los trabajadores pueden mostrar su esfuerzo.

El macrismo puede reivindicar determinadas reformas y acuerdos.

Y el Gobierno de Milei puede señalar que generó nuevas condiciones para acelerar inversiones y exportaciones.

Todos tienen una parte de la historia.

Pero ninguno puede contarla completa por sí solo.

El verdadero milagro sería que Vaca Muerta cambie la vida de los neuquinos

Esta debería ser la discusión que viene.

Porque podemos llegar a producir más de un millón de barriles diarios.

Podemos exportar petróleo.

Podemos convertirnos en grandes exportadores de gas.

Podemos desarrollar GNL.

Podemos generar decenas de miles de millones de dólares.

Pero si Neuquén sigue teniendo déficit habitacional, rutas colapsadas, problemas de infraestructura, servicios públicos bajo presión y familias que no pueden acceder a la energía que se produce debajo de sus pies, el modelo estará incompleto.

El verdadero desafío es transformar recursos naturales en desarrollo territorial.

No hay milagro. Hay una historia.

La pelea entre Claudio Domínguez y Nadia Márquez puede terminar siendo una simple disputa partidaria.

O puede servir para abrir una discusión mucho más importante.

Vaca Muerta no nació con Milei.

Vaca Muerta tampoco pertenece al MPN.

Vaca Muerta no fue construida solamente por YPF.

Y tampoco fue posible sin inversión privada.

Fue necesaria una combinación de geología, ciencia, tecnología, capital, empresas, trabajadores, infraestructura y decisiones políticas tomadas durante más de una década.

Y ahora viene la parte verdaderamente difícil:

hacer que esa riqueza extraordinaria se transforme en una Argentina más productiva y en una Neuquén más desarrollada.

Porque si queremos hablar de milagros, hay uno que todavía falta.

Que Vaca Muerta no solamente produzca dólares. Que produzca futuro.

Vaca Muerta Online — Periodismo energético desde el corazón de la Cuenca Neuquina.

Fuente: VMO

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