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YPF lleva la inteligencia artificial a los pozos de Vaca Muerta

Del dato en tiempo real a la decisión operativa .La petrolera profundiza junto a Corva el desarrollo de una plataforma que integra información de perforación, fractura e intervenciones.

YPF lleva la inteligencia artificial a los pozos de Vaca Muerta

Del dato en tiempo real a la decisión operativa .La petrolera profundiza junto a Corva el desarrollo de una plataforma que integra información de perforación, fractura e intervenciones.

El objetivo es detectar desvíos mientras ocurren, anticipar riesgos y asistir a los equipos técnicos. El próximo paso apunta a sumar modelos predictivos, copilotos digitales y mayor automatización.

Por Vaca Muerta Online

Vaca Muerta está entrando en una etapa en la que la eficiencia ya no depende solamente de perforar más rápido o completar más etapas de fractura. Una parte cada vez más importante de la productividad se juega en otro lugar: la capacidad de interpretar lo que sucede en un pozo mientras la operación todavía está en marcha.

En ese terreno avanza YPF.

La compañía profundizó su alianza tecnológica con la firma estadounidense Corva para ampliar el desarrollo del Real Time Intelligence Center (RTIC), una plataforma diseñada para concentrar y procesar información operativa y ponerla a disposición de ingenieros, especialistas y equipos de campo en tiempo real.

La apuesta tiene una lógica concreta: que los datos de un pozo no sirvan solamente para saber qué ocurrió, sino que puedan utilizarse para entender qué está ocurriendo, anticipar qué podría suceder y actuar antes de que una desviación se convierta en un problema.

Ese cambio puede parecer tecnológico, pero tiene una consecuencia directamente vinculada con la economía del shale: reducir tiempos improductivos, mejorar la toma de decisiones y hacer más repetibles las operaciones a medida que aumenta la cantidad de pozos.

El pozo como una fuente permanente de datos

Durante la construcción de un pozo se genera una enorme cantidad de información.

Parámetros de perforación, comportamiento de los equipos, variables operativas, información de ingeniería y datos de las distintas etapas de desarrollo forman parte de un flujo permanente de información.

El desafío no consiste solamente en capturar esos datos. El verdadero valor aparece cuando pueden ser integrados y analizados en el momento adecuado.

El RTIC apunta precisamente a eso: reunir información que tradicionalmente puede estar distribuida entre distintos sistemas y equipos para construir una visión común de la operación.

YPF ya había presentado el centro como una herramienta para llevar la toma de decisiones hacia un esquema de operación en tiempo real. 

La nueva etapa agrega una capa de inteligencia.

De mirar lo que pasa a anticipar lo que puede pasar

La primera generación de estas plataformas estuvo enfocada en la visualización.

Es decir: mostrar qué estaba ocurriendo.

La evolución que ahora buscan YPF y Corva es diferente. El sistema debe ser capaz de procesar la información, reconocer patrones y detectar situaciones que puedan requerir la atención de los especialistas.

La secuencia es sencilla de explicar:

dato → interpretación → alerta → decisión.

Pero detrás de ese proceso existe una infraestructura tecnológica mucho más compleja.

La plataforma puede combinar información que llega desde la operación con datos históricos y conocimiento de ingeniería. De esa manera, una determinada condición observada en un pozo puede ser comparada con comportamientos registrados anteriormente.

El objetivo es que los equipos no tengan que esperar al final de una etapa para descubrir que algo podría haberse corregido antes.

En una operación donde cada hora tiene un costo, esa diferencia puede ser significativa.

La inteligencia artificial como copiloto del ingeniero

El próximo paso que plantea la alianza es todavía más ambicioso.

La inteligencia artificial comienza a ocupar el lugar de un asistente de los profesionales que trabajan sobre la construcción de los pozos.

Esto incluye herramientas de analítica predictiva, alertas inteligentes, automatización de determinadas tareas y copilotos digitales capaces de ayudar a interpretar información operativa.

La idea no es reemplazar de manera inmediata al ingeniero que está tomando una decisión.

El concepto es otro: que el profesional pueda disponer de un sistema que procese simultáneamente grandes cantidades de información, identifique patrones y señale dónde puede existir una situación que merece atención.

En otras palabras, la IA puede funcionar como una segunda capa de análisis sobre la operación.

El especialista mantiene la decisión; la tecnología ayuda a reducir el tiempo necesario para llegar a ella.

El gran activo: aprender de cada pozo

Hay otro aspecto que puede resultar todavía más importante para Vaca Muerta.

Cada pozo genera conocimiento.

Si ese conocimiento queda almacenado solamente en informes, planillas o en la experiencia de determinados profesionales, su capacidad de replicación es limitada.

Si, en cambio, los datos pueden integrarse y analizarse sistemáticamente, el resultado de una operación puede convertirse en información útil para la siguiente.

Así aparece uno de los principales potenciales de la inteligencia artificial aplicada al shale: transformar la experiencia acumulada en conocimiento operativo reutilizable.

Un patrón detectado en un pozo puede ayudar a interpretar otro.

Una condición asociada a una determinada respuesta del subsuelo puede convertirse en una señal para futuras operaciones.

Una práctica que demostró mejores resultados puede incorporarse al proceso de trabajo de otros equipos.

El conocimiento deja de viajar solamente de persona a persona y comienza a viajar también a través de los datos.

Por qué esto importa para Vaca Muerta

El desarrollo masivo de una formación no convencional exige repetibilidad.

No alcanza con conseguir un pozo extraordinario. El desafío es conseguir buenos resultados de manera consistente sobre cientos o miles de pozos.

Por eso, la digitalización adquiere una importancia estratégica.

Cuanto mayor sea la cantidad de equipos trabajando en simultáneo, mayor será la necesidad de contar con herramientas que permitan comparar operaciones, detectar desvíos y trasladar aprendizajes rápidamente.

La inteligencia artificial aparece entonces como una herramienta para acompañar la industrialización de Vaca Muerta.

No reemplaza a la perforación horizontal ni a la fractura hidráulica. Tampoco elimina la necesidad de ingenieros y operadores.

Lo que hace es agregar una nueva capa sobre esos procesos: la capacidad de procesar información a una velocidad y escala que una persona, por sí sola, no podría manejar.

Del centro de monitoreo a operaciones más autónomas

La evolución tecnológica también abre una discusión sobre el futuro de la construcción de pozos.

El primer paso es observar.

El segundo es interpretar.

El tercero es anticipar.

El cuarto es recomendar.

Y el último escalón es automatizar determinadas decisiones o acciones.

Ese recorrido explica por qué el desarrollo de copilotos y agentes de inteligencia artificial resulta relevante.

No significa que YPF esté perforando pozos completamente de manera autónoma. La tecnología se encuentra en una etapa de asistencia, análisis predictivo y automatización progresiva.

Pero marca hacia dónde apunta la industria: operaciones cada vez más conectadas, donde los sistemas digitales puedan identificar situaciones, proponer respuestas y ejecutar determinadas tareas bajo reglas y supervisión humana.

La nueva competencia de Vaca Muerta

Durante los primeros años del desarrollo no convencional, la discusión tecnológica estuvo concentrada en cómo perforar ramas laterales más largas, cómo completar más etapas y cómo aumentar la productividad de las fracturas.

Ahora aparece una nueva variable: cómo utilizar toda la información generada por esas operaciones para mejorar las siguientes.

Ese puede ser uno de los grandes desafíos de la próxima etapa de Vaca Muerta.

YPF busca construir una infraestructura digital capaz de acompañar el crecimiento de la operación y convertir los datos en una herramienta concreta para mejorar el desempeño de los pozos.

La carrera, en definitiva, no es solamente por perforar más.

Es por aprender más rápido que antes de cada pozo y llevar ese aprendizaje inmediatamente al siguiente.

Y en una formación que busca convertirse en uno de los grandes polos productores de hidrocarburos del mundo, esa capacidad puede terminar teniendo un valor económico tan importante como la propia tecnología utilizada para perforar y fracturar.

Fuente: VMO

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