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Argentina vuelve a mirar al átomo

La energía nuclear busca convertirse en una industria exportadora.

Argentina vuelve a mirar al átomo

La energía nuclear busca convertirse en una industria exportadora.

Con tres centrales nucleares y una nueva estrategia orientada a desarrollar tecnología propia, Argentina intenta ampliar el papel de la generación nuclear en su matriz y transformar décadas de experiencia en una plataforma para exportar conocimiento, servicios y tecnología.

Por Diego Chauqui | VacaMuertaOnline

Argentina tiene una particularidad dentro del mapa energético mundial: mientras busca convertirse en una potencia exportadora de petróleo y gas, también conserva una industria nuclear con décadas de experiencia, centrales operativas y capacidades tecnológicas que podrían abrir un segundo frente exportador.

La discusión ya no pasa solamente por cuánta electricidad genera la energía nuclear, sino por qué puede vender Argentina al mundo a partir del conocimiento acumulado durante décadas.

Ese fue uno de los ejes del debate sobre energía y minería, donde el secretario de Asuntos Nucleares de la Nación, Federico Matías Ramos Napoli, y el presidente de Nucleoeléctrica Argentina, Juan Martín Campos, analizaron el presente del sector y la posibilidad de ampliar su perfil internacional.

Tres centrales y una fuente de generación de base

Nucleoeléctrica Argentina opera tres centrales: Atucha I, Atucha II y Embalse.

Atucha I comenzó a operar en 1974, Embalse en 1983 y Atucha II obtuvo su licencia de operación en 2016.

De acuerdo con Campos, con Atucha I actualmente fuera de servicio por tareas de mantenimiento, el sistema entrega alrededor de 1,3 GW de potencia. Cuando la central vuelva a operar, a partir de julio de 2027, la potencia disponible podría ubicarse entre 1,6 y 1,7 GW.

La participación nuclear representa aproximadamente el 4% de la capacidad instalada del sistema eléctrico argentino, pero su aporte a la generación es considerablemente mayor: se ubica entre 8% y 10%, dependiendo del momento del día y de la estacionalidad.

La diferencia es importante.

La energía nuclear no compite solamente por potencia instalada. Su principal característica es su capacidad de entregar energía de base y con alta disponibilidad, funcionando durante largos períodos con una generación relativamente previsible.

La nuclear como complemento del petróleo, el gas y las renovables

Argentina está construyendo una matriz energética cada vez más diversificada.

El petróleo de Vaca Muerta tiene como destino principal el mercado interno y, cada vez más, la exportación. El gas natural busca transformarse en una plataforma para abastecer a la industria, generar electricidad y avanzar hacia el LNG.

Las renovables, por su parte, aumentaron su participación en los últimos años.

En ese escenario, la energía nuclear ocupa otro espacio.

Su principal valor estratégico está en aportar generación firme, algo especialmente relevante para un sistema eléctrico que necesita acompañar el crecimiento de la demanda industrial.

Y aquí aparece una cuestión que para Argentina puede ser decisiva: si el país quiere desarrollar minería, petróleo, gas, industria pesada, centros de datos y nuevas actividades electrointensivas, también necesitará cada vez más electricidad disponible y estable.

Atucha I: una extensión que puede convertirse en conocimiento exportable

Uno de los proyectos centrales del sector es la extensión de vida de Atucha I.

Según explicó Ramos Napoli, el proyecto comenzó en septiembre de 2024 y contempla extender la operación de la central por al menos 20 años adicionales.

La experiencia de Embalse constituye un antecedente relevante. Su extensión de vida se realizó entre 2016 y 2019 dentro de los costos y tiempos proyectados.

Pero el punto más interesante para la industria nuclear argentina está en otro lugar.

La ejecución de estos proyectos permite acumular capacidades de ingeniería, mantenimiento, gestión, operación y actualización tecnológica que pueden ser utilizadas posteriormente fuera del país.

Es decir, una central nuclear no solamente produce electricidad.

También puede convertirse en una escuela industrial de alta complejidad.

De operadores a desarrolladores de tecnología

Ramos Napoli destacó justamente esta transformación de Nucleoeléctrica.

La experiencia adquirida en la extensión de vida de Embalse y ahora en Atucha I está modificando el perfil de la compañía, que ya no queda limitada al rol de operador de centrales.

Ese cambio puede ser determinante para el futuro.

Argentina posee décadas de experiencia nuclear y una cadena de instituciones, profesionales, técnicos y empresas especializadas.

El desafío es transformar esa experiencia acumulada en productos y servicios comercializables internacionalmente.

Allí aparecen oportunidades en ingeniería, mantenimiento, extensión de vida, capacitación, servicios especializados y tecnología nuclear.

El verdadero negocio puede estar detrás de cada reactor

El debate energético suele concentrarse en el costo de construir una central y en la cantidad de megavatios que puede generar.

Pero la industria nuclear tiene una segunda dimensión.

Cada central necesita una extensa cadena de proveedores, especialistas, sistemas de seguridad, mantenimiento, ingeniería, componentes y servicios durante décadas.

Para un país como Argentina, esa cadena puede convertirse en una plataforma industrial.

La oportunidad, entonces, no consiste solamente en construir nuevas centrales para abastecer el mercado argentino.

También consiste en desarrollar empresas capaces de participar en proyectos nucleares de otros países.

Ese es el salto que transforma una política energética en una política industrial.

La energía nuclear entra en la misma discusión que Vaca Muerta

Argentina está intentando posicionarse internacionalmente como proveedor de energía.

Vaca Muerta es actualmente el principal activo para incrementar la producción de petróleo y gas y generar divisas.

Pero el potencial energético argentino no termina allí.

Existe petróleo, gas, hidroelectricidad, renovables y una industria nuclear que lleva décadas acumulando conocimiento.

La pregunta estratégica es cómo integrar esas capacidades.

Una Argentina exportadora de energía no debería limitarse a vender barriles y moléculas.

También puede vender tecnología, ingeniería, conocimiento y servicios de alto valor agregado.

En ese sentido, la energía nuclear puede ocupar un lugar complementario al boom hidrocarburífero.

Las Centrales en Operación: Generación de Base

La Argentina cuenta con tres centrales nucleares en funcionamiento que aportan energía de base de manera continua al Sistema Argentino de Interconexión (SADI). Este tipo de generación, que no depende de factores climáticos (viento, sol, caudal de ríos), resulta crítica para la estabilidad de la red nacional.

CentralPotencia BrutaTipo de Reactor / CombustibleHito / Ubicación
Atucha I (Juan Domingo Perón)362 MWePHWR / Uranio natural levemente enriquecidoPrimera central de Latinoamérica (1974) / Lima, Buenos Aires.
Embalse648 MWePHWR (CANDU) / Uranio naturalReactivada en 2019 tras su Extensión de Vida (30 años adicionales) / Córdoba.
Atucha II (Néstor Kirchner)745 MWePHWR / Uranio naturalPuesta en marcha en 2014 / Lima, Buenos Aires.

Impacto en la Matriz Energética: En conjunto, las tres centrales nucleares aportan aproximadamente entre el 4% y el 7% de la generación eléctrica total del país, contribuyendo a diversificar la matriz y reduciendo la dependencia de combustibles fósiles, lo que evita la emisión de millones de toneladas de CO₂ al año.

París mostró que la energía volvió al centro de la agenda internacional

Ramos Napoli también destacó la Argentina Week en París, donde la agenda energética y minera ocupó un lugar importante junto con representantes nacionales y provinciales.

El dato de fondo es que petróleo, gas, minerales críticos y energía nuclear comienzan a formar parte de una misma discusión: qué lugar quiere ocupar Argentina en el nuevo mapa energético mundial.

El país cuenta con recursos naturales extraordinarios, pero el verdadero desafío consiste en convertirlos en capacidad productiva permanente.

Para eso hacen falta infraestructura, capital, reglas estables y, sobre todo, conocimiento.

Argentina tiene una oportunidad que va más allá de Vaca Muerta

Vaca Muerta puede generar una enorme corriente de dólares durante las próximas décadas.

La minería puede sumar otra fuente de exportaciones.

El LNG puede abrir nuevos mercados para el gas argentino.

Y la energía nuclear puede aportar algo diferente: una industria tecnológica construida sobre conocimiento acumulado durante generaciones.

El desafío será evitar que cada sector avance de manera aislada.

Si petróleo, gas, minería, electricidad y nuclear logran integrarse con la industria nacional, Argentina podría construir algo mucho más importante que una nueva etapa exportadora de materias primas.

Podría construir una economía energética con tecnología propia.

Y en esa carrera, el átomo puede volver a ocupar un lugar que durante años quedó en segundo plano.

VacaMuertaOnline — Periodismo energético desde el corazón de la industria.

Fuente: vmo

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