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Bolivia podría terminar mirando a Vaca Muerta para sostener su abastecimiento de gas

La producción boliviana atraviesa una declinación que contrasta con el crecimiento del gas no convencional de la Cuenca Neuquina.

Bolivia podría terminar mirando a Vaca Muerta para sostener su abastecimiento de gas

La producción boliviana atraviesa una declinación que contrasta con el crecimiento del gas no convencional de la Cuenca Neuquina.

Un escenario elaborado por Alpes Energy ubica en 2031 un posible punto de inflexión: Bolivia podría comenzar a necesitar importaciones y Argentina ya está construyendo la infraestructura para llevar gas hacia el norte.

Por Diego Chauqui | VacaMuertaOnline

Durante casi dos décadas, el flujo de gas natural entre Argentina y Bolivia tuvo una dirección definida: Bolivia producía y Argentina compraba.

Ese mapa energético comenzó a cambiar.

El contrato firme de suministro de largo plazo terminó en septiembre de 2024 y, desde entonces, la relación gasífera bilateral pasó a estar marcada por operaciones puntuales e interrumpibles. Al mismo tiempo, los campos maduros bolivianos comenzaron a mostrar una declinación cada vez más evidente, mientras Vaca Muerta aceleraba su producción de gas.

Ahora aparece una posibilidad que hasta hace pocos años parecía difícil de imaginar:

que Bolivia termine necesitando importar gas argentino.

Un análisis elaborado por Alpes Energy proyecta un posible punto de inflexión alrededor de 2031, aunque advierte que se trata de un escenario de sensibilidad y no de un pronóstico oficial.

La transformación tiene una lógica sencilla: mientras una curva baja, la otra sube.

Bolivia perdió producción mientras Vaca Muerta ganó escala

Los números permiten observar el cambio de manera contundente.

Según el análisis de Alpes Energy, Bolivia pasó de producir 56,6 millones de metros cúbicos diarios (MMm³/d) en 2016 a una producción promedio proyectada por YPFB de 26,6 MMm³/d para 2026.

Es una reducción cercana al 53%.

La propia YPFB reconoce que la producción de gas atraviesa una etapa de declinación natural de los campos maduros y estima para 2026 un promedio de 26,6 MMm³/d. Al mismo tiempo, la empresa boliviana sostiene que el país necesita nuevas inversiones, exploración y desarrollo de recursos para revertir esa tendencia.

Del otro lado de la frontera energética, la Cuenca Neuquina pasó de 70,7 MMm³/d en 2016 a unos 110 MMm³/d promedio entre enero y julio de 2026, de acuerdo con el análisis citado.

Pero hay un dato todavía más importante.

El gas no convencional pasó de 26,4 MMm³/d a 97,7 MMm³/d en ese período.

Su participación dentro de la producción de la Cuenca Neuquina saltó aproximadamente del 37% al 89%.

Esto significa que Vaca Muerta ya no es solamente una promesa de producción futura.

Es la principal transformación de la oferta gasífera argentina.

2031 aparece como una fecha de alerta

Alpes Energy construyó un escenario de sensibilidad utilizando información oficial de YPFB y del Instituto Nacional de Estadística de Bolivia.

La hipótesis supone que no aparecen descubrimientos relevantes capaces de modificar sustancialmente la curva productiva, mantiene una demanda interna de referencia cercana a 14 MMm³/d y proyecta la continuidad del declino.

Bajo ese escenario, la producción boliviana podría ubicarse en torno a 15,3 MMm³/d en 2031, dejando un margen de apenas 1,4 MMm³/d sobre esa demanda de referencia.

En 2032, la producción promedio proyectada quedaría por debajo de la demanda interna.

Por eso, 2031 no debería presentarse como "el año en que Bolivia necesariamente comenzará a importar", sino como una fecha de referencia dentro de un escenario determinado.

Y esa diferencia es importante.

La producción puede recuperarse si Bolivia consigue nuevas inversiones, exploración y desarrollo de recursos. De hecho, YPFB plantea justamente la necesidad de acelerar esa incorporación para modificar la tendencia.

Pero si la declinación continúa, el margen se vuelve cada vez más pequeño.

La paradoja: Bolivia podría necesitar el gas argentino que alguna vez vendió

Aquí aparece una de las mayores transformaciones de la integración energética regional.

Durante años, Bolivia fue un proveedor fundamental para Argentina.

Ahora el desarrollo de Vaca Muerta permitió primero reemplazar buena parte de ese gas importado y, progresivamente, pensar en exportaciones hacia los mismos mercados que anteriormente dependían del gas boliviano.

La reversión del Gasoducto Norte fue una pieza clave de ese cambio.

La obra fue diseñada precisamente para transportar gas desde Vaca Muerta hacia Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca y La Rioja, sustituyendo el suministro que anteriormente llegaba desde Bolivia.

La infraestructura, en otras palabras, comenzó a cambiar el sentido del mapa.

El nuevo Gasoducto Manuel Belgrano puede ser otra pieza clave

Ahora Argentina está proyectando una infraestructura todavía más ambiciosa.

TGN anunció en septiembre el Gasoducto Manuel Belgrano, una traza de 753 kilómetros entre Tratayén y La Carlota, con una inversión estimada de US$1.500 millones para el ducto y hasta US$2.200 millones considerando las obras complementarias del sistema.

La capacidad inicial proyectada es de aproximadamente 13 MMm³/d, con entrada en funcionamiento prevista para abril de 2029.

La obra tiene un objetivo inmediato: llevar más gas de Vaca Muerta hacia el centro y norte del país.

Pero tiene una consecuencia estratégica adicional.

Acerca el gas argentino a los mercados regionales.

La propia TGN señala entre los objetivos del proyecto el desarrollo de nuevas posibilidades de exportación hacia países vecinos.

Y ahí Bolivia vuelve a aparecer en el mapa.

De importar gas boliviano a venderle gas a Bolivia

La transformación sería mucho más que un cambio comercial.

Sería una inversión completa del flujo energético regional.

Argentina pasó de depender parcialmente del gas boliviano a desarrollar una producción propia capaz de sustituir esas importaciones.

Ahora, si la curva boliviana continúa cayendo, podría producirse el escenario inverso:

gas de Vaca Muerta viajando hacia Bolivia.

La infraestructura existente y las nuevas obras hacen que la posibilidad física sea cada vez más concreta.

Pero eso no significa que el negocio esté automáticamente cerrado.

El gasoducto solo no alcanza

Para que Bolivia pueda convertirse en un comprador firme del gas argentino hay varios interrogantes por resolver.

Primero está la capacidad de transporte.

Después aparecen los contratos.

¿Cuánto gas?

¿Durante cuánto tiempo?

¿A qué precio?

¿Quién garantiza la capacidad?

¿Dónde se entrega?

¿Qué condiciones de calidad tendrá el gas?

¿Qué ocurre durante el invierno argentino?

Son preguntas centrales.

Porque Argentina tiene un problema que todavía debe resolver completamente: produce mucho gas, pero su demanda es fuertemente estacional.

Durante el invierno, el consumo interno aumenta y obliga a disponer de producción, transporte, almacenamiento y capacidad de importación suficiente para cubrir los picos.

Por eso, vender gas firme a Bolivia requerirá algo más que disponer de excedentes ocasionales.

Necesitará una arquitectura comercial y física que permita garantizar el suministro.

Bolivia puede ser un mercado estratégico, pero no el único

Si el escenario se confirma, Bolivia no sería el mercado de mayor escala para Vaca Muerta.

Brasil tiene un potencial considerablemente mayor.

Chile ya forma parte del mapa de exportaciones argentinas.

Y el LNG abre una puerta completamente diferente hacia los mercados internacionales.

Pero Bolivia tiene una ventaja:

está al lado.

La distancia es menor.

La infraestructura existe parcialmente.

Las conexiones históricas ya están construidas.

Y existe experiencia comercial entre ambos países.

Para Argentina, eso puede convertir a Bolivia en un mercado regional de respaldo.

Para Bolivia, Vaca Muerta podría convertirse en una fuente cercana de suministro mientras el país intenta recuperar su producción propia.

El verdadero desafío será producir gas barato y transportarlo

La discusión energética argentina entra así en una nueva etapa.

Durante años el problema fue:

¿Tenemos gas suficiente?

Ahora la pregunta comienza a ser otra:

¿Tenemos infraestructura suficiente para sacar todo el gas que podemos producir y llevarlo a los mercados que lo necesitan?

El proyecto Manuel Belgrano responde precisamente a esa segunda pregunta.

TGN proyecta una inversión integral de alrededor de US$2.200 millones para ampliar la capacidad de transporte y conectar una mayor producción de Vaca Muerta con industrias, centrales eléctricas y mercados de exportación.

Ese es el cuello de botella que determinará cuánto puede crecer realmente el negocio gasífero argentino.

Vaca Muerta empieza a mirar más allá de la frontera

El cambio de escenario es profundo.

Argentina ya no mira solamente a Vaca Muerta como una fuente para reemplazar importaciones.

La mira como una plataforma exportadora.

El petróleo tiene una salida creciente por oleoductos y terminales marítimas.

El gas empieza a encontrar mercados regionales.

El LNG promete abrir una ventana global.

Y, en ese nuevo mapa, Bolivia podría pasar de proveedor histórico a potencial comprador.

No es una certeza.

Es una posibilidad condicionada a la evolución de la producción boliviana, la demanda, las inversiones, la infraestructura y los contratos.

Pero es una posibilidad que hace apenas unos años habría parecido improbable.

El mapa energético sudamericano está cambiando

Durante décadas, el gas boliviano fue uno de los pilares de la integración energética de la región.

Ahora las curvas se están cruzando.

Bolivia enfrenta el desafío de reemplazar reservas y producción declinantes.

Argentina tiene frente a sí el desafío inverso: cómo monetizar una enorme disponibilidad de gas y convertirla en exportaciones permanentes.

La oportunidad está ahí.

Pero Vaca Muerta no podrá exportar solamente porque tiene gas.

Necesita ductos.

Necesita contratos.

Necesita mercados.

Necesita previsibilidad.

Y necesita que la infraestructura llegue a tiempo.

Porque el verdadero cambio histórico no será solamente que Argentina produzca más gas.

Será que el gas de Vaca Muerta pueda comenzar a cambiar el sentido de los flujos energéticos de Sudamérica.

Y si la curva boliviana continúa descendiendo y la argentina mantiene su expansión, una escena que durante años parecía imposible podría convertirse en realidad:

Bolivia comprándole a Argentina el gas que alguna vez Argentina necesitó comprarle a Bolivia.

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Fuente: vmo

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