
Jubilarse a los 50 no debería significar empezar a vivir con miedo
El régimen reconoce que el trabajo petrolero desgasta antes al cuerpo, pero la discusión que nadie quiere dar es qué jubilación queda después de 25 años de campo.
Por Diego Chauqui | VacaMuertaOnline
En Vaca Muerta hay trabajadores que siguen arriba de los 50 porque no pueden imaginar cómo sostener una familia con un haber que puede quedar muy lejos de su último salario.
Hay una pregunta que tarde o temprano aparece entre los hombres y mujeres que llevan muchos años trabajando en el petróleo.
No aparece cuando uno tiene 20 años.
Tampoco cuando entra por primera vez a una locación y siente que consiguió el trabajo que estaba buscando.
Aparece después de muchos años.
Cuando el cuerpo empieza a pedir descanso.
Cuando los hijos crecieron.
Cuando los turnos empiezan a sentirse diferentes.
Cuando uno mira a un compañero que se jubiló y se pregunta qué pasó con él.
Y entonces aparece una palabra que durante años estuvo lejos:
jubilación.
Para quienes trabajamos en el campo, jubilarse no significa solamente dejar una empresa.
Significa abandonar una forma de vida.
Una forma de vivir que durante décadas estuvo marcada por rutas, campamentos, equipos, frío, calor, turnos, alarmas, barro, ruido, presión, responsabilidad y días lejos de casa.
Y también por una adrenalina difícil de explicar a quien nunca estuvo ahí.
El petróleo reconoce el desgaste. La ley también
Existe una razón por la cual el régimen previsional contempla una jubilación diferencial para determinadas tareas petroleras.
El Decreto 2136 de 1974 estableció que determinados trabajadores de exploración en campaña y quienes realizan tareas habituales y directas en boca de pozo pueden acceder a la jubilación ordinaria con 50 años de edad y 25 años de servicios. La propia norma justificó la reducción de los requisitos por la penosidad de las tareas y el agotamiento prematuro.
No es un regalo.
No es una jubilación de privilegio en el sentido político que muchas veces se utiliza esa palabra.
Es un régimen diferencial, creado porque el Estado reconoció que determinadas condiciones laborales producen un desgaste distinto al de un trabajo común. La propia ANSES continúa clasificando a los trabajadores petrolíferos y gasíferos dentro de los regímenes de trabajo riesgoso o insalubre.
Y hay un dato que debería formar parte de cualquier discusión seria:
el decreto también estableció una contribución patronal adicional de dos puntos para esas tareas.
Entonces aparece la pregunta incómoda.
Si durante décadas el sistema reconoció que el trabajo desgasta antes al trabajador, ¿por qué la discusión sobre el retiro termina casi siempre hablando solamente de la edad y no del monto que recibe ese trabajador?
El problema empieza cuando llega el momento de cobrar
Un petrolero puede pasar buena parte de su vida laboral cobrando salarios que, para la economía argentina, son elevados.
Pero eso no significa que la jubilación vaya a mantener una proporción equivalente.
Y acá hay que ser muy claros.
El régimen diferencial reduce la edad y los años necesarios para acceder al beneficio, pero no establece que el jubilado vaya a cobrar una proporción de su último salario petrolero.
Por eso el trabajador puede encontrarse con una situación brutalmente contradictoria:
durante 25 o 30 años aportó como trabajador de una industria de alta productividad, pero al momento del retiro ingresa a un sistema previsional cuyo haber máximo tiene un límite muy inferior a muchos salarios actuales del sector.
Desde octubre de 2026, el haber máximo del régimen general del SIPA es de $2.932.174,85.
Para ponerlo en términos que cualquier trabajador petrolero entiende:
Si una persona durante sus últimos años de actividad cobraba $10 millones mensuales, no significa que vaya a recibir una jubilación cercana a ese ingreso.
El sistema previsional tiene sus propias reglas de cálculo, remuneraciones imponibles y límites.
La base imponible máxima vigente desde octubre es de $4.769.631,49, mientras que el haber máximo es de $2.932.174,85.
Ahí aparece una brecha que en el campo se conoce mucho antes de que llegue el momento de firmar la jubilación.
Y por eso muchos trabajadores de más de 50 años siguen trabajando.
No necesariamente porque quieran seguir.
Porque necesitan seguir.

El cuerpo dice basta, pero el bolsillo dice que todavía no
Esta es quizás la parte más difícil de explicar.
Hay trabajadores que llegan a los 50 años y todavía son considerados "jóvenes" en términos laborales.
Pero el cuerpo no siempre piensa lo mismo.
Después de décadas de turnos, noches, jornadas extensas, campamentos, vibraciones, ruido, frío, calor, productos químicos, cargas físicas, estrés operativo y responsabilidad, el desgaste acumulado existe.
Cada persona lo vive de manera diferente.
Algunos llegan muy bien.
Otros arrastran problemas físicos.
Otros simplemente están cansados.
Y hay compañeros que se van antes de lo previsto.
Los que estamos en el campo conocemos esa escena.
Un compañero anuncia que se jubila.
Todos lo felicitan.
"Ahora sí vas a descansar."
"Te lo ganaste."
"Disfrutá."
Y después pasan los meses.
Algunos no saben qué hacer con el tiempo.
Otros sienten que perdieron una parte de su identidad.
Y algunos empiezan a pensar nuevamente en volver a trabajar.
Pero hay otra cuestión todavía más dura:
hay quienes ni siquiera pueden darse el lujo de jubilarse.
¿Quién puede vivir en Neuquén con una jubilación de $3 millones?
Esta pregunta merece ser formulada sin vueltas.
No estamos hablando de una persona que vivirá con gastos de una ciudad pequeña.
Estamos hablando de un trabajador que puede haber construido su vida alrededor de la actividad petrolera en Neuquén, donde el costo de vivienda, alquileres, alimentos, transporte y servicios se encuentra condicionado por una economía energética que elevó fuertemente el costo de vida.
Un trabajador puede haber ganado millones durante años y, sin embargo, llegar a la jubilación sin una vivienda propia.
Porque no todos pudieron ahorrar.
No todos tuvieron dos ingresos familiares.
No todos tuvieron una trayectoria laboral continua.
No todos estuvieron 30 años en la misma empresa.
No todos llegaron a Vaca Muerta con una casa comprada.
Y no todos tuvieron una vida familiar sencilla.
El petróleo también dejó familias en el camino
Esta parte casi nunca aparece en las estadísticas de producción.
Cuando una empresa informa un nuevo récord de barriles, nadie cuenta cuántas noches durmió fuera de su casa el trabajador que hizo posible ese barril.
Cuando se anuncia una nueva perforación, tampoco aparece en el comunicado cuántos cumpleaños, actos escolares, fines de semana y reuniones familiares quedaron atrás.
El desarraigo tuvo costos.
Algunas parejas no resistieron.
Algunas familias se reconstruyeron.
Hay trabajadores que se separaron y volvieron a formar pareja.
Hay hombres que tuvieron hijos siendo jóvenes y otros que fueron padres nuevamente después de los 40.
Hay compañeros que tuvieron que empezar de cero después de perder un empleo por una crisis del precio del petróleo.
Porque esa también es la historia de la industria.
Cuando el barril cayó, hubo trabajadores que quedaron afuera.
Y muchos tuvieron que volver a empezar.
Empresa nueva.
Convenio nuevo.
Categoría nueva.
Ciudad nueva.
Otra vez demostrar quién sos.
Otra vez ganarte el puesto.
Otra vez subir a la camioneta.
Otra vez entrar al campo.
Así transcurrieron décadas para muchos.

No todos llegan a los 50 con la vida resuelta
Esta es otra mentira silenciosa.
Se supone que si alguien tiene 25 años de aportes y llega a los 50 trabajando en petróleo, necesariamente está económicamente acomodado.
No es así.
Hay trabajadores que a los 50 todavía están pagando una vivienda.
Otros ayudan a sus hijos.
Otros tienen hijos pequeños.
Otros tienen padres que necesitan asistencia.
Otros arrastran deudas.
Otros tuvieron años de desempleo.
Otros cambiaron varias veces de empresa.
Y algunos directamente no tuvieron la posibilidad de ahorrar.
Por eso, cuando llega la pregunta "¿te vas a jubilar?", muchas veces la respuesta es:
"¿Y de qué voy a vivir?"
El problema no es jubilarse antes. El problema es jubilarse y empobrecerse
Esta debería ser la discusión.
No defender que el trabajador petrolero siga trabajando hasta que el cuerpo no pueda más.
Tampoco convertir la jubilación diferencial en un privilegio.
La discusión debería ser cómo construir un sistema que tenga en cuenta las características económicas reales de una industria que tiene salarios muy por encima del promedio y tareas con desgaste prematuro.
Porque hoy existe una contradicción.
El Estado dice:
"Esta tarea es suficientemente desgastante como para que puedas jubilarte a los 50".
Pero el trabajador puede responder:
"Está bien. ¿Y cómo vivo después?"
Son dos partes de la misma discusión.
Hay modelos que muestran que otra movilidad es posible
En Neuquén, el Instituto de Seguridad Social del Neuquén funciona con un esquema diferente al régimen nacional y la propia provincia destaca que su sistema tiene, entre otras características, inexistencia de topes y una forma de cálculo propia del haber.
Y en 2026 apareció incluso una discusión dentro del propio universo previsional neuquino para que determinados aumentos que reciben los trabajadores activos tengan un reflejo automático sobre jubilados y pensionados mediante un corrimiento escalafonario.
Esto es interesante porque demuestra que la discusión existe:
¿Debe la jubilación estar completamente desconectada de la evolución del salario del trabajador activo?
No necesariamente.
Incluso en Luz y Fuerza existe un régimen previsional específico que contempla movilidad para quienes perciben el convenio previsional del sector; desde 2023 esa movilidad pasó a tener periodicidad trimestral.
Eso no significa que el sistema petrolero pueda copiar automáticamente esos modelos.
Pero sí demuestra que hay alternativas institucionales para discutir mecanismos de movilidad y complementación.
¿Por qué no discutir un verdadero retiro petrolero?
Tal vez llegó el momento de dejar de discutir solamente la edad.
Y empezar a discutir el ingreso de retiro.
Una alternativa podría ser la creación de un Fondo Complementario de Retiro Petrolero, con aportes de empresas, trabajadores y eventualmente mecanismos sectoriales específicos.
Un fondo portable.
Que acompañe al trabajador aunque cambie de empresa.
Que reconozca los años efectivamente trabajados en condiciones diferenciales.
Que pueda complementar el haber de ANSES.
Y que tenga reglas claras, transparencia y control de los trabajadores.
Otra posibilidad podría ser estudiar un mecanismo de movilidad vinculado a una referencia salarial del sector, de manera que el jubilado no quede completamente desconectado de la evolución económica de la actividad que ayudó a construir.
No digo que esa sea la única solución.
Digo que la discusión tiene que empezar.
Los 13 sueldos tampoco son la jubilación
Hay otro tema que históricamente apareció en distintas regiones petroleras: los llamados "13 sueldos" al momento de la jubilación.
Existen antecedentes documentados de reclamos de trabajadores petroleros a empresas por ese concepto, entendido como una compensación vinculada al momento del retiro. En 2015, por ejemplo, jubilados petroleros reclamaron ese pago a empresas de Santa Cruz y posteriormente hubo acuerdos en algunos casos.
Pero tampoco hay que confundir las cosas.
Una indemnización o compensación de salida no reemplaza una jubilación digna durante los siguientes 20 o 30 años.
Puede ayudar.
Puede ser importante.
Puede ser un derecho según el caso, el convenio o la empresa.
Pero no resuelve el problema estructural.

Hay algo todavía más profundo: el miedo a dejar de ser petrolero
Quizás esto sea lo que menos se habla.
Un hombre que pasó 25 o 30 años trabajando en el campo no solamente construyó un salario.
Construyó una identidad.
"Soy perforador."
"Soy boca de pozo."
"Soy soldador."
"Soy operador."
"Soy de mantenimiento."
"Soy de control de sólidos."
"Soy del campo."
Durante décadas su vida tuvo horarios, compañeros, objetivos, problemas y adrenalina.
Cuando todo eso desaparece de un día para otro, comienza otro desafío.
Aprender a vivir sin el trabajo que te acompañó durante media vida.
Por eso algunos jubilados vuelven.
No solamente por plata.
También porque necesitan sentirse útiles.
El Centro de Jubilados de Petroleros Jerárquicos de la Patagonia, por ejemplo, alcanzó en agosto de 2026 los 480 afiliados y su presidente habló precisamente de la importancia de generar un espacio de contención y actividad para quienes dejaron la vida laboral.
Eso también debería formar parte de una política de retiro.
No alcanza con pagar una jubilación.
Hay que preparar a la persona para la vida después del campo.
La industria habla de millones, pero casi nunca habla de sus jubilados
Esta es la paradoja que más debería incomodarnos.
Vaca Muerta está produciendo récords.
Argentina está construyendo oleoductos.
Los proyectos exportadores hablan de cientos de miles de barriles.
Se anuncian inversiones de miles de millones de dólares.
Las empresas buscan productividad.
Los equipos perforan más rápido.
Los pozos son cada vez más largos.
La tecnología avanza.
Pero detrás de toda esa modernización existe una pregunta que todavía parece vieja:
¿Qué pasa con el hombre que durante 25 años estuvo ahí?
Porque ese trabajador también fue parte de Vaca Muerta.
También fue parte de la producción.
También pagó aportes.
También dejó noches, cumpleaños, familias y salud en el camino.
Y algún día debería poder decir:
"Ahora me toca descansar."
Sin tener que agregar:
"Pero no sé si me alcanza para vivir."
No nos equivocamos de trabajo. Tenemos que cambiar el final
Durante años se instaló una idea entre los trabajadores petroleros:
"Elegimos este trabajo porque pagaba bien."
Es cierto.
Pero es incompleto.
También lo elegimos porque había orgullo.
Porque era una profesión.
Porque había compañeros.
Porque permitía construir una familia.
Porque daba una posibilidad de progreso.
Porque detrás de cada turno había una historia.
Y porque, en algún lugar de la cabeza, estaba la idea de que después de tantos años llegaría el premio.
El descanso.
No debería ser un castigo llegar a la jubilación.
No debería ser el momento en que el trabajador descubre que todos aquellos años de esfuerzo no alcanzan para mantener una vida digna.
La bandera que debería levantar el sindicalismo petrolero
Si alguna vez hubo una bandera que merece ser discutida por el movimiento petrolero, es esta:
Jubilarse por desgaste a los 50 no alcanza. Hay que poder vivir dignamente después de los 50.
Eso implica discutir con el Estado.
Con las empresas.
Con ANSES.
Con los sindicatos.
Con los legisladores.
Con las provincias.
Y con los propios trabajadores.
No para pedir un privilegio.
Para construir un verdadero régimen de retiro para una actividad que el propio Estado reconoce como diferencial por su riesgo y desgaste.
Porque si una industria necesita que un trabajador entregue sus mejores años, también debería garantizarle que cuando llegue el momento de retirarse pueda disfrutar de los años que le quedan.
El próximo gran logro de Vaca Muerta no debería ser solamente producir más
Debería ser también conseguir que quienes hicieron posible esa producción puedan retirarse con dignidad.
Que puedan comprar comida sin mirar cada precio.
Que puedan pagar una vivienda.
Que puedan ayudar a sus hijos.
Que puedan viajar.
Que puedan levantarse un lunes y no tener que pensar en qué empresa está tomando gente.
Que puedan sentarse con sus nietos.
Que puedan volver al campo solamente si quieren.
No porque necesitan sobrevivir.
Porque al final de una vida petrolera debería existir algo más que un recibo de jubilación.
Debería existir la posibilidad de descansar.
Y quizás esta sea la pregunta que Vaca Muerta todavía no se hizo:
¿De qué sirve producir millones de barriles si el hombre que pasó media vida sacándolos de la tierra no puede disfrutar de la vida cuando finalmente deja el campo?
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Fuente: vmo