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La paradoja del empleo en Vaca Muerta

Faltan 40 mil brazos, pero cambiar de trabajo o ingresar a los pozos es una carrera de obstáculos.

La paradoja del empleo en Vaca Muerta

Faltan 40 mil brazos, pero cambiar de trabajo o ingresar a los pozos es una carrera de obstáculos.

Vaca Muerta avanza a una velocidad crucero que marea a las estadísticas macroeconómicas. Con inversiones que proyectan superar los 12.000 millones de dólares este año, y un horizonte de 25.000 millones adicionales bajo el paraguas del RIGI para proyectos faraónicos como la planta de GNL y el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur, el presidente de YPF, Horacio Marín, soltó una bomba matemática: la cuenca necesita 40.000 nuevos puestos de trabajo netos de acá a 2030. La urgencia es tal que ya se habla de la necesidad de captar mano de obra de países limítrofes.

Frente a esta demanda, el gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa, intenta blindar el territorio. La provincia recibió 21.000 nuevos habitantes en el último año, obligando a abrir 160 aulas de apuro. Para contener la presión social, el gobierno junto a YPF y un pool de 14 operadoras lanzaron el Instituto Vaca Muerta (IVM) en el Polo Tecnológico, con la meta de certificar 3.000 técnicos locales por año.

Sin embargo, detrás del brillo de las becas corporativas y los salarios millonarios que difunden las consultoras de Recursos Humanos, el día a día en los yacimientos muestra una realidad mucho más áspera, trabada y humana.

Salarios de elite, pero con el mercado "congelado" adentro

Es real que la industria paga sueldos que no existen en ningún otro sector de la economía argentina. Según datos de mercado, las planillas salariales se mueven bajo parámetros muy atractivos:

Perfil Laboral Régimen / Condición Ingreso Neto Mensual
Técnico sin diagrama Planta / Base $2.900.000 a $4.200.000
Operador con diagrama Rotativo en pozo Hasta $7.000.000
Ingenierías / Mandos Medios Posiciones críticas $7.000.000 a $14.000.000

Nota: Las posiciones gerenciales y críticas suelen sumar la Asignación Permanente Vaca Muerta y esquemas de dolarización parcial.

A pesar de estos números y de que el 64% de las empresas afirma tener "dificultades serias" para cubrir vacantes, los trabajadores que ya están adentro de los yacimientos conviven con un mercado laboral extrañamente rígido.

La letra chica del traspaso: En el campo es un secreto a voces que cambiar de empresa para estar mejor o ganar más no es tan libre como se pinta. Existe una suerte de pacto implícito de no agresión entre operadoras y contratistas para no "robarse" personal especializado. Si un operario con experiencia quiere saltar a otra compañía, las trabas abundan.

A esto se suma la volatilidad de los contratos. Cuando una pyme o contratista pierde una licitación en un bloque, decenas de operarios quedan momentáneamente en el limbo, supeditados a que la compañía ganadora los absorba como "paquete cerrado" para no perder el hilo de la operación.

La guardia vieja no se quiere ir; la nueva no siempre aguanta

El recambio generacional en la cuenca es otro de los puntos críticos que el Instituto Vaca Muerta difícilmente pueda solucionar en el corto plazo con un manual técnico. En el campo conviven hoy dos realidades humanas contrapuestas:

El tapón jubilatorio de la "Generación Rincón"

Vaca Muerta está despidiendo a la camada de trabajadores que empezó en la industria durante el auge histórico de Rincón de los Sauces. Son operarios con décadas de experiencia acumulada en el lomo. Sin embargo, por la realidad del sistema previsional argentino y el desfasaje de las jubilaciones, nadie se quiere ir. El personal en edad de jubilarse estira su permanencia todo lo posible para no perder el nivel de ingresos del diagrama activo. Reemplazar esa escuela de oficio y experiencia es hoy un dolor de cabeza para los supervisores.

El choque de realidad de los sub-30

Los jóvenes con estudios técnicos o universitarios tienen las puertas abiertas y posibilidades gigantescas de ascenso rápido. Pero el ritmo petrolero actual no es para cualquiera. Aunque los campamentos modernos se hayan suavizado respecto a otras épocas, la velocidad y la exigencia de Vaca Muerta son brutales.

El desarraigo, las jornadas de 12 horas consecutivas, el trabajo bajo las inclemencias climáticas del invierno patagónico o el calor asfixiante del verano, exigen un temple y una escala de valores familiares que el dinero no siempre logra compensar. Muchos ingresan atraídos por el shock de ingresos, pero terminan dejando a los pocos meses porque el cuerpo o la cabeza no aguantan el peso del campo.

Vaca Muerta necesita 40.000 trabajadores para perforar y evacuar el crudo que financiará al país, pero el verdadero cuello de botella no está solo en la falta de títulos técnicos; está en la rigidez de un mercado interno corporativo que cuida su quinta y en la dificultad de encontrar espaldas dispuestas a aguantar el ritmo de la capital del shale.

Fuente: vmo

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