
Mora récord
Bancos y billeteras virtuales se enfrentan por cómo medir la deuda de las familias argentinas.
Más de seis millones de familias atraviesan problemas de pago y el sistema financiero discute si los atrasos registrados en fintech, financieras y comercios deben impactar sobre la medición de morosidad de los bancos. Detrás de una discusión técnica se juega algo mucho más concreto: quién puede acceder al crédito, cuánto pagará por financiarse y hasta dónde puede extenderse el endeudamiento de los hogares.
BUENOS AIRES.– La discusión sobre la morosidad de las familias argentinas dejó de ser exclusivamente un problema de balances bancarios y comenzó a convertirse en una señal de alerta sobre la capacidad de pago de los hogares.
Más de seis millones de familias atraviesan algún grado de dificultad para cumplir con sus obligaciones financieras y, en paralelo, los bancos y el Banco Central mantienen una discusión sobre algo que puede parecer técnico, pero que tiene consecuencias directas sobre millones de personas:
¿Cómo debe medirse realmente la mora?
El sistema bancario sostiene que una parte de los incumplimientos que aparecen en sus registros proviene de deudas que los clientes mantienen con billeteras virtuales, fintech, financieras no bancarias, emisores de tarjetas y cadenas comerciales.
El Banco Central, por ahora, no parece dispuesto a modificar el mecanismo de medición.
Y esa diferencia de criterios puede tener consecuencias sobre el acceso futuro al crédito.
El efecto contagio que preocupa a los bancos
El principal reclamo de las entidades es lo que en el sistema financiero denominan “efecto de arrastre”.
El mecanismo es relativamente sencillo.
Una persona puede estar al día con su préstamo bancario, pero mantener atrasos con una billetera virtual o una financiera.
Cuando ese incumplimiento queda registrado en los sistemas de información crediticia, puede terminar afectando la evaluación general que realizan las entidades sobre ese cliente.
Desde la perspectiva bancaria, esto puede generar una imagen de deterioro mayor que la que muestra exclusivamente su propia cartera.
El caso de Banco Macro sirve como ejemplo.
La entidad informó una mora del 6,25%, aunque señaló que, sin considerar el efecto de los atrasos provenientes de las fintech, el indicador habría quedado apenas por encima del 4%.
La diferencia no es menor.
Y explica por qué los bancos pretenden que se distinga entre la mora generada dentro de cada entidad y aquella originada en otros proveedores de crédito.
El reclamo de los bancos públicos
Los bancos públicos nucleados en Abbappra llevaron el planteo al Banco Central.
La solicitud apunta a diferenciar los incumplimientos según el acreedor y evitar que una deuda registrada fuera del sistema bancario termine contaminando automáticamente la lectura sobre la calidad de la cartera de un banco.
En la discusión aparecen nuevos actores que hace algunos años prácticamente no tenían presencia en el mercado crediticio argentino.
Billeteras virtuales, plataformas digitales, emisores de tarjetas no bancarias y cadenas comerciales pasaron a ocupar un lugar relevante en el financiamiento de los hogares.
La transformación tecnológica amplió el acceso al crédito, pero también multiplicó los canales por los cuales una familia puede endeudarse.
Y allí aparece uno de los problemas centrales.
Una familia puede tener varios créditos pequeños que, juntos, se vuelven impagables.
El problema no es solamente dónde está la deuda
La discusión sobre la medición puede esconder una cuestión más profunda.
Si una familia debe dinero al banco, a una billetera, a una tarjeta, a una financiera y a un comercio, el problema económico no desaparece porque cada deuda sea registrada por separado.
La capacidad de pago del hogar sigue siendo una sola.
Por eso, mientras bancos y fintech discuten cómo debe contabilizarse la mora, existe otra pregunta que debería estar en el centro del debate:
¿Cuánto endeudamiento pueden soportar realmente los hogares argentinos?
La respuesta resulta especialmente importante en un escenario en el que el crédito al consumo volvió a ocupar un lugar relevante después de años de fuerte restricción.
Los bancos ya refinanciaron más de medio millón de préstamos
El deterioro de la capacidad de pago también está obligando a las entidades a tomar decisiones.
Según estimaciones del sector, los bancos privados ya refinanciaron más de 500.000 préstamos que habían entrado en cesación de pagos.
La estrategia busca evitar que los clientes caigan definitivamente fuera del sistema financiero.
Para los bancos, recuperar la capacidad de pago de un cliente puede ser preferible a ejecutar una deuda que probablemente resulte difícil de cobrar.
Para las familias, una refinanciación puede significar la diferencia entre mantenerse dentro del sistema o quedar definitivamente excluidas.
Pero también existe un riesgo.
Refinanciar no elimina la deuda.
Simplemente modifica sus condiciones, extendiendo plazos o reestructurando pagos.
Si el ingreso familiar no mejora, una refinanciación mal diseñada puede terminar trasladando el problema hacia adelante.
El Banco Central mantiene su posición
El BCRA, mientras tanto, sostiene que el sistema de información utilizado actualmente puede perfeccionarse, pero no considera conveniente modificar la metodología solamente para mostrar un nivel menor de morosidad.
La posición oficial apunta a preservar la consistencia de las estadísticas.
El argumento tiene lógica: si se cambia la metodología justo cuando los indicadores empeoran, podría resultar difícil determinar cuánto de la mejora posterior responde a una verdadera recuperación de los deudores y cuánto a un cambio estadístico.
Pero para los bancos el problema es diferente.
Consideran que la información debería permitir distinguir mejor qué deuda está incumpliendo el cliente y con quién.
La Central de Deudores, en el centro de la discusión
Otro reclamo del sector financiero apunta al tiempo que demora en actualizarse la información de la Central de Deudores.
Bancos y fintech plantean reducir el plazo actual de 60 días.
El objetivo sería contar con información más rápida sobre la situación financiera de cada persona.
La lógica es que una actualización más frecuente permitiría detectar antes el deterioro de la capacidad de pago y evitar que alguien acumule nuevas deudas mientras todavía aparece como un cliente sin problemas.
También podría contribuir, según argumentan desde el sector, a reducir el fraude y eventualmente bajar el costo del crédito.
El dato que preocupa: seis millones de familias
Más allá de la disputa entre bancos, fintech y Banco Central, existe un dato que debería concentrar la atención:
millones de hogares tienen dificultades para cumplir con sus obligaciones.
Eso representa un problema económico y también social.
Una familia sobreendeudada reduce su consumo.
Cuando millones de familias hacen lo mismo, el impacto termina trasladándose al comercio, los servicios y la actividad económica.
El crédito puede impulsar el consumo y permitir acceder a bienes que de otra manera serían difíciles de comprar.
Pero cuando el nivel de deuda supera la capacidad de pago, el mecanismo se invierte.
El crédito deja de ser una herramienta de crecimiento y comienza a convertirse en una carga.
El verdadero costo de la mora
La discusión tampoco termina en el registro crediticio.
Una persona con antecedentes de mora puede enfrentar mayores tasas, menores límites de financiación o directamente dificultades para obtener nuevos préstamos.
Por eso, la forma en que se registra una deuda puede terminar determinando cuánto cuesta financiarse en el futuro.
Una familia que necesita refinanciar una deuda puede terminar pagando más precisamente porque aparece como un cliente de mayor riesgo.
Y allí aparece una paradoja:
la mora encarece el crédito y el crédito más caro puede dificultar todavía más salir de la mora.
La discusión que viene
El sistema financiero argentino enfrenta así un nuevo escenario.
Los bancos quieren que se reconozca el efecto que tienen las deudas originadas fuera del sistema bancario sobre sus indicadores.
Las fintech reclaman información más rápida.
El Banco Central busca preservar una metodología uniforme.
Y millones de familias necesitan algo bastante más sencillo:
poder pagar sus deudas sin que el crédito termine convirtiéndose en una trampa.
La discusión sobre porcentajes, centrales de riesgo y metodologías estadísticas puede parecer lejana para una familia que llega a fin de mes.
Pero no lo es.
Porque detrás de cada registro de mora hay una persona que puede necesitar una tarjeta, refinanciar un préstamo, comprar una vivienda, cambiar el auto o simplemente financiar un gasto inesperado.
El verdadero problema no es solamente cómo se mide la mora. Es cuánto endeudamiento puede soportar una familia antes de que el sistema de crédito deje de ayudarla y empiece a expulsarla.
Fuente: VMO