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San Matías Pipeline

Llegan otros 3.340 caños y San Antonio Este empieza a transformarse en el puerto energético de Vaca Muerta.

San Matías Pipeline

Llegan otros 3.340 caños y San Antonio Este empieza a transformarse en el puerto energético de Vaca Muerta.

El buque Turbo S desembarcó desde India con cañerías de 36 pulgadas. Es el segundo de los 12 barcos previstos para abastecer una obra de 472 kilómetros que busca llevar el gas de Vaca Muerta hasta el Golfo San Matías. Detrás de cada barco aparece una transformación mucho más profunda: la construcción de una nueva ruta de salida para el gas argentino.

San Antonio Este empieza a acostumbrarse a una escena que hasta hace poco parecía extraordinaria.

Grúas trabajando durante jornadas completas, camiones entrando y saliendo, grandes superficies de acopio ocupadas por cañerías y un movimiento portuario directamente vinculado con el desarrollo de Vaca Muerta.

Esta semana comenzó la descarga del Turbo S, un buque proveniente de India que transporta 3.340 caños de 36 pulgadas destinados al San Matías Pipeline.

Es el segundo de los 12 barcos previstos para esta etapa de la obra.

Pero detrás de esos números existe una noticia mucho más importante para Río Negro y para la Argentina: la infraestructura necesaria para sacar el gas de Vaca Muerta hacia los mercados internacionales empieza a tomar forma física.

Del subsuelo neuquino al Atlántico

El San Matías Pipeline está diseñado para recorrer aproximadamente 472 kilómetros, con cañerías de 36 pulgadas y una capacidad proyectada de hasta 27 millones de metros cúbicos diarios de gas.

Su objetivo es conectar la producción de la Cuenca Neuquina con la costa rionegrina y, desde allí, abastecer proyectos de exportación de Gas Natural Licuado.

La ecuación es sencilla de entender.

Vaca Muerta puede aumentar su producción.

Pero para transformar ese recurso en dólares hacen falta ductos, plantas, puertos, barcos, infraestructura de procesamiento y capacidad de licuefacción.

El gasoducto es una de esas piezas críticas.

Y cada barco que llega a San Antonio Este representa un paso más en esa cadena.

El segundo barco de una operación que recién comienza

El Turbo S no llega solo.

Forma parte de un cronograma de 12 buques que trasladarán los materiales necesarios para avanzar con la obra. La descarga de esta embarcación demandará varios días y requiere una coordinación logística que involucra grúas, camiones, operadores portuarios y áreas de almacenamiento.

Incluso fue necesario ampliar la superficie destinada al acopio de los materiales.

Es un detalle que parece menor, pero muestra la dimensión del proceso.

La infraestructura existente empieza a ser exigida por una actividad que hasta hace pocos años no formaba parte de la agenda cotidiana del puerto.

El puerto está cambiando porque la matriz energética argentina también está cambiando.

Río Negro quiere ocupar un lugar en el mapa energético

El gobernador Alberto Weretilneck estuvo presente durante las operaciones y destacó el impacto que estos proyectos pueden tener sobre la provincia.

Y hay una razón para el entusiasmo.

Durante décadas, el centro de gravedad de Vaca Muerta estuvo asociado principalmente con Neuquén.

La nueva infraestructura comienza a modificar esa geografía.

Neuquén concentra la producción.

Río Negro puede convertirse en una de las principales plataformas de salida.

Eso significa que el desarrollo de Vaca Muerta empieza a generar una segunda frontera energética: la infraestructura que conecta la producción con el Atlántico.

En ese proceso, San Antonio Este puede pasar de ser un puerto regional a convertirse en una pieza de la logística energética nacional.

El verdadero negocio está alrededor del caño

Hay otra cuestión que merece atención.

Cuando llegan 3.340 caños, no solamente llegan caños.

Llegan necesidades.

Transporte.

Almacenamiento.

Izaje.

Servicios portuarios.

Mantenimiento.

Seguridad.

Logística.

Hotelería.

Alimentación.

Talleres.

Servicios profesionales.

Y, si el proyecto mantiene su escala, nuevas oportunidades para proveedores regionales.

Ese es uno de los grandes desafíos que plantea la nueva etapa de Vaca Muerta.

Que la infraestructura no sea solamente una obra que atraviesa las provincias, sino una fuente de desarrollo para las empresas y trabajadores de esas mismas regiones.

Porque los miles de millones de dólares que necesita la infraestructura energética no deberían terminar solamente en los balances de grandes compañías.

También pueden convertirse en una oportunidad para construir proveedores nacionales capaces de acompañar el crecimiento.

El gas que necesita el mundo

Argentina tiene una ventaja que hace algunos años parecía difícil de imaginar: posee uno de los grandes recursos de gas no convencional del planeta y una formación como Vaca Muerta capaz de incrementar significativamente su producción.

El problema histórico estuvo en la infraestructura.

Ahora la discusión comienza a desplazarse.

Ya no alcanza con preguntar cuánto gas puede producir Vaca Muerta.

La pregunta es:

¿cuánto gas podemos transportar, licuar y exportar?

El San Matías Pipeline forma parte de esa respuesta.

Si los proyectos de GNL avanzan, el gas que hoy se encuentra bajo tierra en Neuquén puede terminar viajando por ductos hasta Río Negro y luego embarcado hacia mercados internacionales.

La cadena completa puede convertirse en una de las mayores fuentes de generación de divisas de la Argentina.

Un puerto que empieza a mirar al mundo

La imagen de las cañerías acumuladas en San Antonio Este puede parecer simplemente una postal de una obra.

Pero representa mucho más.

Cada tubo de 36 pulgadas forma parte de una infraestructura que busca cambiar la dirección del gas argentino.

Durante décadas, buena parte de la discusión energética nacional estuvo concentrada en cómo abastecer el mercado interno.

Ahora aparece una nueva etapa:

producir para abastecer a la Argentina y, al mismo tiempo, construir la capacidad necesaria para vender energía al mundo.

San Antonio Este comienza a prepararse para esa transformación.

El segundo barco ya llegó.

Todavía faltan diez.

Y detrás de esos diez barcos hay una pregunta que excede al gasoducto:

¿está Argentina construyendo finalmente la infraestructura que necesita para convertir Vaca Muerta en una verdadera plataforma exportadora de energía?

La respuesta no estará solamente en los kilómetros de cañería enterrados.

También se verá en los empleos creados, en los proveedores que puedan desarrollarse, en los puertos que se modernicen y, finalmente, en los dólares que la Argentina consiga generar con su energía.

El desafío es que esta vez el país no exporte solamente moléculas.

Que exporte energía, infraestructura, conocimiento y desarrollo.

Fuente: VMO

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