
Trump llevó la guerra con Irán a la ONU
Volvió a poner al petróleo en el centro de la crisis. “O un trato o los aniquilo”: el presidente de Estados Unidos endureció su amenaza contra Irán ante la Asamblea General de la ONU.
El cierre del estrecho de Ormuz mantiene en vilo al mercado petrolero, mientras Teherán ofreció reabrir la ruta si Washington reduce la presión militar.
La Asamblea General de las Naciones Unidas volvió a convertirse este martes en el escenario de una fuerte escalada verbal entre Estados Unidos e Irán.
El presidente Donald Trump utilizó su discurso ante los líderes mundiales para lanzar un nuevo ultimátum a Teherán: negociar un acuerdo o enfrentar una ofensiva todavía más devastadora.
“Tengo que tomar una decisión muy importante: haremos un trato con Irán o los aniquilo”, afirmó el mandatario estadounidense durante su intervención.
Trump sostuvo que Estados Unidos no permitirá que Irán desarrolle un arma nuclear y defendió las operaciones militares realizadas desde el inicio del conflicto. También reclamó a otros países que aumenten la presión económica sobre Teherán. Reuters informó que Trump pidió directamente el aislamiento económico de Irán y que, al mismo tiempo, dejó abierta la posibilidad de un acuerdo después de las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre.
Pero detrás de la disputa militar existe otra batalla que afecta directamente al mundo entero:
la del petróleo.
Ormuz vuelve a ser la pieza clave
El estrecho de Ormuz permanece condicionado por el conflicto y el bloqueo militar, afectando una de las rutas marítimas más importantes para el comercio energético mundial.
Por allí circula una parte sustancial del petróleo y del gas que sale del Golfo Pérsico hacia los mercados internacionales.
Por eso, cada declaración sobre una posible reapertura tiene una consecuencia inmediata sobre los precios.
Y este martes ocurrió algo particularmente significativo.
Un funcionario iraní afirmó que Teherán está dispuesto a reabrir el estrecho de Ormuz en un plazo de siete días si Estados Unidos reduce la presión militar y levanta el bloqueo sobre los puertos iraníes.
La propuesta fue comunicada a Washington a través de intermediarios y quedó planteada como una posible puerta para recuperar la vía diplomática.
El mercado reaccionó rápidamente.
El Brent llegó a retroceder más de 2% y volvió a ubicarse por debajo de los US$100 por barril.
Pero la caída no respondió solamente a la propuesta iraní.
Arabia Saudita también comenzó a reactivar su estratégico oleoducto Este-Oeste, que permite transportar petróleo hasta Yanbu, en la costa del mar Rojo, evitando el estrecho de Ormuz.
Dos movimientos diferentes apuntaron en la misma dirección:
más posibilidades de circulación del petróleo y menor presión sobre el mercado.
Trump endurece el mensaje
El presidente estadounidense también apuntó contra Cuba y advirtió al resto del hemisferio occidental.
Trump afirmó que Cuba es un “Estado fallido” y anticipó que el régimen comunista caerá. La delegación cubana abandonó la sala durante su intervención. Reuters confirmó el retiro de los representantes cubanos como protesta frente a las declaraciones del mandatario estadounidense.
Además, Trump sostuvo que Estados Unidos utilizará su poderío militar para proteger lo que considera sus intereses nacionales en el hemisferio occidental.
El mensaje amplió el alcance de su discurso más allá de Irán y volvió a colocar sobre la mesa la política exterior estadounidense hacia América Latina.
Una guerra que también se pelea con barriles
La dimensión energética del conflicto es imposible de separar de la militar.
Estados Unidos necesita evitar que Irán desarrolle capacidad nuclear, según la justificación presentada por Trump, mientras Teherán busca utilizar su posición estratégica sobre el Golfo Pérsico como herramienta de presión.
El resultado es un mercado petrolero extremadamente sensible.
Una amenaza militar puede hacer subir el barril.
Una declaración diplomática puede hacerlo caer.
La reparación de un oleoducto puede cambiar las expectativas.
Y una eventual reapertura de Ormuz podría modificar nuevamente todo el escenario.
Por eso, el petróleo dejó de reaccionar únicamente a la oferta y la demanda tradicional.
Ahora también cotiza riesgo geopolítico.
¿Qué significa para Vaca Muerta?
Para Argentina, esta situación tiene una lectura concreta.
Vaca Muerta está aumentando su producción y busca consolidarse como una plataforma exportadora de petróleo y gas.
En ese escenario, el precio internacional del crudo importa.
Pero importa todavía más la capacidad argentina para garantizar una salida permanente hacia los mercados internacionales.
La crisis alrededor de Ormuz demuestra qué sucede cuando una ruta estratégica queda comprometida.
Un país puede tener petróleo.
Puede tener reservas.
Puede tener capacidad de producción.
Pero si no tiene infraestructura suficiente para sacar esos barriles al mundo, una parte de esa riqueza queda atrapada.
Ahí aparece una de las claves de la expansión de Vaca Muerta.
Los nuevos oleoductos, las ampliaciones de capacidad, las terminales marítimas y proyectos como VMOS no son solamente obras de infraestructura.
Son parte de la estrategia argentina para reducir la dependencia de las condiciones de mercados y rutas controladas por terceros países.
El mundo vuelve a mirar el barril argentino
La paradoja es que mientras Trump amenaza con profundizar la guerra contra Irán, Arabia Saudita recupera una ruta alternativa y Teherán ofrece reabrir Ormuz, Argentina tiene una oportunidad diferente:
producir más petróleo y venderlo al mundo.
Pero esa oportunidad tiene una condición.
El país necesita transformar el crecimiento de Vaca Muerta en capacidad exportadora permanente.
La discusión ya no pasa solamente por cuánto petróleo puede producir Neuquén.
La pregunta es cuánto puede llegar hasta un puerto, cuánto puede embarcarse y cuánto puede venderse de manera competitiva.
Porque en un mundo donde un estrecho puede cerrarse, un oleoducto puede quedar fuera de servicio y una amenaza presidencial puede mover el Brent en cuestión de minutos, la infraestructura energética también es una herramienta de soberanía económica.
Y Vaca Muerta está entrando justamente en esa discusión.
Fuente: VMO