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Vaca Muerta crece, pero

¿cuánto tiempo puede resistir una familia sin trabajo?

Vaca Muerta crece, pero

¿cuánto tiempo puede resistir una familia sin trabajo?

El INDEC registra una desocupación del 3,2% en Neuquén-Plottier, una de las tasas más bajas del país. Pero la estadística no alcanza para contar toda la realidad laboral de una provincia que crece, recibe población y tiene un costo de vida cada vez más elevado.

Hay números que sirven para medir una realidad y otros que sirven para empezar a preguntarnos qué hay detrás de ella.

El 3,2% de desocupación registrado en Neuquén-Plottier durante el segundo trimestre de 2026 es, en términos estadísticos, un dato positivo. La tasa quedó muy por debajo del 7,9% nacional y también del 6,3% correspondiente a la Patagonia. La tasa de actividad llegó al 50,5% y la de empleo al 48,9%.

Pero hay una pregunta que no aparece en ese porcentaje:

¿Cuántas familias neuquinas están realmente atravesando dificultades para conseguir un ingreso suficiente para vivir?

Y esa pregunta merece ser formulada.

Cinco mil personas no son solamente un porcentaje

Según la estimación de la EPH, alrededor de 5.000 personas estaban desocupadas en el aglomerado Neuquén-Plottier durante el segundo trimestre.

Son cinco mil personas que, detrás de una estadística, pueden representar cinco mil historias diferentes: trabajadores que perdieron su empleo, jóvenes que intentan ingresar al mercado laboral, personas que llegaron a Neuquén buscando una oportunidad y todavía no la encontraron, familias que dependen de un único ingreso o trabajadores que llevan meses intentando reinsertarse.

La estadística es necesaria.

Pero no alcanza.

Porque detrás de cada persona sin trabajo puede existir un alquiler, una familia, alimentos, transporte, servicios, educación y una cantidad creciente de gastos que deben pagarse todos los meses.

Y en Neuquén, donde el crecimiento económico convive con un costo de vida elevado, quedarse sin trabajo no es una situación que pueda sostenerse indefinidamente.

La calle también muestra otra realidad

Hay algo que cualquier habitante de Neuquén puede observar simplemente recorriendo la ciudad.

Hace tiempo que no era tan frecuente encontrarse con personas buscando una oportunidad laboral, preguntando por un puesto, dejando un currículum o intentando generar algún ingreso por su cuenta.

No necesariamente todas esas personas aparecen como "desocupadas" en la EPH.

Ese es precisamente uno de los puntos que debemos entender cuando hablamos de estadísticas laborales.

La tasa de desocupación se calcula sobre la población económicamente activa: quienes tienen un trabajo o quienes lo buscan activamente. La encuesta no representa a toda la población de la provincia y tampoco incluye ciudades como Añelo, Rincón de los Sauces, Cutral Co o buena parte del Alto Valle, territorios fundamentales para entender la verdadera dimensión del mercado laboral asociado a Vaca Muerta.

Por eso, comparar el 3,2% con lo que vemos diariamente en las calles no significa que una de las dos cosas sea necesariamente falsa.

Significa que estamos mirando dos fotografías diferentes de una misma realidad.

El problema es que Neuquén no es una ciudad donde resulte sencillo sobrevivir sin ingresos

Esta es quizás la discusión que debería ocupar más espacio.

Neuquén es una provincia que crece alrededor de una de las principales reservas de hidrocarburos no convencionales del mundo.

Llegan inversiones.

Aumenta la producción.

Se construyen ductos.

Se amplían rutas.

Se necesitan más servicios.

Se proyectan nuevas plantas, infraestructura y exportaciones.

Pero mientras esa transformación ocurre, también hay familias que necesitan resolver algo mucho más inmediato:

cómo llegar a fin de mes.

Una persona puede esperar semanas o meses para conseguir un puesto calificado en una empresa petrolera.

Pero el alquiler no espera.

La factura de electricidad no espera.

El supermercado no espera.

El transporte no espera.

La escuela de los hijos tampoco.

Y Neuquén tiene una particularidad que no puede ignorarse: el costo de instalarse y vivir en una ciudad que se transformó en uno de los principales centros económicos de la Patagonia puede ser muy elevado.

Por eso, perder el empleo en Neuquén no significa solamente perder un salario.

Puede significar perder rápidamente la capacidad de sostener una vivienda y una familia.

¿Y si tampoco alcanza con salir a vender?

En otras ciudades argentinas, frente a la falta de empleo formal, muchas familias encuentran una salida temporal en la economía informal: vender productos, ofrecer servicios en la calle, hacer changas o desarrollar pequeños emprendimientos.

Pero incluso esa alternativa tiene límites.

No se puede asumir que cualquier persona puede instalarse en la vía pública y comenzar a vender libremente.

Existen regulaciones, habilitaciones y controles municipales y provinciales que condicionan esas actividades.

Por eso, cuando desaparece un empleo formal, no necesariamente existe una puerta inmediata para reemplazarlo.

Y ahí aparece un problema social que las tasas de desocupación no siempre alcanzan a mostrar.

La otra cara: tener trabajo no significa estar bien

Hay otro indicador que obliga a mirar más allá del 3,2%.

En el primer trimestre de 2026, Neuquén-Plottier había registrado una informalidad laboral del 26,4%, según los datos disponibles de la EPH. Es un nivel inferior al promedio nacional, pero significa que más de uno de cada cuatro ocupados del aglomerado estaba en una situación laboral informal.

Mientras tanto, la informalidad laboral nacional llegó al 45% en el segundo trimestre.

Esto demuestra algo importante:

el mercado laboral no se puede medir solamente contando cuántas personas tienen o no tienen trabajo.

También hay que preguntar qué trabajo tienen, cuánto ganan, si están registrados, si tienen cobertura social, si realizan aportes jubilatorios y si ese ingreso permite sostener una familia.

Porque una persona puede dejar de aparecer en la estadística de desempleo simplemente porque consiguió una ocupación.

Pero eso no significa automáticamente que haya salido de una situación de vulnerabilidad económica.

Vaca Muerta necesita trabajadores, pero también necesita una economía que los pueda incorporar

Esta es la discusión que Neuquén debería profundizar.

La expansión de Vaca Muerta abre oportunidades enormes, pero no todos los puestos que genera requieren el mismo perfil, ni todos se crean en la misma ciudad.

El desarrollo petrolero necesita operadores, técnicos, soldadores, choferes, mecánicos, personal de mantenimiento, logística, construcción, gastronomía, hotelería, servicios profesionales y una enorme cantidad de actividades indirectas.

El desafío consiste en lograr que una parte cada vez mayor de esa demanda pueda ser cubierta por trabajadores locales.

Y eso requiere capacitación.

Pero también requiere algo más difícil:

conectar la capacitación con puestos de trabajo reales.

Formar personas sin generar oportunidades concretas puede terminar produciendo otra frustración.

La paradoja neuquina

Neuquén atraviesa una paradoja.

Por un lado, es una de las economías provinciales con mayor dinamismo de la Argentina y Vaca Muerta está generando una transformación productiva que todavía tiene mucho recorrido.

Por otro, existen personas que no consiguen incorporarse a ese crecimiento.

El dato del 3,2% no debería utilizarse para negar esa realidad.

Tampoco sería correcto utilizar las dificultades visibles de algunas familias para negar que el mercado laboral neuquino presenta mejores indicadores que buena parte del país.

Las dos cosas pueden coexistir.

Y justamente por eso la discusión es más interesante.

El verdadero desafío no es solamente crear empleo

La pregunta para los próximos años debería ser mucho más ambiciosa:

¿Puede Neuquén convertir el crecimiento de Vaca Muerta en una mejora concreta y sostenida de la vida de sus habitantes?

Eso significa crear empleo registrado.

Mejorar salarios.

Capacitar trabajadores.

Facilitar el acceso de pequeñas empresas y contratistas locales a la cadena petrolera.

Generar oportunidades para quienes todavía están afuera del sector.

Y desarrollar infraestructura suficiente para que el crecimiento económico no termine expulsando a quienes no pueden afrontar el costo de vivir en la provincia.

Porque una provincia puede producir más petróleo y gas.

Puede exportar más.

Puede atraer miles de millones de dólares.

Puede multiplicar sus inversiones.

Pero el éxito definitivo de ese proceso no debería medirse solamente en barriles, metros cúbicos o dólares.

También debería poder medirse en algo mucho más sencillo:

cuántas familias tienen un trabajo que les permita vivir dignamente.

El 3,2% es un dato.

La discusión sobre qué ocurre con quienes todavía no consiguen subirse al tren de Vaca Muerta es otra.

Y probablemente sea una de las discusiones sociales más importantes que tendrá Neuquén en los próximos años.

Fuente: VMO

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