
Vaca Muerta rompe récords de perforación, pero la productividad todavía no llega igual a todos
YPF y Baker Hughes volvieron a llevar la perforación de Vaca Muerta a un nuevo límite: 5.603 metros en 5,9 días y otra sección de 5.751 metros perforada en una sola corrida.
La tecnología permitió ganar velocidad y reducir tiempos. Pero detrás del récord aparece una discusión que la industria todavía tiene pendiente: cuánto de ese salto de productividad llega realmente a todos los trabajadores que hacen posible la operación.
Vaca Muerta volvió a romper sus propios límites.
YPF y Baker Hughes registraron dos nuevos hitos de perforación que muestran hasta dónde llegó la combinación de tecnología, planificación y experiencia operativa en la formación neuquina.
En un pozo se perforaron 5.603 metros de punta a punta en una sola corrida, completando la sección de producción de 6¾ pulgadas en apenas 5,9 días.
El resultado estuvo 3,3 días por debajo de lo previsto originalmente.
En otro pozo, la operación alcanzó 5.751 metros en una sola corrida, convirtiéndose en la sección de 6¾ pulgadas más larga registrada hasta ahora en Vaca Muerta. El tramo lateral alcanzó 4.769 metros.
La operación que originalmente estaba pensada para dos corridas terminó resolviéndose en una sola y, según Baker Hughes, permitió mejorar un 20% el ritmo de perforación medido en metros por día.
Son números extraordinarios.
Pero detrás de esos números existe otra realidad que también forma parte de Vaca Muerta.
Las herramientas aprendieron el ritmo
La industria suele hablar de estos récords en términos de tecnología.
Y es lógico.
Los sistemas rotativos direccionales, los motores de fondo, los amortiguadores de vibraciones y los nuevos trépanos permiten sostener velocidades de perforación que hace algunos años eran difíciles de imaginar.
En este caso, Baker Hughes utilizó el sistema rotativo direccional Lucida, el motor de fondo DuraMax, el sistema de control de vibraciones torsionales GuardVibe y la mecha PermaFORCE-TRU.
Pero hay algo que ninguna herramienta hace sola.
El récord ocurre porque hay personas detrás de cada herramienta.
Alguien controla.
Alguien interpreta.
Alguien decide.
Alguien mantiene.
Alguien recibe los recortes.
Alguien controla los fluidos.
Alguien mueve materiales.
Alguien sostiene el circuito.
Alguien trabaja en la boca del pozo.
Alguien está durante horas esperando que una operación que parece perfecta desde el gráfico no se transforme en un problema operativo.
La tecnología puede acelerar el proceso.
Pero el pozo sigue necesitando trabajadores.
El récord mide metros. El trabajador mide otra cosa
Hay una cuestión que merece comenzar a discutirse.
Cuando una compañía consigue perforar más metros en menos tiempo, el resultado es fácilmente cuantificable.
Menos horas.
Menos tiempos improductivos.
Más metros por día.
Más pozos potencialmente disponibles para completar.
Mayor utilización de los equipos.
Mayor productividad.
Todo eso tiene un valor económico.
La pregunta es qué ocurre con ese valor cuando llega al trabajador.
Porque no todos los trabajadores que participan de una operación de alta productividad necesariamente reciben un bono productivo.
Y esa diferencia empieza a generar una percepción dentro del campo.
El resultado se celebra como colectivo cuando se alcanza el récord, pero el beneficio económico puede estar distribuido de manera diferente entre las distintas categorías, empresas contratistas y funciones que participan de la operación.
Ahí aparece una discusión que no puede resolverse solamente diciendo que la industria necesita ser eficiente.
Eficiencia no debería ser sinónimo de trabajar más por lo mismo
La eficiencia es necesaria.
Ninguna industria puede sostenerse indefinidamente con tiempos improductivos, equipos sobredimensionados o procesos que consumen recursos innecesarios.
Y Vaca Muerta compite contra otras regiones productoras del mundo.
Necesita perforar más rápido.
Necesita reducir costos.
Necesita mejorar la utilización de los equipos.
Necesita aumentar la productividad.
Pero existe una segunda parte de la ecuación.
¿Qué sucede cuando la productividad aumenta y las condiciones económicas del trabajador no mejoran en la misma proporción?
Ahí es donde la palabra “eficiencia” empieza a tener dos lecturas.
Para la empresa puede significar hacer el mismo trabajo con menos tiempo y recursos.
Para el trabajador puede significar que cada vez se exige más rendimiento, más disponibilidad y más responsabilidad sin que necesariamente exista una participación equivalente en el resultado.
No son necesariamente dos posiciones incompatibles.
Pero sí requieren una conversación.
La gente que está en el pozo también produce el récord
Un récord de perforación no comienza en una presentación corporativa.
Empieza en el campo.
En la planificación.
En el equipo.
En la boca del pozo.
En el sistema de circulación.
En los fluidos.
En el control de sólidos.
En el mantenimiento.
En la logística.
En los operadores que tienen que conseguir que cada componente funcione cuando tiene que funcionar.
Y también en quienes trabajan alrededor del proceso sin aparecer en la fotografía del récord.
Ese es uno de los grandes cambios que produjo Vaca Muerta.
La operación se volvió cada vez más sofisticada y productiva, pero también más integrada.
Un problema en un punto puede detener todo el sistema.
Por eso resulta difícil sostener una mirada que atribuya el récord exclusivamente a una herramienta.
La tecnología puede ser extraordinaria. La ejecución también es humana.
El desafío que viene después de los récords
La pregunta no es si hay que premiar la productividad.
Claro que debe existir un incentivo para hacer mejor las cosas.
El verdadero debate es cómo se distribuye ese incentivo.
Si una operación reduce varios días de perforación, el ahorro para una empresa puede ser significativo.
Si un equipo aumenta sustancialmente los metros perforados por día, también aumenta la capacidad productiva del conjunto.
Entonces aparece una pregunta legítima para la industria:
¿cuánto de esa ganancia vuelve al trabajador que hizo posible alcanzar ese resultado?
Y después aparece una segunda:
¿todos los trabajadores que contribuyeron al resultado participan de ese beneficio o solamente determinadas posiciones?
Son preguntas diferentes.
Y no necesariamente tienen una única respuesta.
Pero deberían formar parte de la discusión sobre el futuro laboral de Vaca Muerta.
Porque el próximo récord puede ser humano
La industria neuquina está avanzando hacia pozos cada vez más largos y operaciones cada vez más rápidas.
Eso significa que el valor de la experiencia operativa también aumenta.
No solamente hacen falta nuevas tecnologías.
Hace falta gente capacitada para utilizarlas.
Hace falta personal que conozca el campo.
Hace falta trabajadores capaces de interpretar una operación en tiempo real.
Hace falta mantenimiento.
Hace falta seguridad.
Hace falta logística.
Hace falta control.
Y hace falta que ese conocimiento tenga un valor económico reconocido.
Porque si Vaca Muerta pretende aumentar permanentemente la productividad, también tendrá que responder una pregunta fundamental:
¿cómo se conserva y se motiva al trabajador que hace posible esa productividad?
Vaca Muerta no termina en el récord
Los 5.603 metros y los 5.751 metros son números que merecen ser destacados.
Demuestran que la industria está avanzando.
Demuestran que la tecnología funciona.
Demuestran que la planificación permite hacer en menos tiempo operaciones que antes requerían más jornadas.
Y demuestran que Vaca Muerta todavía tiene margen para seguir empujando sus propios límites.
Pero un récord también debería servir para mirar aquello que no aparece en el gráfico.
Detrás de cada metro perforado hay una cadena de trabajadores.
Y si la industria consigue producir más en menos tiempo, la discusión ya no debería ser solamente cuánto bajó el costo del pozo.
También debería ser cuánto mejoró la vida de quienes hicieron posible esa reducción.
Porque si la tecnología corre cada vez más rápido, pero el trabajador queda en el mismo lugar, entonces Vaca Muerta habrá conseguido un nuevo récord de productividad.
La pregunta será si también consiguió un nuevo récord de participación para quienes producen esa riqueza.
Vaca Muerta no termina en el pozo. Tampoco debería terminar en el récord.
Fuente: VMO