
Argentina importa uranio mientras busca energía bajo tierra
El desafío de volver a producir el combustible nuclear.
El país dejó de producir uranio en 1997 y desde entonces depende de las importaciones para abastecer el ciclo de combustible de sus centrales. El Presupuesto 2027 vuelve a poner el foco en la exploración del mineral en Salta, Jujuy y Catamarca, aunque con una partida que aparece como simbólica frente a la magnitud del desafío.
ENERGÍA | MINERÍA | NUCLEAR
Argentina tiene gas.
Tiene petróleo.
Tiene litio.
Tiene cobre.
Y también tiene uranio.
Pero hay una paradoja que vuelve a quedar expuesta en el debate energético nacional: el país que busca convertirse en una potencia exportadora de energía todavía importa el uranio que necesita para alimentar su generación nuclear.
La Argentina no produce uranio desde 1997. Según la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), entre 1952 y ese año se extrajeron y procesaron aproximadamente 2.600 toneladas de uranio, destinadas a abastecer la demanda interna. Desde entonces, el suministro se cubre mediante importaciones.
La discusión vuelve ahora al centro de la agenda.
El proyecto de Presupuesto 2027 contempla una partida de $100 millones para la exploración de yacimientos de uranio de tipo superficial en Jujuy, Salta y Catamarca.
El monto puede parecer pequeño frente a la dimensión estratégica del recurso.
Y ahí aparece la pregunta que debería atravesar toda la discusión:
¿Puede la Argentina hablar de soberanía energética mientras importa una materia prima estratégica para su sistema nuclear?
El uranio vuelve a ser estratégico
Durante décadas, el uranio estuvo asociado principalmente al desarrollo del programa nuclear argentino.
Hoy el escenario internacional cambió.
La energía nuclear volvió a ocupar un lugar relevante en las estrategias energéticas de numerosos países que buscan generación firme y bajas emisiones.
Argentina cuenta con tres centrales nucleares en operación —Atucha I, Atucha II y Embalse— y también posee capacidades propias en distintas etapas del ciclo nuclear.
La CNEA señala que el uranio es un recurso estratégico para el desarrollo de la energía nuclear y que su procesamiento permite fabricar combustibles para reactores de potencia y de investigación.
Por eso, recuperar la producción local no sería solamente una cuestión minera.
Sería una decisión sobre seguridad energética y abastecimiento estratégico.
Un recurso que Argentina dejó de explotar
La historia tiene un dato contundente.
Argentina produjo uranio durante 45 años.
Entre 1952 y 1997 funcionaron distintos centros de producción y una planta piloto vinculados con depósitos distribuidos en varias regiones del país.
El último complejo productivo fue Sierra Pintada, en Mendoza, cuya producción terminó en 1997. Desde entonces, Argentina no volvió a producir uranio comercialmente.
Eso significa que buena parte del conocimiento acumulado durante décadas quedó sin una continuidad productiva.
Ahora el escenario comienza lentamente a cambiar.
La propia CNEA reconoce que existen proyectos de exploración de uranio impulsados tanto por el organismo como por empresas privadas en diferentes regiones del país.
El NOA aparece nuevamente en el mapa
Salta, Jujuy y Catamarca forman parte de la nueva búsqueda.
El Presupuesto 2027 incorpora una partida específica para explorar depósitos superficiales de uranio en esas tres provincias.
Pero hay una particularidad importante: los $100 millones corresponden al conjunto de las tres provincias, por lo que el proyecto presupuestario no permite determinar cuánto terminaría destinándose específicamente a cada territorio.
El número, por lo tanto, debe mirarse con cuidado.
No representa una inversión minera de gran escala.
Es dinero destinado a una etapa mucho más temprana: buscar, relevar y determinar dónde existe un recurso que después debería ser evaluado técnica, económica y ambientalmente.
Don Otto: cuando Salta ya fue parte de la historia nuclear
Salta no empieza de cero.
En los Valles Calchaquíes existe un antecedente histórico de enorme importancia: Don Otto, en el departamento San Carlos.
La CNEA desarrolló allí trabajos vinculados con la explotación de uranio y el yacimiento formó parte de la historia temprana del programa nuclear argentino.
También existe el área Tonco-Amblayo, que completa el mapa de interés uranífero de los Valles Calchaquíes.
La historia demuestra que el potencial geológico no es una novedad.
Lo que falta ahora es convertir ese potencial en conocimiento actualizado, exploración moderna, inversión, evaluación ambiental y eventualmente producción.
El dato que obliga a mirar los dólares
La discusión también tiene una dimensión económica.
Un informe oficial sobre la cadena de valor nuclear señala que, desde la interrupción de la producción en 1997, Argentina importa el concentrado de uranio para continuar con la fabricación y utilización del combustible nuclear.
Ese mismo informe registra US$33,2 millones en compras externas de concentrado de uranio durante 2024.
La cifra es importante porque permite dimensionar el problema desde otra perspectiva:
cada tonelada de uranio que Argentina pudiera producir de manera competitiva podría sustituir parte de una importación y mantener dentro del país una porción de la cadena de valor.
No significa que toda la factura de importación pueda eliminarse inmediatamente.
La minería necesita exploración, permisos, infraestructura, plantas de tratamiento, controles ambientales, inversiones y años de desarrollo.
Pero el objetivo estratégico sí es claro: recuperar capacidad productiva.
No alcanza con encontrar uranio
Acá aparece una diferencia fundamental.
Encontrar un yacimiento no significa tener una mina.
La exploración solamente constituye el primer paso.
Después llegan la evaluación de recursos, estudios de factibilidad, infraestructura, permisos, tratamiento del mineral, gestión ambiental y construcción de las instalaciones necesarias para producir un concentrado apto para continuar el ciclo de combustible.
La propia CNEA describe distintas etapas de procesamiento, desde la trituración y lixiviación hasta la concentración y obtención de la llamada yellow cake.
Por eso, la discusión sobre los $100 millones debe ser entendida dentro de un proceso mucho más largo.
Sierra Pintada: primero remediar, después producir
Mendoza ofrece otro capítulo de esta historia.
El antiguo complejo Sierra Pintada dejó de producir en 1997 y actualmente el foco oficial está puesto en la remediación y adecuación de infraestructura.
El objetivo es resolver los pasivos ambientales y generar condiciones para una eventual recuperación de la actividad.
La CNEA reconoce que la remediación es una parte central de la gestión del sitio.
Esto también deja una enseñanza:
la minería de uranio no puede pensarse solamente desde la extracción.
Debe contemplar desde el comienzo el manejo de residuos, agua, instalaciones y pasivos ambientales.
La experiencia histórica obliga a que cualquier eventual reactivación se desarrolle con estándares ambientales, regulatorios y tecnológicos acordes al presente.
La energía nuclear también necesita combustible
El debate adquiere todavía más relevancia porque Argentina busca ampliar sus capacidades nucleares.
En septiembre de 2026, el Gobierno anunció que el reactor multipropósito RA-10 apunta a entrar en operación durante 2027, sujeto a la licencia correspondiente, y presentó un esquema para incorporar capital privado en la producción asociada.
A su vez, en la última Conferencia General del OIEA, Argentina presentó sus capacidades y proyectos estratégicos para ampliar la proyección internacional de su sector nuclear.
Es decir:
Argentina busca fortalecer su industria nuclear al mismo tiempo que intenta recuperar una pieza que perdió hace casi tres décadas: la producción doméstica de uranio.
De Vaca Muerta al uranio
Para VacaMuertaOnline, esta discusión tiene un punto de conexión directo con nuestra agenda.
Argentina está intentando construir una matriz energética mucho más amplia.
El petróleo de Vaca Muerta permite aumentar las exportaciones.
El gas puede convertirse en GNL.
El litio y el cobre abren una nueva frontera minera.
Y la energía nuclear puede aportar generación firme y tecnología de alto valor agregado.
Pero todas esas cadenas necesitan algo en común:
recursos, inversión, infraestructura, trabajadores calificados y una estrategia de largo plazo.
El uranio es un ejemplo perfecto.
El recurso está.
La capacidad científica existe.
La industria nuclear argentina tiene décadas de experiencia.
La pregunta es si el país está dispuesto a recuperar también la capacidad de producir el mineral que alimenta esa cadena.
La discusión no debería ser minería sí o no
La discusión más importante debería ser otra.
¿Qué minería quiere desarrollar la Argentina?
Una que simplemente extraiga minerales para exportarlos.
O una que permita construir cadenas de valor, generar proveedores nacionales, formar trabajadores, desarrollar tecnología y garantizar abastecimiento estratégico.
En el caso del uranio, el objetivo tiene una particularidad todavía mayor.
No se trata solamente de una commodity.
Es también un insumo para una infraestructura energética estratégica.
Una pequeña partida frente a una gran oportunidad
Los $100 millones previstos para explorar uranio en el NOA pueden parecer insignificantes frente al tamaño de la economía energética argentina.
Y probablemente lo sean si se los interpreta como una inversión destinada a desarrollar por sí sola una nueva industria.
Pero la exploración no se mide únicamente por el monto inicial.
Se mide por lo que puede descubrir.
El verdadero desafío aparecerá después:
si Argentina encuentra recursos económicamente aprovechables, deberá decidir si está dispuesta a invertir en serio para recuperarlos.
Porque volver a producir uranio no se resuelve con una partida presupuestaria.
Se resuelve con una política sostenida durante años.
Argentina tiene una nueva oportunidad
El mundo vuelve a mirar a la energía nuclear.
Argentina busca ampliar sus exportaciones energéticas.
Vaca Muerta está modificando el perfil petrolero y gasífero del país.
Y la minería comienza a ocupar un lugar cada vez más importante en la agenda de inversiones.
En ese contexto, el uranio vuelve a aparecer.
Después de 29 años sin producción, Argentina tiene la posibilidad de recuperar una actividad que alguna vez formó parte de su estrategia energética.
La pregunta ya no es solamente cuánto cuesta buscar uranio.
La pregunta de fondo es:
¿Cuánto le cuesta a la Argentina seguir importándolo si tiene la posibilidad de volver a producirlo?
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Fuente: VMO