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Milei y los jóvenes

La batalla política que puede definir 2027. El Gobierno encendió una luz amarilla sobre uno de los sectores que resultó decisivo para la llegada de Javier Milei al poder.

Milei y los jóvenes

La batalla política que puede definir 2027. El Gobierno encendió una luz amarilla sobre uno de los sectores que resultó decisivo para la llegada de Javier Milei al poder.

El desafío ya no es solamente conservar votos: es recuperar la conexión con una generación que fue protagonista del fenómeno libertario y que ahora comienza a mostrar señales de desencanto.

La política argentina comenzó a mirar nuevamente hacia las redes sociales, pero esta vez con preocupación. A más de un año de las elecciones presidenciales de 2027, en el entorno de Javier Milei existe una discusión que puede terminar siendo determinante para el futuro de La Libertad Avanza: qué está ocurriendo con los jóvenes que acompañaron masivamente al Presidente y que fueron una pieza central de su construcción política.

Las últimas mediciones encendieron una señal de alerta. El respaldo al Gobierno entre los menores de 30 años habría caído hasta ubicarse, por primera vez, por debajo del promedio general del Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella.

Pero reducir el fenómeno a una simple pérdida de votos sería quedarse en la superficie.

El verdadero interrogante es si el oficialismo está perdiendo algo todavía más importante: la capacidad de conectar emocional y políticamente con una generación que convirtió a Milei en un fenómeno mucho antes de que llegara a la Casa Rosada.

El voto joven no tiene necesariamente otro dueño

Dentro del oficialismo existen diferentes interpretaciones sobre la magnitud del retroceso.

Algunos hablan de una pérdida considerable respecto de 2023. Otros consideran que la caída es menor y que buena parte de quienes se alejaron no migraron hacia otra fuerza política, sino que quedaron en el terreno del desencanto, la indiferencia o el “no sabe/no contesta”.

La diferencia es fundamental.

Porque un joven que abandona a Milei para votar por otro candidato representa una transferencia electoral.

Pero un joven que deja de sentirse representado y decide no participar puede estar expresando algo diferente: desconexión con la política.

Y allí aparece uno de los datos más importantes del escenario.

Los jóvenes de entre 18 y 29 años representan aproximadamente el 23,3% del padrón, pero en las elecciones de 2025 registraron una participación sensiblemente menor que los grupos de mayor edad.

La pregunta, entonces, no debería ser únicamente cuántos jóvenes siguen apoyando a Milei.

La pregunta debería ser:

¿Cuántos van a ir a votar en 2027 y qué los va a movilizar?

El problema económico entra por la puerta grande

La situación económica aparece como una de las explicaciones centrales del desencanto.

El Gobierno sostiene que la estabilización macroeconómica requiere tiempo y que buena parte de las medidas adoptadas durante los primeros años de gestión fueron necesariamente impopulares.

Pero existe una diferencia entre comprender un proceso económico y poder sostenerlo personalmente.

Para un joven que busca su primer empleo, estudia, alquila, utiliza una tarjeta de crédito o intenta independizarse, la discusión sobre déficit fiscal, inflación y equilibrio financiero puede convertirse rápidamente en una pregunta mucho más concreta:

¿Cuándo voy a vivir mejor?

Ese es probablemente uno de los mayores desafíos políticos que enfrenta el Gobierno.

El apoyo a una transformación económica puede mantenerse mientras exista la percepción de que esa transformación conduce hacia una oportunidad.

Pero cuando el esfuerzo comienza a sentirse permanente y los resultados no llegan a la vida cotidiana, aparece el desencanto.

Y el desencanto juvenil suele ser particularmente rápido.

La batalla que Milei ganó en las redes

El fenómeno libertario no nació de una estructura partidaria tradicional.

Nació, en buena medida, de una comunidad digital.

Milei consiguió convertir las redes sociales en un espacio de construcción política. Influencers, militantes digitales, comunicadores y jóvenes simpatizantes multiplicaron sus mensajes, defendieron sus ideas y llevaron la discusión política a lugares donde los partidos tradicionales tenían enormes dificultades para ingresar.

Las denominadas “Fuerzas del Cielo” fueron parte de ese fenómeno.

Pero ahora dentro del oficialismo aparece una discusión: ¿qué ocurrió con esa estructura digital?

La política territorial ganó espacio y el armado tradicional comenzó a adquirir mayor protagonismo.

El problema es que la estructura territorial puede servir para organizar una elección, pero no necesariamente reemplaza la comunidad digital que ayudó a construir una identidad política.

No es lo mismo tener fiscales y dirigentes que tener miles de jóvenes dispuestos espontáneamente a defender una idea en las redes.

Karina contra Caputo: dos maneras de construir poder

Detrás del debate electoral aparece también una discusión interna sobre cómo debe construirse el poder libertario.

Por un lado, el esquema asociado a Karina Milei apuesta a la organización territorial, la construcción partidaria y la consolidación de una estructura nacional.

Por otro, el espacio identificado con Santiago Caputo y las Fuerzas del Cielo representa una política mucho más vinculada con las redes, la comunicación digital y la denominada batalla cultural.

Ambas herramientas pueden ser necesarias.

El problema aparece cuando una comienza a desplazar a la otra.

La Libertad Avanza necesita estructura para ganar elecciones, pero también necesita conservar la comunidad que convirtió a Milei en un fenómeno político.

Porque una estructura puede organizar una campaña.

Una comunidad puede convertir una campaña en un movimiento.

El peronismo observa, pero todavía no encuentra la respuesta

El eventual debilitamiento del vínculo entre Milei y los jóvenes tampoco significa automáticamente un crecimiento del peronismo.

Ese sería otro error de interpretación.

Existe una generación que no necesariamente se identifica con las categorías políticas tradicionales.

Muchos jóvenes pueden estar desencantados con Milei sin querer regresar al kirchnerismo.

Pueden rechazar al Gobierno sin sentirse representados por el peronismo.

Y allí aparece uno de los espacios políticos más interesantes de cara a 2027:

el joven desencantado pero todavía sin nuevo candidato.

Ese electorado puede terminar siendo decisivo.

La fuerza política que logre interpretar sus problemas y ofrecer una expectativa de futuro tendrá una ventaja enorme.

El desafío no es solamente económico

Milei todavía conserva atributos políticos importantes.

Tiene un liderazgo nacional fuerte, una identidad política definida y una oposición que continúa fragmentada.

Pero el Gobierno necesita responder una pregunta mucho más profunda que la de una encuesta:

¿Qué futuro le está ofreciendo a un joven argentino?

Porque el votante de 2023 pudo haber votado a Milei para terminar con una etapa.

El votante de 2027 necesitará probablemente algo diferente:

una razón para creer en la etapa siguiente.

Ahí estará la verdadera batalla.

No será solamente una discusión entre liberalismo y peronismo.

Será una disputa por las expectativas.

Por el empleo.

Por el acceso a la vivienda.

Por la educación.

Por los salarios.

Por la posibilidad de emprender.

Por la tecnología.

Por la posibilidad de construir un proyecto de vida en Argentina.

Vaca Muerta también forma parte de esa discusión

En ese escenario existe un fenómeno que merece una mirada particular: Vaca Muerta y la Patagonia.

Mientras el debate nacional se concentra en las encuestas y las redes sociales, en Neuquén existe una transformación económica que está generando empleo, migración interna, demanda de capacitación y nuevas oportunidades.

Pero también aparecen problemas: alquileres elevados, presión sobre los servicios públicos, falta de infraestructura, dificultades para acceder a determinados puestos laborales y una brecha creciente entre las expectativas que genera el desarrollo energético y las posibilidades reales de ingresar a esa industria.

Para miles de jóvenes de la región, Vaca Muerta no es una consigna política.

Es una expectativa de futuro.

Y allí puede encontrarse una de las claves para entender cómo se comportará la juventud patagónica en los próximos años.

La juventud como barómetro

La discusión que comienza a instalarse dentro del oficialismo debería ser tomada en serio.

No porque Milei haya perdido definitivamente a los jóvenes.

No hay elementos suficientes para afirmar eso.

Sino porque la pérdida de conexión con una generación que fue fundamental para su llegada al poder constituye una señal política que ningún gobierno debería ignorar.

La juventud puede ser impaciente, pero también puede ser el primer sector en detectar cuándo una promesa comienza a perder capacidad de entusiasmar.

Milei todavía tiene tiempo para corregir.

La pregunta es si elegirá mirar solamente las encuestas o si escuchará lo que existe detrás de ellas.

Porque para 2027 la batalla no será únicamente por conservar el voto.

Será por recuperar algo mucho más difícil de medir:

la esperanza de que el futuro puede ser mejor.

Y esa batalla, para el Gobierno, recién comienza.

Fuente: VMO

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