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Vaca Muerta acelera su salida al mar

Comenzó el movimiento de los caños y avanza el Gasoducto San Matías.

Vaca Muerta acelera su salida al mar

Comenzó el movimiento de los caños y avanza el Gasoducto San Matías.

La obra que conectará la producción neuquina con las futuras plantas flotantes de GNL en Río Negro entró en una nueva fase. Ya comenzó el traslado de los tubos desde el puerto de San Antonio Este hacia la traza y se iniciaron las excavaciones. El proyecto contempla 472 kilómetros de ducto, una capacidad de hasta 27 millones de m³ diarios y una inversión cercana a US$1.300 millones.

La transformación de Vaca Muerta en una plataforma exportadora de gas empieza a tomar forma sobre el territorio rionegrino.

El Gasoducto San Matías, una de las piezas centrales de la infraestructura diseñada para llevar el gas de la Cuenca Neuquina hasta la costa atlántica, ingresó en una nueva etapa de ejecución: comenzaron los movimientos de los primeros caños hacia los frentes de obra y también se pusieron en marcha las tareas de excavación sobre la traza.

El cambio no es menor. Después de meses de planificación, permisos, logística y acondicionamiento de instalaciones, el proyecto comienza a mostrar una presencia física cada vez más visible en Río Negro.

Miles de tubos empiezan a recorrer Río Negro

El operativo logístico tiene como punto de partida el Puerto de San Antonio Este, donde se acondicionó una importante superficie para recibir y almacenar los tubos que serán utilizados en la construcción.

Los caños tienen aproximadamente 12 metros de largo y 36 pulgadas de diámetro, dimensiones que obligan a desplegar una logística específica para trasladarlos hacia los distintos puntos de la obra.

En esta primera etapa intervienen camiones de una empresa rionegrina especializada en transporte pesado. Cada unidad puede trasladar cuatro tubos por viaje.

La dimensión del operativo permite entender la magnitud de la infraestructura que se está construyendo: está previsto que lleguen al puerto alrededor de 12 embarques, con un volumen total cercano a 40.000 caños.

El movimiento terrestre demandará miles de viajes. La estimación del proyecto contempla aproximadamente 9.950 cargas de camión para llevar los tubos desde las áreas de almacenamiento hasta los diferentes sectores de la traza.

No se trata solamente de una obra energética. Detrás del gasoducto aparece también una cadena de servicios, transporte, movimiento de suelos, montaje, soldadura, logística y contratación de mano de obra que tendrá impacto sobre distintas localidades rionegrinas.

El ducto que busca llevar el gas de Vaca Muerta hasta el Atlántico

El San Matías Pipeline (SMP) tendrá aproximadamente 472 kilómetros de extensión y está diseñado para transportar hasta 27 millones de metros cúbicos diarios de gas natural.

La inversión proyectada ronda los US$1.300 millones y el objetivo es que la infraestructura esté terminada hacia mediados de 2028.

El proyecto es desarrollado por un consorcio integrado por Pan American Energy, YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG, compañías que también participan en Southern Energy, la sociedad que impulsa el desarrollo de la exportación de GNL desde el Golfo San Matías.

La conexión entre ambos proyectos es estratégica.

El gasoducto será una de las arterias que permitirá transportar el gas producido en Vaca Muerta hasta la costa rionegrina, donde se proyecta la instalación de unidades flotantes de licuefacción.

Entre ellas se encuentran Hilli Episeyo y Esperanza, que tendrán la función de transformar el gas natural en GNL para facilitar su transporte marítimo hacia los mercados internacionales.

De la perforación en Neuquén al barco en el Atlántico

La importancia del San Matías debe analizarse dentro de una transformación mucho mayor.

Durante años, uno de los principales límites para el crecimiento de la producción de gas de Vaca Muerta fue la capacidad de transporte y la dificultad para colocar grandes volúmenes fuera del mercado argentino.

Ahora el esquema comienza a cambiar.

La expansión de los gasoductos, el crecimiento de la producción neuquina y los proyectos de licuefacción buscan construir una nueva cadena energética:

Vaca Muerta → gasoductos → costa atlántica → licuefacción → buques metaneros → mercados internacionales.

En ese esquema, el San Matías no es simplemente otro gasoducto. Es parte de la infraestructura que puede permitir que el gas neuquino deje de depender exclusivamente del mercado regional y tenga una salida directa hacia destinos internacionales.

La obra ya empieza a verse sobre el terreno

Mientras los tubos comienzan a abandonar las zonas de acopio, la provincia de Río Negro confirmó además el inicio de las excavaciones sobre la traza.

Es el momento en que el proyecto comienza a pasar de los planos y los anuncios a una infraestructura visible.

La combinación entre movimiento de materiales y apertura de la traza marca una aceleración de los trabajos.

Para Río Negro, el proyecto también representa una oportunidad para desarrollar nuevos servicios vinculados con la industria energética y fortalecer la infraestructura alrededor del Golfo San Matías.

Para Vaca Muerta, en cambio, el desafío es todavía mayor: construir la salida necesaria para que el crecimiento de la producción de gas pueda transformarse en exportaciones de largo plazo.

El nuevo mapa energético argentino

El avance del Gasoducto San Matías ocurre en un momento en que Argentina intenta posicionarse como un jugador relevante en el mercado mundial del gas natural licuado.

La ecuación es sencilla pero ambiciosa: más producción en Vaca Muerta, más capacidad de transporte y una infraestructura de GNL capaz de llevar ese gas a los grandes centros de consumo del mundo.

El petróleo ya encontró en buena medida su salida hacia los mercados externos.

Ahora la gran apuesta es que el gas siga el mismo camino.

Y en ese recorrido, el día en que un caño de 36 pulgadas comienza a viajar desde el puerto hacia la traza puede parecer una operación logística más.

Pero detrás de esos miles de tubos existe una apuesta mucho más grande: convertir a Vaca Muerta en una fuente permanente de gas para el mercado mundial.

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Fuente: VMO

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