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Vaca Muerta crece, pero el empleo privado cae

Mientras energía y minería muestran expansión, el empleo asalariado privado acumula una fuerte caída desde noviembre de 2023. Construcción, industria y comercio concentran buena parte del retroceso y las contrataciones se encuentran en niveles mínimos.

Vaca Muerta crece, pero el empleo privado cae

Mientras energía y minería muestran expansión, el empleo asalariado privado acumula una fuerte caída desde noviembre de 2023. Construcción, industria y comercio concentran buena parte del retroceso y las contrataciones se encuentran en niveles mínimos.

La economía argentina atraviesa una de sus principales contradicciones desde el inicio de la gestión de Javier Milei: mientras algunos sectores estratégicos, como petróleo, gas y minería, aceleran inversiones y producción, el empleo asalariado privado registrado continúa retrocediendo.

Según los datos citados en el informe, en mayo de 2026 había 6.131.500 trabajadores asalariados privados registrados, unos 144.000 menos que en mayo de 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri.

Pero el dato que más llama la atención aparece al observar la evolución desde noviembre de 2023. Desde entonces se perdieron alrededor de 241.200 empleos asalariados privados, una caída del 3,78%.

La comparación con el período contractivo de 2018-2019 resulta inevitable.

Entre abril de 2018 y noviembre de 2019 se destruyeron unos 258.100 puestos asalariados privados registrados. Desde agosto de 2023 hasta mayo de 2026, la caída acumulada alcanza aproximadamente 276.600 empleos.

El problema no está en todos los sectores

La fotografía, sin embargo, no muestra una economía homogéneamente en retroceso.

Existe una diferencia cada vez más marcada entre las actividades vinculadas al crecimiento de las inversiones y aquellas que dependen principalmente del consumo interno.

Construcción, comercio e industria manufacturera aparecen entre los principales sectores afectados.

En mayo, la construcción perdió 0,52% de su empleo registrado, el comercio retrocedió 0,34% y la industria manufacturera cayó 0,28%.

En sentido contrario, agro, ganadería y pesca lograron generar alrededor de 14.300 puestos desde noviembre de 2023.

La energía y la minería presentan una situación diferente.

Son sectores que atraviesan un ciclo de expansión productiva y de inversiones, pero todavía tienen una participación relativamente pequeña dentro del empleo privado total. Por eso, aunque Vaca Muerta genere nuevos puestos de trabajo, su capacidad para compensar la destrucción laboral de actividades intensivas en mano de obra es limitada.

Y aquí aparece una de las preguntas económicas más importantes de los próximos años.

¿Puede Vaca Muerta generar suficientes empleos para transformar la estructura laboral argentina?

La respuesta, por ahora, es que no alcanza por sí sola.

El desarrollo de petróleo y gas demanda enormes inversiones, servicios especializados, transporte, construcción de infraestructura y proveedores. Pero también se trata de una industria altamente productiva y con una utilización intensiva de capital y tecnología.

Eso significa que puede generar muchos dólares, exportaciones y actividad económica sin necesariamente crear millones de puestos de trabajo directos.

La oportunidad está entonces en el efecto multiplicador.

Cada nuevo pozo necesita equipos, arenas, químicos, transporte, mantenimiento, metalmecánica, servicios profesionales, logística, alojamiento, alimentación y una extensa red de proveedores.

El desafío argentino es convertir ese boom energético en una cadena industrial capaz de multiplicar el empleo.

El monotributo crece mientras cae el empleo privado

Otro dato permite observar una transformación más profunda.

Mientras el empleo asalariado privado permanece estancado o cae, los monotributistas aumentaron de aproximadamente 1,6 millones en 2018 a 2,2 millones en 2026.

Son unos 600.000 trabajadores más.

La diferencia no es menor.

Puede estar mostrando una economía donde una parte creciente de los trabajadores se incorpora al mercado bajo modalidades independientes, con menor estabilidad y diferentes niveles de protección respecto del empleo asalariado tradicional.

No significa que todo monotributista sea un trabajador precarizado. Pero sí muestra que la estructura laboral argentina está cambiando.

Menos empresas y menos oportunidades de contratación

El problema se vuelve todavía más complejo cuando se observa el universo empresarial.

Según los datos incluidos en el informe, durante la actual gestión se destruyeron más de 30.000 empresas, con especial impacto en comercio e industria manufacturera.

Al mismo tiempo, las contrataciones privadas alcanzaron niveles particularmente bajos.

En junio, la tasa de entrada al empleo privado registrado se ubicó en 1,6%, un nivel comparable con momentos críticos como la crisis de 2002 y la recesión de 2018-2019.

Esto genera un problema adicional.

No solamente se pierden puestos de trabajo: también se reducen las posibilidades de reemplazarlos.

Cuando una persona pierde un empleo registrado en un mercado donde las empresas contratan poco, el tiempo necesario para volver a ingresar al sector formal puede extenderse.

El dato que preocupa: aumentan los despidos

La evolución de las desvinculaciones agrega otra señal de alerta.

Durante junio aumentaron los despidos y, tomando el promedio móvil de tres meses, su participación sobre el total de bajas alcanzó el nivel más elevado de la gestión Milei.

Esto plantea una diferencia respecto de las primeras etapas del proceso de ajuste.

Ya no se trata solamente de una economía con pocas contrataciones.

La combinación de baja creación de empleo y mayor peso de los despidos puede terminar consolidando un mercado laboral mucho más cerrado.

La paradoja de Vaca Muerta

Argentina tiene hoy una oportunidad que hace pocos años parecía lejana.

Vaca Muerta produce petróleo y gas a niveles récord, las exportaciones energéticas crecen, avanzan grandes oleoductos y gasoductos y empresas internacionales anuncian inversiones de miles de millones de dólares.

Pero el desafío no termina en sacar más barriles o exportar más moléculas.

La verdadera prueba será cuánto de esa riqueza logra transformarse en empleo, industria, proveedores nacionales, mejores salarios y desarrollo regional.

Neuquén ya muestra lo que puede ocurrir cuando una actividad energética crece a gran velocidad: aumenta la demanda de trabajadores, transporte, viviendas, servicios, comercios e infraestructura.

El próximo paso para la Argentina debería ser lograr que ese fenómeno no quede concentrado únicamente en Vaca Muerta.

El petróleo puede generar dólares. El desafío es convertir esos dólares en desarrollo.

Y esa será probablemente una de las grandes discusiones económicas de los próximos años: si el boom energético argentino logra convertirse en un verdadero motor de empleo y desarrollo productivo o si termina siendo una isla de alta productividad dentro de una economía con dificultades para generar trabajo formal.

Fuente: VMO

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